La poesía griega tuvo, entre los siglos VII y VI a. de C., un rico florecimiento entre los dorios de Sicilia y de la Magna Grecia, y adquirió la forma de una amplia canción de contenido narrativo, que celebra un mito erótico o una leyenda popular.
El jefe de esta escuela fue Tisias de Himera (alrededor de 640-555 a. de C.), llamado Estesícoro porque dio a los coros la ordenación que se hizo normal para este género de poesía musicada (ordenador de los coros). Su obra fue vasta, y al nombre de este poeta, pronto envuelto en la leyenda, se adscribió también la producción análoga promovida por su ejemplo.
Nos quedan algunos títulos de sus composiciones («Orestes», «Gerioneida», etc., de mitos épicos; «Dafnis», «Cálica», «Rádina», de fábulas populares), y escasísimos fragmentos. Entre éstos, harto conocido por la cita del Fedro (v.) platónico, figura el de la «Palinodia», es decir, una retractación que hizo el poeta del mito de Elena (v.), después que la propia Elena, según la leyenda, le privó de la vista por haber sido difamada como adúltera en una canción precedente.
Adoptando una versión, que fue seguida por Eurípides en su Elena (v.), Estesícoro afirmó que no fue la verdadera Elena, sino una imagen ilusoria la que siguió a Paris a Troya. Este episodio es notable, porque muestra con qué libertad elaboraban y modificaban los poetas el material legendario. Es también interesante la Orestíada, que es la fuente dórica del mito de Orestes, de la que se valió Esquilo para su trilogía trágica titulada también Orestíada (V. Agamenón).
A. Brambilla
Vigoroso ingenio, Estesícoro se nos ha mostrado cantando las más grandiosas guerras, los más ilustres capitanes, sosteniendo con su lira todo el peso del poema épico. (Quintiliano)

