Nacido en Mirine, en la costa eólica de Asia Menor, en el año 536; m. en 586. Recibió su primera instrucción literaria y jurídica en Alejandría, y la completó en Constantinopla, donde su padre era maestro de retórica.
En 554 estudiaba leyes en Alejandría de Egipto. Completó sus estudios en Constantinopla, donde también ejerció de abogado. La poesía constituyó su primera afición y le atrajo en particular la forma del epigrama alejandrino, que precisamente en la época de Justiniano se dedica a ensalzar a los últimos poetas paganos de este género.
A. redactó en siete libros, con el título de Ciclo (v.), una antología de los poetas epigramáticos de la época romana, posteriores a la anterior recopilación de Filipo de Tesalónica. De esta compilación, bastante descuidada, se habla con elogio en la Antología Palatina (v.), en la que se incluyen un centenar de epigramas del mismo A., que, aunque cristiano, no desdeña las rosas paganas para tejer las últimas guirnaldas a Afrodita.
Sosegada su juvenil pasión por la poesía, a ruegos de amigos, y acaso con la esperanza de mayores granjerias, el hijo del retórico se dedicó a la prosa histórica, estimulado también por el ejemplo de Pro- copio. A pesar del título (Del reinado de Justiniano, v.), su obra es, en realidad, una continuación del relato de Ptocopio, y refiere en cinco libros, sin la conciencia histórica y la exacta información efe su modelo, los acontecimientos ocurridos desde 552 a 558, es decir, las guerras de los bizantinos, dirigidos por Narsés, contra ostrogodos, vándalos, francos y persas.
Hay que decir que su muerte prematura impidió a A. continuar su relato hasta la muerte de Justiniano (565). Aunque inferior a Procopio, continúa, sin embargo, en la línea de la buena tradición historiográfica.
B. Lavagnini
