Otelo, el Moro de Venecia, William Shakespeare

[Othello, the Moor of Venice]. Tragedia en cinco actos, en verso y en prosa, de William Shakespeare (1564-1616), escrita hacia 1604 y probable­mente representada el mismo año; se pu­blicó en 4.° en 1622, en folio en 1623 y nuevamente en 4.° en 1630 y en 1655.

El texto de la primera edición en 4.° presenta nota­bles diferencias con la de 1623, hasta el extremo de que quedó justificada la hipó­tesis de que los editores utilizaron manus­critos distintos; por ello el texto se esta­blece teniendo en cuenta ambas ediciones.

La fuente es la séptima novela de la tercera década de los Hecatómitos (v.) de Giovan Battista Giraldi Cintio, con la diferencia de que el capitán moro y el alférez carecen de nombre en Giraldi.

Se ha emitido una hipótesis identificando el moro con el pa­tricio Cristoforo Moro, que fue lugarteniente en Chipre, en 1508, y que perdió su mujer en el viaje de regreso a Venecia; otros auto­res creen que se trata del «capitán moro» (en realidad un italiano del sur), Francesco da Sessa, que fue condenado a galeras por los Rectores de Chipre, a fines de 1544 o principios del año siguiente, en Venecia, por un delito no especificado. No se sabe con certeza si Shakespeare se valió del ori­ginal italiano o bien de la traducción fran­cesa de Gabriel Chappuys, publicada en París en 1584.

El moro Otelo (v.), general al servicio de Venecia, ha conquistado el amor de Desdémona (v.), hija del senador veneciano Brabantio, relatándole sus gestas y los peligros por los que pasó; y luego se ha casado con ella.

Por esto Brabantio le acusa ante el Dux de haber hechizado y raptado a su hija. Pero Otelo explica de qué manera conquistó lealmente el corazón de Desdémona, y ésta confirma su relato. Entre tanto llega la noticia de que es inmi­nente un ataque turco contra Chipre, y se pide la colaboración de Otelo para recha­zarlos.

Brabantio, de mala gana, cede su hija al moro, que inmediatamente marcha con ella a Chipre. El alférez Yago (v.), que ha sido sustituido en el cargo de lugarte­niente por Casio, siente un odio profundo hacia Otelo; Yago ha oído rumores de que el moro ha yacido con Emilia, su esposa y camarera de Desdémona.

En un primer momento Yago logra desacreditar a Casio ante Otelo, haciéndole emborracharse y turbar la paz pública, ayudado por Rodrigo, que ama, sin ser correspondido, a Desdé- mona. Casio, privado de su grado, es indu­cido por Yago para que ruegue a Desdé- mona que interceda en favor suyo; simul­táneamente Yago hace nacer en el ánimo de Otelo la sospecha de que su esposa le engaña con el desgraciado lugarteniente.

Y la intercesión de Desdémona en favor de Casio parece confirmar sus sospechas y crea en el moro unos furiosos celos. Yago se las ingenia para que un pañuelo que Otelo le había dado a Desdémona como preciosa prenda, pañuelo recogido por Emilia cuan­do su señora lo había perdido, sea hallado en poder de Casio.

Otelo, cegado por los celos, ahoga a Desdémona en su lecho. Poco más tarde, Casio, al que Rodrigo había de dar muerte por instigación de Yago, es ha­llado herido. Pero a Rodrigo, herido por Yago para evitar que su plan sea descu­bierto, le hallan unas cartas que prueban la culpabilidad de Yago y la inocencia de Casio.

Otelo, fulminado por el descubri­miento de haber dado muerte a su inocente esposa, y tras haber hallado, con motivo del derrumbamiento de su mundo, su lucidez mental, se mata estoicamente para castigar­se.

Esta tragedia, cuyo tema dominante lo constituyen los celos, está tan hábilmente construida y arrebata de tal modo la aten­ción que, a menos de que se haga un frío y minucioso examen, no se nota la impro­babilidad de muchos elementos, las contra­dicciones en la psicología de los distintos personajes y una incurable inconsistencia en la duración de la acción.

