Antonio Ballesteros y Beretta

Historiador español. Nacido en Roma en 1880, m. en 1949. En 1906 obtuvo la cátedra de Historia universal moderna y contemporá­nea de la Universidad de Sevilla; también profesó la cátedra de Historia universal an­tigua y media, la de Historia de América y la de Historia de España, todas ellas en la Universidad de Madrid.

Representó a su patria en los congresos de Historia de Venecia, Budapest y Varsovia, en el de Geografía de Bruselas, en el de Bibliotecas de Roma y en el de Americanistas de Hamburgo. Fue académico de número de la Academia de la Historia y corresponsal de muchas institu­ciones extranjeras.

Su Historia de España y de sus influencias en la historia universal, que empezó a publicarse en 1919, es nota­ble por su exposición clara, concienzuda e imparcial y por su insuperable documentación. Entre sus restantes obras, todas ellas muy interesantes, cabe citar: Sevilla en el siglo XII; Alfonso X, emperador electo de alemania; Metodología histórica; Historia de América, etc.

Walter Wilhelm Ball Rouse

Nacido en Lon­dres el 14 de agosto de 1850 y m. en Cam­bridge el 4 de abril de 1925. Completó en esta universidad sus estudios, que había ini­ciado en la capital.

Durante algunos años ejerció las profesiones de abogado y nota­rio; luego, de 1878 a 1905, fue profesor de matemáticas en el Trinity College de Cam­bridge, y a partir de 1893 «Senior tutor» de la misma institución, a la que, además, dis­pensó un notable apoyo: entre otros bene­ficios figura la institución a costa suya de la «cátedra Bail Rouse» de matemáticas y derecho.

De sus numerosas publicaciones merecen ser citadas las que se refieren a la historia de la ciencia matemática, entre ellas una reseña histórica de los estudios de esta materia en Cambridge, diversas no­tas referentes a la obra de Newton y, en particular, a los Principia (v.), y una Breve historia de las matemáticas (v.).

Ocupóse también de varias cuestiones elementales relacionadas con la teoría de los números y los cuadrados mágicos y, asimismo, con la clasificación de las magnitudes cúbicas.

Sin embargo, la obra más importante de su producción es la titulada Mathematics Recreations and Problems, en tres tomos, que contiene, entre otras cosas, una relación sistemática de célebres o curiosos problemas geométricos o aritméticos de autores anti­guos, un estudio sobre las cuestiones clási­cas de la duplicación del cubo y de la tri­sección del ángulo, temas diversos acerca de los trazados continuos y la mecánica, una amplia exposición referente a los cua­drados mágicos, varias consideraciones so­bre los hiperespacios, curiosidades e histo­ria de los números, notas de astrología, etc.

L. Caldo

Pierre-Simon Ballanche

Nacido en Lyon el 4 de agosto de 1776 y m. en París el 12 de junio de 1847. Fue impresor, como su pa­dre, y también editor.

De constitución en­fermiza, y afligido en su juventud por un amor desafortunado, se acogió siempre a una confiada esperanza de inspiración cató­lica (Essai sur le sentiment, 1801), aun cuando con alternativas de melancólico aban­dono (Fragments, 1808).

En 1812 fue presa de un amor platónico por Mme. Récamier, refugiada en Lyon, la cual le indujo a ins­talarse en París. Con su poema en prosa Antigone (1814, v.) prosigue en el mito la búsqueda de sus propias ideas, siempre vin­culado a su musa, sea en Abbaye-aux-Bois o en su viaje a Italia.

Absorto en el inquie­to sueño que le inducía a un afán de expli­cación y a una continua esperanza y bajo la influencia de la filosofía alemana, de Vico y de los esotéricos lioneses, concibió una Palingénésie sociale, de la cual escribió la introducciín (1818), los Prolégomènes (1827) y la primera parte.

Según Ballanche, la humanidad, tras el pecado original, se redime de la caída a través de sucesivas expiaciones, de las que la Revolución y el Imperio repre­sentan las últimas etapas y la Restauración el equilibrio.

La suavidad de sus ideas, sus complejas y oscuras resonancias simbólicas, encontraron una favorable acogida; sin em­bargo, la revolución de 1830 hizo compren­der al autor que los cataclismos no habían aún concluido. Mientras tanto, se arruinó en sus intentos de inventar una nueva má­quina de vapor; y le fue concedida una pensión.

En 1842 ingresó en la Academia, sin dejar de escribir ni abandonar sus fan­tasías. Mme. Récamier cuidóle afectuosa­mente hasta sus últimos años, y quiso luego ser enterrada junto a él.

S. Morando

Emilio Ballagas

Poeta cubano n. en Camagüey en 1908, m. en 1954. Profesor de la Escuela Normal de Santa Clara, alternó desde muy joven sus estudios con la lite­ratura y el periodismo.

