Robert Barclay

Nacido en Gordonstown, cerca de Elgin (Escocia), el 23 de diciem­bre de 1648, y m. en Ury, junto a Aberdeen, el 3 de octubre de 1690.

Estudió en París, y poco después de haber regresado a su país natal unióse a la Society of Friends, lo cual le valió muchas persecu­ciones y varios períodos de cárcel. El 14 de marzo de 1675 tuvo efecto en Aberdeen una discusión pública acerca de su obra Theses Theologiae, impresa en inglés, francés, ho­landés y latín; en defensa del texto en cues­tión escribió luego Barclay la Apología de la ver­dadera teología cristiana (1676, v.), primer análisis importante de la doctrina de los cuáqueros.

La vida del autor no resultó excesivamente agitada; viajó por Europa varias veces, solo o juntamente con Penn y George Fox, y luego establecióse defini­tivamente en Escocia. Durante los últimos años de su existencia influyó mucho en Ja- cobo II, quien, como duque de York, había concedido a doce miembros de la Society of Friends —bajo la dirección de Penn — permiso para divulgar su fe en la región de East New Jersey durante el período en que Barclay fuera gobernador del territorio en cuestión (1682-88).

Se dice también que man­tuvo contactos con el mismo Jacob o II para tratar de llegar a un acuerdo favorable con Guillermo de Orange, cuya llegada a Ingla­terra era inminente.

R. Sanesi

Martín Barco de Centenera

Poeta español. Nacido en 1535, m. en 1602. Era sacer­dote; acompañó a Ortiz de Zárate en la expedición al Río de la Plata (1572) y durante casi un cuarto de siglo compartió la suerte de los exploradores españoles en Argentina. Fue arcediano de la iglesia de Paraguay.

Es autor de un poema heroico-histórico titulado Argentina y conquista del Río de la Plata con otros acaecimientos de los rei­nos del Perú, Tucumán y Estado del Brasil (v.), editado en Lisboa en 1602. Su valor literario es casi nulo, pero desde el punto de vista documental ilustra la historia de más de veinte años de la conquista de Amé­rica meridional y ha servido de fuente a muchos trabajos posteriores. Dejó, además, la novela Desengaños del mundo.

Henri Barbusse

Nacido en Asniéres el 17 de mayo de 1873 y m. en Rusia el 30 de agosto de 1935. Su primer volumen de ver­sos, que lleva el significativo título Les pleureuses (1895), no daba lugar, efectivamente, a vislumbrar en Barbusse al futuro cantor vio­lento de la revolución bolchevique.

La no­vela que siguió, Les suppliants (1903), mos­traba al autor fiel todavía a la inspiración íntima y elegiaca. El Infierno (1908, v.), en cambio, ofrecía súbitamente la revelación de un Barbusse insospechado: la obra era, en rea­lidad, una implacable sátira social y, al mis­mo tiempo, la representación morbosa de la obsesión sexual y el terror de la muerte.

Sin embargo, el gran público seguía ignorando al autor cuyo nombre no habría de resonar sino con la guerra; incluso los cuen­tos de Nous autres (1914) pasaron inad­vertidos. Dos años después, por el contra­rio, toda Francia leyó El fuego (v.). El terrible «journal d’une escouade» de combatientes, redactado con una brutalidad des­concertante, opuesto a la retórica propia de la literatura bélica y fundado en la es­candalosa paradoja de la guerra soportada por quienes no la desean y nada ganan con ella, no solamente llevó al país al conoci­miento de un nuevo autor, sino que pro­vocó en Barbusse la revelación de sí mismo.

Toda su obra posterior, en efecto, estuvo deter­minada por motivos políticos y sociales cada vez más apremiantes y que le indujeron incluso a trasladarse a Rusia, patria de su revolución. Entre los textos de la posguerra cabe citar las novelas Clarté (1919) y Les enchaînements (1925), los ensayos Paroles d’un combattant (1920) y La lueur dans l’abîme (1920) y los cuentos Le couteau entre les dents (1921), Quelques coins du coeur (1921) y Les Judas de Jésus (1927).

C. Falconi

Ruy Barbosa

Nacido en Salvador (Bahía) en 1849 y m. en Petrópolis en 1923. Puso su ingenio brillante y su vasta erudición al servicio del liberalismo y de la regeneración moral de su país. Graduado en leyes en la Universidad de Sao Paulo en 1870, ya cuan­do estudiante habíase distinguido en campañas oratorias y periodísticas dirigidas contra la esclavitud.