Los críticos se han esforzado en solucionar las distintas dificultades que presenta el drama. La más grave de ellas es la duración de la acción: desde el desembarco de Desdémona y de Otelo en Chipre hasta la catástrofe final solamente transcurren treinta y seis horas; en cambio, muchas circunstancias requieren que la acción tenga un desarrollo más largo y dure al menos algunas semanas.

Se ha intentado conciliar esa evidente incongruen­cia de varias maneras, por ejemplo, supo­niendo que la acusación de Yago contra Desdémona se refiera a una época anterior a su llegada a Chipre, puesto que durante la estancia en Chipre no habría habido ma­terialmente tiempo para esos supuestos amoríos. Pero esta explicación se opondría a lo que Yago dice de Desdémona; así, en el tercer acto (3,230 ss.) la infidelidad de Desdémona se atribuye a un período poste­rior a la pasión que ella sintió hacia el moro, que había durado hasta poco tiempo antes; que durante el noviazgo ella habría estado completamente arrebatada por su morboso apetito hacia un hombre de color.

Por consiguiente, según las palabras de Yago, la infidelidad habría tenido lugar en una época recentísima. También se aprecian contradicciones en el carácter de Otelo; además, Desdémona nos parece demasiado obtusa para no darse cuenta de que Otelo está celoso, cuando recomienda a Casio en el momento menos oportuno, y, más tarde, cuando ya se ha dado cuenta de los celos que siente su marido, al no tratar de des­cubrir el motivo de ellos y de tener inme­diatamente una explicación con él.

Tam­bién los demás personajes pueden parecer tontos engañados por Yago. Pero las con­fusiones y contradicciones en la psicología de los personajes, así como soluciones de continuidad entre sus caracteres y la ma­nera que tienen de obrar, estaban en el orden del día en el teatro elisabetiano, que contaba con efectos’ de perspectiva que in­evitablemente implicaban deformaciones que no podían apreciarse en la representación.

Y precisamente en este aspecto este drama de Shakespeare es quizás uno de los más lúcidos y clásicos del autor, lo cual explica su éxito en el continente; Zaira (v.), de Voltaire, en la que el personaje Orosmane está calcado de Otelo, es la primera adap­tación francesa de la obra shakesperiana.

Tragedia meridional por la pasión que cons­tituye su argumento (sin que, por este mo­tivo pretendamos, como hizo Schlegel, ver en el drama un intento de estudio cultural y ambiental, según el cual Otelo vendría a ser la tragedia del bárbaro mal asimilado), es la que con más frecuencia se ha repre­sentado en Italia, dando lugar a interpreta­ciones famosas (Tommaso Salvini, Ermete Novelli, Ermete Zacconi); en cambió la mentalidad inglesa y puritana, el tema siem­pre le ha parecido más bien repelente, y por ello, en época reciente, el público seguía con morbosa atención la interpretación que el negro Paul Robeson hacía del personaje.

Tragedia acuciante y que no da respiro acerca de una criatura inocente empujada a una muerte atroz en una habitación en el fondo de una fortaleza; un hecho de crónica negra que Shakespeare rodea con toda la riqueza verbal y la sutilidad conceptual de un seiscentista. Entre las frases de este drama que han pasado a ser proverbiales recordemos: «Llevaré mi corazón sobre la manga» («I will wear my heart upon my sleeve», I, 1, 64); «una experiencia anterior» («a foregone conclusión», III, 3, 428, fra­se que en general suele entenderse en el sentido dé decisión tomada antes de haber apreciado los elementos del juicio; prejuicio, resultado fácil de prever); «uno que amó no sabiamente, sino demasiado bien» («one that loved not wisely but too well», V, 2, 344). También es famosa la canción del sau­ce, que Desdémona canta en la tercera es­cena del cuarto acto: «La pobre criatura estaba sentada, suspirando, junto a un sicó­moro: cantad todos a un verde sauce» («The poor soul sat sighing by a sycamore tree, Sing all a green willow»). [Trad. de Luis Astrana Marín en Obras completas (Madrid, 1933)].

