José Batres y Montúfar

Poeta gua­temalteco n. en San Salvador en 1809, m. en 1844. Oficial de artillería a los 18 años, tomó parte en la guerra contra El Salvador y cayó prisionero; se hizo después inge­niero, tomó parte en la expedición oficial al río San Juan (Nicaragua) para estudiar las posibilidades de abrir una comunicación interoceánica, y perdió en la expedición a su hermano Juan, cuya muerte arranca gri­tos de dolor a su alma lírica.

Hombre que amó sin ser correspondido, con toda la tra­gedia de la pasión oculta y no estimada; fue diputado y se burló de su cargo y del ambiente parlamentario; retraído y huraño, «carecía de los superficiales adornos que tan­to estima la sociedad» según frase de Gar­cía Granados, pero realmente era superior al ambiente de su época, y poseía ingenio y gracejo para ironizar en verso acerca de cuanto estimaba censurable.

Se ha dado en llamar «joco-seria» a su poesía, pero la iro­nía del poeta tiene mayor profundidad, pues nos encontramos ante un verdadero humo­rista, en el sentido trascendente del vocablo.

El poeta guatemalteco de los poemas San Juan y Yo pienso en ti hizo algunas traduc­ciones libres de Horacio (Odas) y Ovidio (Los Amores), pero su obra maestra la constituyen las tres narraciones en verso titu­ladas El Relox, Las falsas apariencias y Don Pablo, que integran las Tradiciones de Guatemala (v.).

J. Sapiña

Charles Batteux

Nacido el 7 de mayo de 1713 en Allandhuy (Reims) y m. el 14 de julio de 1780 en París. Abrazó la carrera eclesiástica y fue profesor de literatura y retórica en los colegios de Lisieux y de Navarra, y luego de filosofía griega y latina en el Collège de France.

En 1754 ingresó en la «Académie des Inscriptions», y en 1761 en la Academia Francesa. Más bien que por sus estudios literarios (Parallèle de la «Henriade» e du «Lutrin», 1746; Traite de la construction oratoire, 1763; Cours de belles lettres, 1765; Les quatre poétiques d’Aristote, d’Horace, de Vida, de Despréaux, avec les traductions et des remarques, 1771) su nombre figura en la literatura de la estética debido a la obra Las bellas artes reducidas a un mismo principio (v.), publicada en 1746 e incluida luego en Cours de belles lettres; criticada por Diderot, alcanzó nota­ble éxito en alemania, donde los estudios estéticos se hallaban en pleno apogeo, y fue aprovechada por Lessing en la elaboración de su doctrina.

La actitud espiritual de Batteux, bastante libre respecto de las reglas, queda vinculada, empero, a un ideal de clasicismo, cual lo confirma también el discurso De gustu veterum in studiis litterarum con que inició en 1750 sus lecciones en el Collège de France. Son obras filosóficas La morale d’Épicure tirée de ses propres écrits (1758) e Histoire des causes premières (1769).

A. Pallucchini

‘Alī ibn al-Sīd al-Batalyawsī

Nació en Badajoz en el año 444 de la hégira (1052), m. en 521 (1127). Vino al mundo durante el reinado del tercer rey de la breve dinas­tía de los Banū al-Aftas, al-Muzalfar, du­rante el cual tanto florecieron las letras en aquella corte, hasta el punto de que el pro­pio príncipe las cultivó con singular destre­za.

En tal ambiente, nuestro autor tuvo una formación cultural filológica en la que inter­vinieron mentores tradicionistas, pero ma­yormente literatos. En su juventud, a pe­sar del ambiente pacífico y refinado que imperaba en la ciudad, tomóse hoso, in­temperante y agresivo por las luchas que, de una parte, comenzaron a enzarzarse con la corte de Sevilla, y de otra, por la pre­sión militar que ejercían las tropas cris­tianas de Fernando I.

En busca de regiones más tranquilas se trasladó a la corte de Abd al-Malik ben Razín, en Albarracín, donde ocupó el cargo de secretario. Pero también por aquellas regiones se acercaron las luchas, ora contra los cristianos del Cid, ora contra los almorávides de Yūsuf, que finalmente se apoderaron de Albarracín en el año 1103.

Previendo la hecatombe, nues­tro autor huyó a Toledo, donde entró al ser­vicio de al-Ma‘mōm, cuya voluntad ganó recitando sus poesías. Pero pronto se tras­ladó a Zaragoza, donde dedicó una loa poé­tica al rey al-Musta‘in ben Hud (1110 de J. C.) y sostuvo una polémica sobre temas gramaticales y dialécticos con Avempace, que luego expondría en su obra Kitāb al- Masā‘il [El libro de las cuestiones].