En 1875 fue nombrado director del Diario da Bahía, del que era redactor desde hacía unos tres años. En 1878, elegido diputado de la Assembleia Geral da Córte, se estableció en Río, y allí, luego de la proclamación de la República (1889), pasó a ser una de las figuras principales de la vida política nacional.

A él se debió el proyecto de Constitución republicana, pre­sentado en 1890 a la Asamblea Constituyente. Estallada la insurrección de la Ma­rina y establecida la dictadura militar del mariscal Floriano Peixoto, vivió desterrado en la Gran Bretaña, y desde allí hizo im­primir en su propio país los célebres ar­tículos reunidos luego en Cartas da Ingla­terra (1896).

Vuelto al Brasil en 1895, fue elegido senador del estado de Bahía, cargo que desempeñó hasta el fin de su vida. En 1907 representó a la nación en la segunda Conferencia Internacional de la Paz, cele­brada en La Haya, y en ella defendió la tesis de la igualdad jurídica y política de todos los estados; a causa de ello fue reci­bido entusiásticamente por sus compatrio­tas al volver al Brasil.

En las elecciones presidenciales de 1909-10 y 1921-22 desarro­lló una intensa campaña en favor del «civi­lismo» y contra el militarismo. Su nombre figura entre los de los fundadores de la Academia Brasileña de Letras.

La produc­ción literaria de Barbosa , estrechamente vincu­lada a su actividad política, comprende: Réplica as defesas da redagdo do Codigo Civil (1903), Discursos e conferencias (1907), Saudagao a Anatole France (1909), Oragdo aos mogos (1920), Oragoes do Apóstolo (1923, póstuma) y Elogios académicos e oraçoes deparaninfo (1924, póstuma), así como nume­rosos artículos, discursos y conferencias no reunidos en tomos.

Por la riqueza de su vocabulario, animado a menudo con tér­minos vernáculos, y la maestría de su estilo, Ruy Barbosa es considerado en el Brasil un clá­sico de la lengua.

J. Prado Coelho

Emanuel Barbosa du Bocage

Nacido en Setúbal el 15 de septiembre de 1765 y m. el 21 de diciembre de 1805. Sobrino por parte de su madre del vicealmirante francés G. Hédois du Bocage e hijo del juez portugués J. L. Soares Barbosa, alistóse a los dieciséis años en el Ejército contra la voluntad de sus padres, y al cabo de dos años pasó a la Marina y se matriculó en la Academia Naval de Lisboa.

En la capital tuvo ocasión de frecuentar los medios literarios, y en ellos, a través de las improvisaciones poé­ticas de café, pudo revelar la singular ins­piración que posteriormente le convertiría en uno de los poetas portugueses más ori­ginales.

En 1786 fue enviado a la India como guardia marina, y allí vivió dos años en Goa, y luego en Damao; finalmente, abu­rrido y lleno de nostalgia, desertó y huyó a Macao. En 1790 frecuentó de nuevo los círculos literarios de Lisboa, entre ellos la arcádica «Academia de Belas-Artes», a cu­yos miembros más célebres atacó violenta­mente bajo el seudónimo Elmano Sadino.

Del litigio con F. Manuel do Nascimento (entre los árcades Filinto Elisio) nacieron dos escuelas poéticas: la filintista, de ten­dencia clásica, y la elmanista, afrancesada. A causa de algunos versos irreverentes, Bocage fue detenido en 1797 y culpado de delito contra el Estado, acusación que luego con­siguió hacer cambiar por la de «error de religión».

En la cárcel de la Inquisición ini­ció la actividad de traductor que más tarde, en el curso de los últimos y penosos años de su vida, habría de procurarle los medios de subsistencia. En 1791 aparecieron publi­cadas en un tomo sus Rimas, cuya parte poéticamente más perfecta está integrada por los Sonetos (v.), y en las cuales, a tra­vés de todos los metros y formas líricas tradicionales, alcanzó una rara perfección for­mal.

Debido a su vida y a la anticipada inquietud romántica de su obra, el nombre de Bocage ha pasado a ser en Portugal sinóni­mo de poeta desenvuelto y bohemio. Ade­más de las poesías citadas, se le deben algu­nas de las traducciones más meditadas y perfectas de Virgilio, Mosco, Tasso, Metastasio, Rousseau, Racine y Voltaire.

L. Stegagno Picchio