M. Praz

Después del Edipo de Sófocles, ningún drama puede ejercer sobre nuestras pasio­nes mayor influencia que el Otelo, el Rey Lear y el Hamlet. (Lessing)

Shakespeare es un salvaje con chispas de genio que brillan en una noche horrible. (Voltaire)

No sé si ha habido jamás otro hombre que haya echado miradas más profundas en la naturaleza humana. (Chateaubriand)

Shakespeare, gran maestro del corazón hu­mano. (Verdi)

El sentido de la vida empieza a revelarse en Shakespeare: el milagro desaparece, el Hado es el hombre. (De Sanctis)

En Otelo hay dos acciones que no sólo van acompañadas sino que se engendran recíprocamente: la del verdadero y autén­tico drama fatal y la de la comedia de in­triga. (Gundolf)

Otelo logra transformarse en un perso­naje patético, adoptando una actitud más estética que moral, dramatizándose frente al ambiente. Conquista al espectador, pero el motivo humano consiste primeramente en conquistarse a sí mismo. No creo que ningún otro escritor haya expuesto jamás este «bovarismo» (la voluntad humana de ver las cosas como si se tratara de un sueño) de una manera más clara que Shakespeare. (T. S. Eliot)

En Shakespeare cuando más llamea la pasión, más patética e imprecisa viene a ser la palabra. La imagen desemboca en la imagen, el pensamiento en el pensamiento, hasta que, al final, se revela un estado de ánimo informe y fundido que se abre ca­mino en la oscuridad de una vasta tempes­tad de palabras. (Strachey)

El hombre que escribió Otelo era capaz de expresar con palabras todo aquello que es materialmente posible hacerle expresar a la palabra. (A. Huxley)

Otello Ossia il Moro di Venezia, Gioacchino Rossini

Basándose en el argumento de la tragedia de Shakespeare, Gioacchino Rossini (1792- 1868) compuso una ópera en tres actos, titulada Otello ossia II Moro di Venezia [Otelo O’El moro de Venecia], que fue es­trenada en Nápoles en 1861.

El libreto, de Francesco Berio di Salsa, disfraza y desfi­gura el drama, sustituyendo las escenas poéticas del original por situaciones conven­cionales, no acertando en la representación de los caracteres.

Sólo en el tercer acto sigue fiel al original, y precisamente en éste la música es mejor. En los dos primeros actos, Rossini a menudo escribe música trivial; sólo en algunos puntos su rica fan­tasía logra librarse de la pobreza del libreto (en el duetto éntre Desdémona y Emilia, en el que tiene lugar entre Yago y Otelo, en el «Andante» del «Final I» y en el del «Final II»).

En cambio, el tercer acto está a la altura de Shakespeare: el canto del gondolero (basado en las palabras dantescas «Nessun maggior dolore») y la romanza del sauce, llenos de un colorido angustioso y romántico, pueden contarse entre las me­jores creaciones de Rossini.

El duetto final entre Otelo y Desdémona queda estropeado por la interpolación del «crescendo» orques­tal que el autor había escrito para el aria de la «Calunnia» del Barbero de Sevilla (v.); aquí debía servir para comentar el furor de Otelo, pero, naturalmente, está dema­siado ligado a aquella figura cómica para que en este caso sólo sea algo desentonado.

M. Dona

Osome Hisamatsu Tamoto No Shirashibori, Ki-no-Kaion

[Osóme y Hisamatsu, o las mangas empapadas de lágrimas]. Drama ja­ponés en tres actos, escrito para el teatro de marionetas por Ki-no-Kaion (1663-1742) y representado en 1711 en Ōsaka. La trama fue inspirada por un suceso ocurrido en Ōsaka un año antes.

