Nacido en Tixtla (Guerrero) en 1834 y m. en San Remo (Italia) en 1893. Es una de las figuras centrales de la literatura mexicana.
Podríamos decir que su vida corre simbólicamente paralela a la de su país: a los catorce años, el niño indio no habla el castellano y va a la escuela; se educa, se forma, pasa al Instituto Literario de Toluca, aprende de su maestro Ignacio Ramírez, estudia y enseña, lucha por la Reforma y contra los franceses invasores; como diputado al Congreso de la Unión (1861) reclama el castigo de los enemigos: es un campeón de la Reforma y de la patria libre; después se dedica a escribir, a educar, desde su revista El Renacimiento y desde diversos centros culturales que funda; por último, como tratando de extender su concepto del hombre y de la patria, va como cónsul a Barcelona (España) y a París (Francia), y hace un viaje a Italia del que ya no regresa vivo: su cadáver fue incinerado y trasladado a México.
Indígena puro, admira lo español y estudia y asimila lo europeo con fervor romántico; formado literalmente en el romanticismo, trata de armonizar esta corriente con la orientación clasicista que predomina tradicionalmente en su país; liberal exaltado, exige el castigo de los culpables, pero preconiza el entendimiento con los adversarios en beneficio de la patria mexicana, aunque para ello tenga que llegar a la idealización exagerada de los personajes, cual ocurre en el delicioso cuento Navidad en las montañas (v.).
Si Juárez es el apóstol mexicano de la libertad de su tiempo, nuestro autor es el apóstol de la cultura. En su poesía (v. Rimas) se identifica con el paisaje en una sentida interpretación lírica; en sus novelas Clemencia (v.) y El Zarco (v.) desarrolla con sentido romántico y humano realismo episodios de la vida de su país en formación.
Además de Navidad, escribió otros tres cuentos: Las tres flores o La novia, Julia o Una noche de julio y Antonia. Sus artículos y escritos de otra índole están recogidos en Paisajes y leyendas, Tradiciones y costumbres de México.
J. Sapiña

