La Pícara Justina, Francisco López de Úbeda

Con este título se conoce generalmente la novela picaresca publicada en Medina del Campo en 1605 y atribuida al español Francisco López de Úbeda, de fines del siglo XVI y princi­pios del XVII.

Ciertas alusiones satíricas de Cervantes en el Viaje del Parnaso (v.) («Haldeando venía y trasudando/el autor de La pícara Justina, / capellán lego del contrario bando»), la cultura y los abun­dantes leonismos del léxico indujeron a pensar que bajo el nombre de Úbeda se escondiese el dominico Andrés Pérez; pero como la existencia de Francisco de Úbeda, médico toledano, está probada documen­talmente, otros se inclinan a ver en él al autor. El libro no posee grandes méritos de invención, y su novedad fundamental con­siste en tomar como protagonista a una picara en lugar de un pícaro. La novela está precedida barrocamente nada menos que por tres prólogos, y consta de cuatro libros divididos en partes y capítulos o números.

Cada capítulo va precedido por un resumen en verso, en los más diversos y artificiosos metros del siglo XVII, y ter­mina con un «aprovechamiento» a guisa de moraleja, que indica el provecho que hay que sacar de la lectura. En el primer libro, «La pícara montañesa», Justina refiere su ascendencia y narra su educación, pero en lugar de comenzar como el Lazarillo (v.) o el Guzmán (v.) por sus padres, taberneros ambulantes, se remonta hasta sus bisabue­los, como para mostrar de qué lejanías atá­vicas provienen sus impulsos a la vida irre­gular y su afición a la aventura. El segundo libro, «La pícara romera», narra las aven­turas que le ocurren a Justina durante una serie de peregrinaciones o romerías; rap­tada por una banda de estudiantes, está a punto de perder la honra, pero se libra de los trúhanes emborrachándolos y dejándolos burlados; se arriesga a mil otras burlas, rozando siempre el código penal, pero sin pasar nunca de la raya; el tercero, «La pícara pleitista», narra los pleitos que sus hermanos intentan contra Justina, quien abandona su casa y se va a vivir a Kioseco, donde prosigue sus fechorías hasta que entra en la gracia de una vieja hechicera mora, y a su muerte, fingiéndose su sobrina, consigue heredar sus bienes con loos que vuelve a su pueblo.

El cuarto libro, «La pícara novia», narra las burlas que Justina hace a sus pretendientes, casándose con el peor, el escudero Lozano, jugador y disoluto. El libro quinto promete una segunda parte que debía de estar ya escrita, pues en el prólogo-resumen el autor enumera los títulos de cada libro: según el último de ellos, Justina, después de quedar viuda, se casaba con el pícaro Guzmán de Alfarache (v.). La novela es un mal logrado intento de imitar la feliz mezcolanza de ética y de picaresca que constituye el equilibrio intrínseco de la obra maestra de Alemán. Pero en La Pícara Justina la reflexión moral está introducida subrepticiamente, y los motivos satíricos que dan vida al relato de las experiencias de guzmán, se pierden en los límites de la predicación moralizadora, con una moral que las exigencias de la costumbre convierten en divagación anecdótica y en giro truhanesco, y que casa mal con la inspiración de un relato en que los desvíos de la degradación y las bufonerías del encanallamiento son expresados en un idioma admirable, rico en color, de una inventiva que a menudo recuerda a Quevedo.

C. Capasso

El que escribió La pícara Justina era hombre de poca inventiva, de  perverso gusto y de ningún jicio, y en este concepto mereció la sátira de Cervantes; pero poseía un caudal riquísimo de dicción picaresca y una extraña originalidad de estilo, en la cual cifraba todos sus conatos, esforzándose siempre por decir las cosas del modo más reve­sado posible. (Menéndez Pelayo)