Nació el 22 de septiembre de 1680 en Hamburgo, donde murió el 16 de enero de 1747. Poeta del barroco final alemán, él mismo, al narrar su vida en una árida biografía, se presenta como un hombre cuyas características más destacadas son la pedantería y el ansia de frecuentar, aunque burgués, los nobles y las cortes.
Ni tan sólo en la escasa medida en que lo poseyó cabría sospechar en él un espíritu poético; sin embargo, su labor ejerció una marcada influencia en las letras y la sensibilidad de la época. Era hijo de un acaudalado comerciante muerto aún joven en 1694, y en su niñez, libre de una severa disciplina de estudio, fue alentado por la madre en sus aficiones al dibujo, la música y la poesía.
A los veinte años se matriculó en la Universidad de Halle para graduarse en leyes; no obstante, prefirió dedicar a viajes por alemania, Suiza, Francia y Holanda el tiempo que hubiera debido consagrar a los códigos y a las pandectas.
Estuvo asimismo en Italia, donde visitó Venecia, Siena, Florencia, Liorna y Turin. Sin embargo, nada parece haber visto ni anotado, como puede inferirse de su Autobiographie, publicada con carácter póstumo en 1847. Con todo, había aprendido el italiano, y tradujo servilmente La degollación de los inocentes, de Marino.
Durante estos viajes pudo afinar su gusto por el arte y las amistades elevadas. Mientras se encontraba en Holanda fue llamado por su madre, que había quedado sola tras la muerte de una hija; Brockes apresuróse entonces a terminar sus estudios en Leyden, y en 1704 volvió a Hamburgo. En la activa ciudad hanseática persistió en sus aficiones, y no se ocupó sino de música, literatura y colecciones de cuadros; al mismo tiempo, trataba de casarse ventajosamente y de obtener cargos estatales.
Durante este refinado ocio revelóse poeta en una composición para la boda de un amigo, a la que siguió un oratorio titulado Jesús martirizado y agonizante por los pecados del mundo [Der für die Sünden der Welt gemarterte und sterbende Jesus], al cual puso música Händel.
Percatóse luego, según él mismo confesó, de que «la poesía, cuando no persigue una finalidad concreta y útil, solamente es un huero juego de palabras que no merece gran atención», y resolvió «escoger como tema de su labor poética lo que pudiera edificar y deleitar dignamente a los hombres». Tales proyectos dieron lugar a la colección El placer terreno en Dios (v.), que le valió la admiración entusiasta de los contemporáneos.
Vio también satisfechas sus restantes ambiciones: casóse con una rica muchacha en 1704, obtuvo importantes cargos y recibió honores de nobles y príncipes. Nombrado consejero en 1720, formó parte de numerosas misiones diplomáticas; además, sirvió en la administración de justicia y gobernó el distrito de Ritzebüttel. En 1700 un diploma del príncipe Günter von Schwarzburg le confirió el título de conde palatino en premio a sus merecimientos.
M. Spagnol