Osóme, hija del pro­pietario de un gran almacén de aceites, está prometida a un hombre al que ella no ama, pues está enamorada del joven Hisamatsu, que la quiere también. Un día la madre de la muchacha, que trata de impe­dir el matrimonio, ruega al adivino Hōin que haga un presagio adverso para la pró­xima boda.

Pero en aquel momento llega el padre, que, sin escuchar las palabras de su mujer, pide a Hōin que repita la pre­dicción, que esta vez resulta favorable. El padre, adivinando los sentimientos que su hija abriga hacia Hisamatsu, maltrata a este último.

También Hōin trata de deshacer es­tas relaciones. Entonces los enamorados se van en peregrinación al templo de Jizō (di­vinidad budista), durante la cual se dan cuenta, con dolor, de que su historia se ha difundido ya por toda la ciudad; además, vueltos a casa, tienen ambos un sueño de mal augurio.

Entretanto, de parte de la familia del prometido, llegan a buscar a Osóme, la cual, cuando lo ordenan los. pa­dres, parte de mala voluntad. Llega tam­bién del campo el padre de Hisamatsu, que se encoleriza contra su hijo por su amor ilícito, y le persuade a que se vaya con él a casa.

Pero el joven, decidido a morir, se retira al depósito con la pluma, tinta y pa­pel para escribir, en tanto que Osóme, de­seosa de morir también, vuelve corriendo, como atraída por un oscuro presentimiento; así los dos enamorados mueren juntos, uno dentro y el otro fuera del depósito.

La im­portancia de la obra radica en ser la primera entre los «joruri» (dramas para el teatro de marionetas) que trata de la historia de Osóme e Hisamatsu, estableciendo la ver­sión literaria del hecho, versión adoptada después por las obras posteriores que. tra­taron el mismo argumento.

Y. Kawamura

Oseas

[Hosha’a (Ayudador)]. Li­bro del Antiguo Testamento (v. Biblia), atribuido a Oseas, profeta menor que vivió entre 780 y 730 a. de C.

El libro precede, en el texto de la Vulgata, a los demás pro­fetas menores, probablemente por la exten­sión de su profecía. Según parece, Oseas profetizó sólo en el reino de Samaría, del que conocía bien la situación moral, reli­giosa y política.

A pesar de esto reprobó también a Judá sus pecados y le anunció severos castigos. El concepto de las relacio­nes entre Dios y su pueblo bajo el símbolo de la unión conyugal, aparece por primera vez con Oseas, exceptuando el Cantar de los Cantares (v.); después de él ese tema reaparecerá muy a menudo.

Políticamente, Oseas es contrario a cualquier alianza ex­tranjera. El libro comprende catorce capítulos, y se divide en dos partes. En la pri­mera (I, l-III, 5) está expuesta en forma simbólica la infidelidad de Israel y son anunciados su castigo y su salvación en un presagiado retorno a la unidad nacional.

En la segunda (V, 1-XIV, 10) se interpela directamente al pueblo con reprobaciones, amenazas y promesas. En general los cató­licos y los protestantes atribuyen el libro al propio Oseas; hay quien exceptúa aquellos versículos en que se menciona a Judá (I, 11-IV, 15) porque se los supone como aña­diduras posteriores, pero esa hipótesis se apoya en argumentos de poco valor.

Este libro está citado en San Mateo (II, 15-IX, 13), en San Lucas (XXIII, 30), en la Epís­tola a los Romanos (X, 125). Oseas tiene un alma sentimental en vivísimo contraste con el alma cruda y turbulenta de sus conciu­dadanos.

El conflicto psicológico que lucha dentro de él queda reflejado en sus pala­bras. La frase cae a menudo sin ilación, la idea se encabalga en la idea; las imágenes se entrechocan y precipitan impensada­mente. Esta fragmentación de la frase es original a veces por sus inesperados efectos y se une a menudo con la aliteración.

A veces nos sentimos, leyéndolo, en un clima de tragedia, como en el capítulo VIII; otras, una improvisada serenidad nos rodea, por ejemplo en el capítulo XI, en que parece presentirse el dicho de San Juan «Dios es Amor».

