‘Abd Al-Malik Marwān

Nacido en 352 de la hégira (963 d. C.) y m. en 400 (1009). Fue un príncipe omeya bisnieto del gran califa ‘Abd al-Rahmān III, que tuvo nume­rosa descendencia, en la que se dieron bue­nos poetas.

Se le ha dado el sobrenombre de al-Šaríf al-Talīq (el Príncipe amnistia­do). Los cuarenta y ocho años de su exis­tencia se ofrecen curiosamente divididos en tres etapas de dieciséis años cada una, si iguales en el tiempo, totalmente diferencia­das a causa del drama que presidió su vida.

Según su biógrafo al-Dabbi, nuestro poeta era a los dieciséis años un hermoso joven que estaba intensamente enamorado de una esclava con la que su padre le había criado y le tenía destinada, pero que, cambiando de parecer, se reservaba ahora para sí.

Ob­cecado por los celos, el joven mató a su pro­genitor, por cuyo delito fue encarcelado por orden de Almanzor; esto ocurría en el año 368 de la hégira (978 d. J. C.).

En la cárcel fue donde nuestro autor escribió la mayor parte de su producción poética, casi toda del género erótico y descriptivo; allí trabó amistad con otro poeta, Abū ‘Abd Allah Muhammad b. Maruel al-Gassani al- Rachani, encarcelado éste por heterodoxo.

En un principio, las relaciones entre ambos poetas fueron muy cordiales y ello mitigó los rigores de su situación, pero más ade­lante disintieron por razones de ética y acabaron odiándose mutuamente hasta el punto que su forzada compañía les resul­taba insoportable.

De ambos han quedado poesías en las que se zaherían uno a otro cruelmente. Acerca del por qué fue amnis­tiado a los dieciséis años de su encarcela­miento nos llegan dos leyendas: según una de ellas, Mahoma se apareció en sueños a Almanzor y le ordenó el perdón del príncipe poeta; según la otra, Almanzor tenía en el jardín de su palacio un avestruz amaestrado al que un día echaba los memoriales de diversas peticiones que había recibido y que ni quería leer; el ave devoró uno tras otro los papeles menos uno que devolvió con su pico al regazo de su dueño; extra­ñado el gran caudillo por el proceder de su avestruz, leyó el contenido del memorial, que resultó ser la petición de gracia que le dirigía nuestro poeta, al cual perdonó de­volviéndole la libertad, y de aquí le vino el apodo Talīq al-Naama, o sea «el Am­nistiado por el Avestruz», año 384 de la hégira (994 d. J. C.).

Obtenida su libertad, recobró su rango rodeado de las leyendas que se habían creado alrededor de las dra­máticas vicisitudes de su vida. Fue poeta brillante y fecundo (v. Diwan), cuyo estilo sería, sin embargo, pronto superado. Dejó una numerosa descendencia, y entre ella figuró otro ilustre poeta: al-Asamm al-Marwán al-Talíq.

J. R. Manent