El Capitán Fracasse, Théophile Gautier

[Le Capitaine Fracasse]. Novela de Théophile Gautier 1811-1872), publicada en 1863. Nos presenta al principio un abandonado castillo de Gascuña, en la primera mitad del siglo XVII, donde el último heredero de los Sigognac vive melancólicamente en la miseria, sin más compañía que la de un viejo criado, un rocín y un gato. Una compañía de cómi­cos de la legua interrumpe su perezosa so­ledad, pidiéndole hospitalidad por una no­che. Estos curiosos tipos (el Pedante, borra­chín insigne, el Tirano, especie de gigante colérico de buen corazón, el Matamoros, de delgadez espectral, Leandro y Escapín), acompañados por cuatro mujeres (la ama­nerada Serafina, primera dama, la delicada Isabel, «ingenua», la picante y maliciosa criadita y la Matrona), con su brío, con su lenguaje graciosamente artificioso (estamos en tiempos de las «preciosas»), con su des­preocupada alegría, encantan al joven ba­rón de Sigognac y le persuaden a unirse con ellos, al menos hasta llegar a París, donde encontrará mejor fortuna. El joven, además, acaba estrechando amistad con aquellas buenas gentes y, a la muerte del pobre Matamoros, acepta ocupar su lugar con el nombre de Capitán Fracasse. Un pro­fundo y delicado amor empieza a unirle con la joven Isabel. Se alternan entre tanto ex­trañas aventuras, agradables descripciones de lugares, pueblos, posadas, tabernas, tu­gurios, teatros y ciudades. Hasta que un poderoso gran señor, el duque de Vallombreuse, galán desdeñado por Isabel, la hace raptar y la lleva a su castillo. Los cómicos, bajo la guía de Sigognac, sitian el castillo libertando a la muchacha y el barón hiere gravemente en duelo al raptor. Llega el padre de éste, el príncipe de Vallombreuse que recoge al hijo, al que da por muerto y reconoce, al mismo tiempo, en Isabel a su única hija, raptada cuando niña. Entre tan­to Singognac, convencido de haber matado al duque, para eludir el peligro, consiente en separarse de los cómicos y vuelve a su castillo. Pero el duque de Vallombreuse no ha muerto; curado de la tremenda herida y de su pasión, va en busca de Sigognac, que se casará con Isabel y recobrará el ran­go que corresponde a su nobleza y valor.

La segunda parte de la novela es, como se ve, algo artificiosa (no falta un tesoro oculto en el viejo castillo y que consigue «in extremis» enriquecer al héroe), y resulta algo prolija. Es clara la influencia de la Novela cómica (v.) de Scarron. Una vez más la mejor inspiración de Gautier se muestra descriptiva: ha dibujado y coloreado aquí una hermosa serie de cuadros Luis XIII, como había tratado de hacer una colección de exquisitos cuadritos de fines del XVIII en la Señorita de Maupin (v.). Pese a sus defectos y a cierta lentitud, el libro es de todos modos considerado la obra en prosa más conseguida y característica de este pin­toresco escritor. [Trad. de C. Rivas Cherif (Madrid, 1921)].

M. Bonfantini

Théophile es un escritor de un mérito tan nuevo como único. (Baudelaire)

Es verdaderamente un maravilla de estilo, de color y de gusto. (Flaubert)

*    De la novela de Théophile Gautier, Caulle Mendés (1842-1909) sacó su libreto para la ópera cómica en tres actos y seis cuadros, Le Capitaine Fracasse, con música de Émile Pessard (1843-1917), y estrenada en París en 1878; Émile Bergerat sacó un drama en cinco actos, representado en París en 1896. Se titula El Capitán Fracassa [Kapitán Fracassa J una opereta de Rudolf Dillinger (1857-1910) representada en 1889, y tam­bién una comedia musical de Mario Costa (1858-1938), representada en 1909.