Su personalidad lí­rica camina por dos rutas de muy distinta orientación: la que se dirige a la búsqueda de la poesía pura y la que se adentra en el alma popular, con raíz folklórica. Pero en la primera dirección, el poeta hace gala de diversos recursos temáticos y formales, desde Júbilo y fuga (1931) y Sabor eterno (1939), hasta Nuestra Señora del Mar (1943).

Y es la segunda dirección en la que el poeta encuentra su verdadero camino. Hom­bre de raza blanca, cultiva la «poesía negra» y da muchas veces en el juego sonoro de los vocablos la interpretación lírica de los sentimientos y emociones de un pueblo y una raza; su Elegía de María Belén Chacón es quizá su composición más popular; y su canción Para dormir a un negrito, su poe­sía más tierna y delicada; otros poemas del mismo tono se encuentran en el Cuaderno de poesía negra (1934).

El poeta y el peda­gogo se dedican juntos a la recolección lí­rica para formar la Antología de poesía negra hispanoamericana (1935). En el gru­po de cultivadores de la poesía negra, afro- cubana o mulata, como también se la ha llamado, Ballagas es, junto con Nicolás Guillén, una primera figura.

J. Sapiña

Honoré de Balzac

Nacido en Tours el 20 de mayo de 1799 y m. en París el 18 de agosto de 1850. Su familia era originaria del Tarn, y su verdadero apellido Balasa; la madre, de soltera Sallambier, pertenecía a un hogar burgués de la capital.

Su padre, Bernard François Balzac, abandonó a pie, y todavía muy joven, su provincia meri­dional; secretario al principio de un procu­rador y luego del Consejo real, falleció en 1829. Honoré careció de un verdadero amor materno, y sufrió un tanto por ello; Laure Sallambier, siempre más inclinada hacia otro hijo, de dudosa paternidad, hizo edu­car a Honoré lejos de ella, y hasta la muer­te del literato, de quien se había conver­tido en acreedora, mostróse con él singu­larmente dura.

Durante su internado en el colegio oratoriano de Vendôme, de 1807 a 1813, Balzac no estuvo ni una sola vez en su casa. El autor evocó estos años de colegial en Luis Lambert (v.). A partir de 1814 con­tinuó sus estudios en un colegio de París y luego en la Facultad de Derecho.

Hizo sus prácticas junto a un abogado, y más tarde, a los veinte años, a impulsos de su voca­ción literaria instalóse en una buhardilla, y escribió allí, entre otras obras, un lamenta­ble Cromwell en verso.

En 1820 conoce a una mujer —«la Dilecta», como él la llamó — que habría de influir decisivamente en su  formación: Laure de Berny, veintidós años mayor que él, la cual fue para el novelista hasta su muerte, ocurrida en 1836, madre, amante y la más generosa de las amigas. Balzac fue escritor precoz y tardío a la vez.

La primera obra publicada con su nombre, Los Chuanes (v.), no apareció hasta 1829, y a ella siguió muy pronto Fisiología del matri­monio (v.), en realidad compuesta y par­cialmente impresa muchos años antes.

En 1825 había intentado varios negocios: una editorial, una tipografía y, luego, una fun­dición de caracteres. Sin embargo, todos ellos resultaron empresas desastrosas, en las que Balzac comprometió los recursos de su pro­pia familia y los de «la Dilecta»; hasta el fin de sus días había de arrastrar el escri­tor consigo el peso de las enormes deudas contraídas en estas aventuras comerciales.

Los Chuanes inicia el período de unos vein­te años, en cuyo transcurso Balzac compuso, retocó sin cesar y publicó, aproximadamen­te, 85 novelas, de extensión diversa. Esta portentosa producción literaria, que parece superior a las fuerzas de un solo hombre, no le impidió una vida mundana muy ac­tiva, largos viajes, aventuras amorosas, in­tentos fracasados de carácter político y ex­travagantes operaciones financieras.

A prin­cipios de 1830 publicó Scènes de la vie pri­vée, conjunto de seis narraciones — La ven­detta (v.), Gobseck (v.), El baile de Sceaux  (v.), La casa del gato-que-pelotea (v.), Una doble familia (v.) y La paz del hogar (v.) —, en la cual cabe ver el primer núcleo de La comedia humana (v.); tales obras procuran a su autor una progresiva celebridad como novelista.

En 1831 su fama queda confir­mada por La piel de zapa (v.); aún enzar­zado en la composición de sus textos más complicados, que más tarde figurarían en Études philosophiques, Balzac se embriaga un tanto con su gloria.

Es la época de su dan­dismo, y el escritor posee carroza, caballos, criados con librea y un palco en la ópera. Su afán de lujo se manifiesta en su resi­dencia de la calle Cassini, que hace amue­blar suntuosamente.

El autor trabaja de no­che, vestido con su célebre túnica blanca de cachemira, y tiene siempre al alcance de su mano la cafetera de porcelana. Inicia entonces los Cuentos droláticos (v.), que gusta de escribir en la lengua del siglo XVI. De liberal con matices saintsimonistas pasa al partido legitimista y se convierte en de­fensor del trono y del altar.