En este onceno capítulo la idea mesiánica se colorea de magníficas y repo­sadas tintas campestres a los ojos del pro­feta, que contempla la hora del amor de Dios con su pueblo en el perfume de una eterna primavera oriental.

G. Boson

Osmán, Ivan Gundulic

Poema romántico en veinte can­tos de Ivan Gundulic o Giovanni Gondola (1589-1638). Los cantos XIV y XV, que el poeta no compuso, han sido escritos magis­tralmente por Ivan Mazuranic, autor del poemita La muerte de Smail-aga cemgic.

El poeta ragusano quería traducir al croa­ta la Jerusalén libertada (v.), pero la de­rrota del sultán Osmán II en Polonia le inspiró la idea de escribir un poema para celebrar la victoria de las armas cristianas, Para vengarse de las correrías de los cosa­cos, Osmán II salió en 1621 contra los pola­cos, acampados junto a Chocim al mando de Carlos Hotkiewicz, en tanto que el hijo del rey Segismundo, Vladislao, que mandaba las tropas junto a Kameniek, no pudo tomar parte en el combate, por hallarse enfermo.

La heroica defensa de los polacos y la rebe­lión de los jenízaros obligaron a Osmán II a pedir el armisticio y volverse a Constantinopla, donde al año siguiente fue estran­gulado por los jenízaros de Mustafá Dautpachá, que devolvieron el trono al ex sultán Mustafá.

El príncipe Vladislao, festejado por todo el mundo cristiano, fue acogido en Roma con grandes honores por el papa Urbano VIII, en tanto los Gondola tuvieron el honor de hospedar, en su palacio de Ancona, al príncipe polaco cuando se dirigía a Loreto. Las tres heroínas del poema, inventadas por el poeta, son So’kolica, amante del sultán Osmán; Krunoslava, que llevó a cabo empresas heroicas por libertar a su prometido Korevski (personaje histórico, dos veces prisionero de los turcos, que mu­rió en la prisión en 1622); Suncanica, hija del ciego Ljubdrag, descendiente de los dés­potas serbios.

Entre otros episodios, están el viaje de Kislar-Aga que recorría el imperio para proveer de bellas muchachas el harén del joven Osmán, el viaje de Ali-Pachá, que va a Varsovia a firmar la paz con los polacos, la rebelión del infierno contra el mundo cristiano, que celebra el primer ani­versario de la batalla de Chocim, en la que el infierno fue el derrotado, según dice Lu­cifer, y no los turcos. En vano el infierno desencadenó la lluvia, la nieve, el frío, el hielo, el hambre, la peste, contra los pola­cos que, asistidos por las armadas celestes, consiguieron una gran victoria.

Los despo­sorios de Vladislao con Cecilia Renata, que consolidará la alianza entre las casas reinantes de Polonia, Austria, Hungría y Es­paña, serán una nueva amenaza para los turcos. Para que no se logre la paz con los polacos, el infierno levanta a los sacerdotes turcos, a los jenízaros, a las damas de la corte del sultán, que, intrigantes como to­das las damas cortesanas, dice el poeta, son las mejores aliadas del diablo. El poema histórico romántico de Gundulic recuerda con frecuencia los méritos y los defectos de la obra maestra del Tasso.

Es una de las obras mejores de la antigua literatura ragusana, a la que el poeta proveyó de nuevas formas lingüísticas y métricas, introducien­do en su obra maestra la estrofa de cuatro Octosílabos en lugar del dístico dodecasí­labo, usado hasta entonces. Gundulic, el más grande poeta de la contrarreforma ca­tólica entre los eslavos meridionales, supera también el patriotismo local, expresado en su Dubravka (el mejor drama pastoril ragusano), ya que en el Osmán abraza la causa de todo el mundo cristiano, desde Serbia a Polonia, unido en la guerra contra la bar­barie del Islam.

U. Urbani