Muhammad ibn Muhammad al-‘Abdarī

Eminente geógrafo n. en Valencia, del que se desconocen las fechas de su nacimiento y muerte; floreció a fines del s. XIII y prin­cipios del XIV.

Su obra famosa es Rihla al-magribiyya (v.), en la que describe con ele­gancia, aunque con cierto rebuscamiento, su viaje de peregrinación a La Meca. Dicha obra está en el Códice 1733, y la publicó en 688 de la hégira (año 1289).

Cherbonneau, célebre orientalista francés (1813- 1882), cita seis ejemplares de la referida obra, a saber: el de Leiden; el del Escorial; el de la mezquita de Azzeituna, en Túnez; el de la biblioteca de M. Martin, y el de su colección particular.

J. R. Manent

‘Abd Al-Malik Marwān

Nacido en 352 de la hégira (963 d. C.) y m. en 400 (1009). Fue un príncipe omeya bisnieto del gran califa ‘Abd al-Rahmān III, que tuvo nume­rosa descendencia, en la que se dieron bue­nos poetas.

Se le ha dado el sobrenombre de al-Šaríf al-Talīq (el Príncipe amnistia­do). Los cuarenta y ocho años de su exis­tencia se ofrecen curiosamente divididos en tres etapas de dieciséis años cada una, si iguales en el tiempo, totalmente diferencia­das a causa del drama que presidió su vida.

Según su biógrafo al-Dabbi, nuestro poeta era a los dieciséis años un hermoso joven que estaba intensamente enamorado de una esclava con la que su padre le había criado y le tenía destinada, pero que, cambiando de parecer, se reservaba ahora para sí.

Ob­cecado por los celos, el joven mató a su pro­genitor, por cuyo delito fue encarcelado por orden de Almanzor; esto ocurría en el año 368 de la hégira (978 d. J. C.).

En la cárcel fue donde nuestro autor escribió la mayor parte de su producción poética, casi toda del género erótico y descriptivo; allí trabó amistad con otro poeta, Abū ‘Abd Allah Muhammad b. Maruel al-Gassani al- Rachani, encarcelado éste por heterodoxo.

En un principio, las relaciones entre ambos poetas fueron muy cordiales y ello mitigó los rigores de su situación, pero más ade­lante disintieron por razones de ética y acabaron odiándose mutuamente hasta el punto que su forzada compañía les resul­taba insoportable.

De ambos han quedado poesías en las que se zaherían uno a otro cruelmente. Acerca del por qué fue amnis­tiado a los dieciséis años de su encarcela­miento nos llegan dos leyendas: según una de ellas, Mahoma se apareció en sueños a Almanzor y le ordenó el perdón del príncipe poeta; según la otra, Almanzor tenía en el jardín de su palacio un avestruz amaestrado al que un día echaba los memoriales de diversas peticiones que había recibido y que ni quería leer; el ave devoró uno tras otro los papeles menos uno que devolvió con su pico al regazo de su dueño; extra­ñado el gran caudillo por el proceder de su avestruz, leyó el contenido del memorial, que resultó ser la petición de gracia que le dirigía nuestro poeta, al cual perdonó de­volviéndole la libertad, y de aquí le vino el apodo Talīq al-Naama, o sea «el Am­nistiado por el Avestruz», año 384 de la hégira (994 d. J. C.).

Obtenida su libertad, recobró su rango rodeado de las leyendas que se habían creado alrededor de las dra­máticas vicisitudes de su vida. Fue poeta brillante y fecundo (v. Diwan), cuyo estilo sería, sin embargo, pronto superado. Dejó una numerosa descendencia, y entre ella figuró otro ilustre poeta: al-Asamm al-Marwán al-Talíq.

J. R. Manent

‘Abd Al-Haqq Hämid

Nacido el 5 de fe­brero de 1852 en Bebek del Bosforo, m. el 13 de abril de 1937. Es una de las voces más originales de la moderna literatura turca.

En su juventud vivió en Estambul, y entró en la carrera diplomática. Formó parte, como funcionario de la Sublime Puerta, de numerosas misiones en India, Cáucaso, Lon­dres y París. Vuelto a Estambul, y después del derrocamiento del sultanato otomano, fue elegido diputado de la Gran Asamblea Nacional.

