Nació en Dieppe el 15 de agosto de 1892 y es el más joven de la rama primogénita de la ilustre familia ducal que ha dado a Francia mariscales, hombres de Estado y escritores.
Bachiller en matemáticas y en filosofía en 1909, licenciado en letras (historia) en 1910, estaba destinado a la diplomacia por su familia. Pero bajo la influencia de los libros de Henri Poincaré se inclinó a la física, licenciándose entre 1911 y 1913 en esta disciplina que era su verdadera vocación.
El servicio militar y la guerra mundial más tarde le distrajeron de sus estudios. Después de la desmovilización asiste asiduamente al laboratorio de rayos X fundado y dirigido por su hermano Maurice, que ejerce sobre él una notable influencia, contribuyendo a proporcionarle aquel-espíritu experimental que falta a tantos teóricos.
Sus primeras notas a la Académie des Sciences (1920-21) se refieren especialmente a la espectroscopia de los rayos X. Pero su afición se concentra pronto sobre un problema fundamental. La orientación decisiva dada en 1905 por Einstein a las ideas quantísticas le habían interesado profundamente.
Con los «quanta» de luz (fotones) volvía a la teoría de la luz la noción de la emisión corpuscular. Broglie admite resueltamente el dualismo de ondas y corpúsculos y generaliza este dualismo extendiéndolo a la materia. Algunas consideraciones matemáticas (analogía formal de la mecánica analítica y de las teorías ondulatorias) refuerzan su intuición.
Bruscamente, a finales del verano de 1923, se cristalizan sus ideas. En tres notas a la Académie des Sciences (septiembre-octubre de 1923) pone las bases de la mecánica ondulatoria y al año siguiente reúne los resultados de sus investigaciones en una tesis de doctorado, Recherches sur la théorie des quanta, en la que desarrolla una vasta síntesis de las ondas y de los corpúsculos, comprendiendo y reuniendo la física de la materia y de la luz.
Preveía, en efecto, para todos los corpúsculos, incluso para los materiales como el electrón, la existencia de una onda asociada, formulaba su longitud y sugería la posibilidad de una verificación experimental. Langevin envió una copia de la tesis a Einstein, el cual respondió afirmando que el autor «había levantado un borde del gran velo». En 1926, Schrödinger precisaba la forma matemática de la mecánica ondulatoria y daba su ecuación de propagación.
En la primavera de 1927 llegaba la confirmación mediante la experiencia: Davisson y Germer en Nueva York, y G. P. Thomson en Inglaterra habían obtenido difracciones de electrones comprobando así las previsiones conceptuales y numéricas de Broglie sobre la analogía total de la materia y la luz. El premio Nobel consagraba en 1929 esta sanción de la experiencia.
Desde la fundación del Instituto Henri Poincaré (Facultad de Ciencias de París), fue encargado Broglie de un curso de teorías físicas. Esta obra de enseñanza, comenzada en noviembre de 1928, subsiste todavía y ha dado origen a una serie de trabajos magistrales, el primero de los cuales es la Introducción al estudio de la mecánica ondulatoria (1930).
De su obra de profesor ha nacido también la teoría de la luz conocida con el nombre de «teoría del fotón de Broglie». Tomando como punto de partida recientes trabajos del inglés Dirac, construía un sistema que, a diferencia de los anteriores, daba cuenta del conjunto de los fenómenos corpusculares y ondulatorios debidos a la luz o más en general a las radiaciones.
De sus cursos siguientes nacieron los tres volúmenes De la mecánica ondulatoria a la teoría del núcleo (1943-46), Optique électronique ou corpusculaire (1946- 50) y Problèmes de propagation guidée des ondes électromagnétiques (1941), que resumen los trabajos sobre las ondas ultracortas de los que había sido encargado durante la guerra, desde 1939 hasta 1940.
Pero existe todavía un orden de investigaciones al que aplica Broglie en estos últimos años todos sus esfuerzos. Se trata de la interpretación de la mecánica ondulatoria y del sentido que hay que dar al dualismo ondo-corpuscular que aquélla había generalizado.
En 1927 había hecho Broglie una última tentativa para conferir a esta interpretación un sentido clásico, con la representación rigurosa de los fenómenos en el espacio-tiempo. Un artículo (Journal de Physique, mayo de 1927) llevaba bastante adelante la tentativa (teoría de la doble solución de la ecuación de las ondas), pero en el famoso congreso Solvay, en octubre de 1927, prevalecieron las ideas opuestas de Bohr, Born, Hisenberg y Pauli, impulsando la física atómica hacia aquella doctrina probabilística, «indeterminista», que, cada vez más dogmática, se ha convertido en ortodoxia para la mayor parte de los actuales teóricos, a excepción de Einstein y de Schrödinger.
El mismo Broglie la adoptó convirtiéndose en uno de los más brillantes representantes de la nueva tendencia, en la enseñanza y en los libros. A finales de otoño de 1951, dos jóvenes teóricos, D. Bohm (Princeton) y J. P. Vigier (París), adoptaron de nuevo sus ideas de 1927 (la teoría de la doble solución) y le incitaron a desarrollarla.
Tras un período de vacilación Broglie ha profundizado cada vez más su punto de vista clásico y ha aportado a su «Memoria» de 1927 progresivos mejoramientos. Si la teoría obtuviera una formulación puramente matemática y lograra superar los últimos obstáculos, podría sin duda mostrarse eficaz en la teoría del núcleo, dar razón de la estructura de las partículas complejas: en resumen, constituir la «verdadera microfísica del porvenir» y asegurar el vínculo existente entre la relatividad general y los «quanta», que es tan necesario pero que ninguna tentativa ha sabido establecer hasta ahora.
Los mayores honores han acompañado la magnífica carrera de Broglie Al premio Nobel siguió lii, su elección para la Académie des Sciences, y el secretariado perpetuo de la misma Académie: posteriormente, su elevación a la Académie Française, en 1944.
Broglie ha vuelto a establecer en el país de Laplace, de Ampère y de Poincaré el gran pensamiento físico que parecía haber desaparecido de Francia. Excelente escritor, pensador e historiador, clásico de tendencias y de expresión, su vida y su obra hacen de él una de las más altas y más puras figuras francesas de su época.
A. Guzzo