En aquel mismo año de 1110 de J. C., se dio la batalla de Valtierra, que ganó Alfonso el Batallador, y en la que perdió la vida al- Musta’in, y que provocó tiempos turbulen­tos en aquella corte que ocho años más tar­de caería en poder de los cristianos.

Ahora Batalyawsī hubo de buscar refugio en Valencia, que al igual que todo al-Andalus, se hallaba sometida al poder de los almorávides. En Valencia pudo nuestro hombre gozar tran­quilo y respetado los últimos años de su vida, que dedicó a la redacción de la mayo­ría de sus obras y a dar lecciones a sus numerosos discípulos.

Las obras de Batalyawsī que han llegado hasta nosotros son: El libro de los nombres, Comentario a las poesías juve­niles de Abū-Alā al Ma‘arrí, Libro de las Cinco letras, Los Mantos, Comentario de al-Muwaltta, Comentarios a los poemas de al-Mutanabbi, Libro de la improvisación, Libro del aviso ecuánime, Libro de las cues­tiones y Libro de los cercos (v.).

J. R. Manent

Domenico Luigi Batacchi

Nacido en Pisa en 1748 y m. en Orbetello el 11 de agosto de 1802. Hijo de un noble arruinado, actuó como funcionario en su ciudad natal y en Liorna.

Perdió el cargo por motivos políti­cos, y, más tarde, rehabilitado, se le des­tinó a Orbetello, donde murió de malaria a los dos años. Apesadumbrado por crueles desventuras familiares, Batacchi resulta una paté­tica figura, y muchas de sus inquietudes deben juzgarse a través del clima del pre-romanticismo.

A esta crisis aparece vin­culada toda su extensa producción litera­ria, que halla sus mejores expresiones en los veintitrés Cuentos y en las obras póstumas Miscelánea (v.) y La red de Vulcano (v.), cuya obscenidad resulta instru­mento satírico y se complace en detalles de un realismo sólo justificable en nombre de un anticipado e inconsciente espíritu de­mocrático.

F. Giannessi

Frédéric Bastiat

Nacido en Mugrón (Landes) el 29 de junio de 1801 y m. en Roma el 24 de diciembre de 1850. La figura de este economista francés representa la orien­tación denominada optimista, por cuanto se inspira en el convencimiento de la armonía sustancial de los intereses de clase en el sistema económico y en una ilimitada con­fianza en el librecambio.

Su vida, que ini­cialmente pareció destinada a la mediocri­dad, halló su verdadera senda gracias al contacto con los estudios económicos. En su juventud, Bastiat hubo de abandonar los de hu­manidades por la necesidad de ayudar a un tío suyo en el comercio; pero poco después pudo retirarse a una posesión que le de­jara su padre y satisfacer allí su predilec­ción por la filosofía y la historia.

Casi in­mediatamente, y tras haber pasado por el desengaño del escepticismo y la exaltación de la fe, encontró en el estudio de los eco­nomistas clásicos ingleses su mayor goce intelectual; dedicó particular interés a la obra realizada en Inglaterra por Cobden, gracias al cual fue creada la asociación librecambista que, en 1846, lograba desterrar el antiguo régimen proteccionista británico.

A través de numerosas publicaciones Bastiat difundió en Francia los motivos de esta lucha, y, así, desarrolló una intensa labor en diarios y revistas (sobre todo en Journal des Économistes); en 1845 publicó también el volumen Cobden et la Ligue.

En los tex­tos reunidos aquel mismo año bajo el título Sophismes économiques reveló, siempre en defensa del librecambio, brillantes y cáus­ticas dotes de polemista. Su actuación tuvo algunos resultados positivos, por cuanto en 1846 se fundaron, en Burdeos y París, aso­ciaciones para el librecambio, de la última de las cuales fue Bastiat secretario general.

La revolución de 1848 le indujo a oponerse al socialismo y a sus representantes, Blanc, Leroux y Proudhon (Propriété et loi, 1848; Capital et rente, 1849; Justice et fraternité, 1850, etc.). Acabó por separarse de la es­cuela inglesa, en la que percibía peligrosas concesiones a los principios socialistas, y durante este período fue miembro de la Asamblea constituyente y de la Legislativa.

Publicó en Roma, adonde se había diri­gido para curarse, la más importante de sus obras; Las armonías económicas (v.).

F. Catalano