Desde hace algún tiempo andaba enamorado de la mar­quesa de Castries, la cual burlóse del escritor: dejó que fuera en pos de ella hasta Aix-Ies-Bains y Ginebra en 1832, y luego abandonóle bruscamente. Balzac se vengó escri­biendo La duquesa de Langeais (1833). A esta misma época pertenecen, entre otras obras, El cura de Tours (v.), El coronel ChabeH (v.), Ferragus, La filie aux yeux d’or, El médico del pueblo (v.) y Eugenia Grandet (v.). A fines de 1832 recibió el autor una carta anónima que le manifestaba la infinita admiración de una mujer.

Posterior­mente, Balzac llegó a descubrir la identidad de aquella a la cual habría de llamar «la Extranjera»: la condesa polaca Evelina Hańska, con la que inició una larga corresponden­cia y con la que debía casarse en 1850.

En 1833 la había encontrado por vez primera, con el marido, en Neuchâtel, y luego, en 1834, en Ginebra, sola. Por entonces terminó Séraphita (y.) y Papá Goriot (v.). En mayo de 1835 estuvo en Viena, junto a Hańska, y en 1836 realizó un viaje a Italia. A este tiempo corresponden la publicación de El lirio del valle (v.) y la fundación de la re­vista Chronique de Paris, que habría de salirle muy cara.

Durante otra estancia en Italia conoció a Manzoni. A principios de 1838 dirigióse a Cerdeña en busca de las minas de plata de la Antigüedad, que pre­tendía explotar. Aparecieron entonces Cé­sar Birotteau, La solterona (v.), el prin­cipio de Ilusiones perdidas (v.), la primera parte de Esplendores y miserias de las cor­tesanas (v.) y, algo más tarde, Beatriz (v.) y El cura de aldea (v.). En el teatro de la puerta Saint-Martin presenta el drama Vautrin.

Algún tiempo antes, en Bourg-en- Bresse, había intentado salvar la cabeza de un condenado a muerte, el asesino Peytel. Funda el periódico Revue parisienne, que redacta él solo y no pasará de su tercer número; en él elogia La Cartuja de Parma (v.), de Stendhal.

A fines de 1841 planeó la vasta estructura de La comedia humana y firmó un contrato con cuatro editores asociados para la buena marcha de la em­presa, cuyo programa expuso Balzac en el primer volumen. Las novelas más importan­tes de este período son Úrsula Mirouët (v.), Una casa de soltero (v.), Alberto Savarus (v.), Honorina (v.) y Modesta Mignon (v.).

En los últimos días de 1841 «la Extranjera» había quedado viuda. Sin embargo, el escri­tor no pudo trasladarse a San Petersburgo hasta dos años después. Desde entonces aca­rició una idea fija: la boda con la señora Hańska. A tal fin, aumentó el ritmo de su labor para asegurarle una existencia digna, y en su empeño llegó incluso a recurrir a la fortuna de la amiga lejana.

En 1845 fue a su encuentro en Dresde y llevóla a Italia, París, Holanda y Bélgica. El año siguiente la señora Hańska dio a luz, en Dresde, a ion hijo, que nació muerto; ello supuso para Balzac un terrible golpe, del cual no habría ya de reponerse. En 1846 compró una casa, que amuebló con lujo, para acoger a Hańska; los anticuarios le arruinaron. Durante los años 1846 y 1847 termina y publica La prima Bette (v.) y El primo Pons (v.).

Se trata ya de sus últimas grandes obras: el escritor, agotado y enfermo, siente languidecer sus facultades creadoras. En 1850 marcha a Kiev, donde se encuentra con la señora Hańska, su hija y su yerno. El 14 de marzo, en Berdichev, se casa con la amiga; en pe­queñas etapas, a fin de no perjudicar más aún la salud del novelista, se dirigen ambos a París, donde llegan el 21 de mayo.

Nadie responde a sus llamadas, por cuanto el en­cargado de recibirles había enloquecido y se escondía, medroso, en un rincón de la casa. Balzac vio en el acontecimiento un presagio funesto. Forzado a ponerse en cama, no volvió ya a levantarse. En el mes de julio sus dolores alcanzaron una intensidad atroz, y a primeros de agosto el enfermo empezó a respirar con dificultad; el 18 entró en la agonía.

Precisamente este día fue a verle Victor Hugo, quien luego contó esta última visita en Cosas vistas (v.); el mismo gran poeta pronunció en los funerales del nove­lista un magnífico elogio fúnebre. En su enorme actividad de escritor volcóse Balzac por entero.

Su obra gigantesca, hoy tan viva todavía cuando ya el mundo en ella evocado se encuentra desde hace tiempo sumergido en el pasado, costó un sinfín de sufrimien­tos; sin embargo, fruto de una existencia brillante y dolorosa, no ha cesado jamás de fascinar a los lectores.

A. Béguin