Aprendió en su patria la cultura islámica, de inspiración árabe y persa, y conoció en el extranjero las literaturas oc­cidentales, a cuya influencia se rindió. Maestro en el manejo de la lengua y en el estilo, dotado de un temperamento poético que se caracteriza por una vena de roman­ticismo y de humanidad desconocida en la literatura turca, dio a ésta una obra maestra lírica, sentida y sincera, en el poemita Maqber (v.), en el que llora la muerte de su joven esposa Fátima, ocurrida durante un viaje de regreso a la patria.

Entre los turcos es famoso también por sus dramas de tema histórico o patriótico (Tarik, Eshber, Nesteren, etc.), de ambiente oriental, y que evocan los grandes acontecimientos de la historia del Islam, de Oriente y de Andalucía.

E. Rossi

Abū ‘Abd Allāh Muhammad ibn al-Abbār

Nacido en Valencia en el año 595 (1198) y m. en Túnez en el 658 (1260). Nombrado Cátib. desempeñó su cargo en Calatayud y en Túnez, de donde regresó a Valencia, ciu­dad que abandonó cuando se apoderaron de ella los cristianos.

Vuelto a Túnez, Abū Zakariya le dio el empleo de redactor de car­tas y diplomas regios. Enemistado con el sultán, fue destituido de su cargo y encar­celado. Durante su cautiverio escribió un libro titulado Restitución de la gracia a los cátibs, que le valió el perdón real y la res­titución de su cargo.

Muerto Abū Zakariya, le sucedió en el trono su hijo Almostancir, que nombró wazir a nuestro autor; pero comprometido éste en una conspiración con­tra el califa y habiéndosele descubierto escritos contra el soberano, fue condenado a ser azotado, muerto a lanzazos y a que su cabeza apareciera en público colgada de una percha. Otras obras: Complemento del Kitab al-sila (v.) y Hulla al-siyarā’ (v.).

J. R. Manent

Abbād de Ronda (Abū ‘Abd Allāh Muhammad ibn)

Nacido en Ronda en el año 733 de la hégira (1371 de J. C.). Era hijo de una de las más nobles familias de la ciudad, rica y poderosa, y de acendrado espíritu religio­so.

Su padre, Abū Ishāq Ibrahim, gran ora­dor sagrado, desempeñaba el cargo de pre­dicador en la mezquita. Su tío era cadí de la ciudad.

Entre ambos, padre y tío, cuida­ron de la primera enseñanza de A. de R., la cual consistió, como ocurría en todo el Islam, en el conocimiento del Alcorán, que el niño ya podía recitar de memoria a los siete años.

Le imbuyeron una educación es­piritual refinada en un ambiente de pureza, castidad y continencia que A. de R. con­servaría en toda su integridad a través de su vida ejemplar.

Ya joven, este autor pasó diversas temporadas en Fez, Tremacén y Salé para ampliar sus estudios con los más destacados profesores de cada disciplina.

Después, tras una breve estancia en su ciu­dad natal, este poeta se trasladó a Fez para ocupar los cargos de imán y jatib en la mez­quita de Qarawiyyin, donde permanecería todo el resto de su vida de perfección, du­rante la cual no se casó ni tuvo esclavas concubinas pese a que su religión lo con­sentía.

Atraído por su fama de santidad, el sultán Abū-l-Abbās le guardó toda clase de honores, que le acompañaron hasta su muer-te, acaecida a los cincuenta y nueve años de edad, en el año 792 de la hégira, o sea en 1389 de J. C. Sus contemporáneos lo tuvieron por santo, y debido a ello, el día de su entierro quedaron desiertos todos los barrios de Fez, pues todo el mundo, con el Sultán a la cabeza, quiso asistir a las hon­ras fúnebres.

Era fama que había vivido solo y que él mismo, sin criados, había aten­dido a los quehaceres domésticos. Su obra capital es Comentario a las «Sentencias de IbnAtā ’Allāh de Alejandría» (v.), que con­siste en un manual para la vida ascética y mística.

También es famosa su correspon­dencia mantenida en calidad de preceptor espiritual y que se conserva en la biblioteca de El Escorial. Fue un profundo y exquisito poeta místico, al que sus biógrafos atribuyen ochocientos versos en metro «rayaz». Algu­nos ven cierto parecido entre este autor y San Juan de la Cruz.