Henri Bataille

Nacido en Nimes en 1872 y m. en Rueil en 1922. En favor de la lite­ratura abandonó el estudio y el ejercicio del arte pictórico, al que se dedicaba con cierto éxito: había dirigido un periódico artístico, y muchos de sus dibujos y finos grabados habían alcanzado alguna difusión.

Su primera obra teatral, La belle au bois dormant, escrita en 1894 en colaboración con K. d’Humiéres, recuerda vagamente la poética del simbolismo. Sin embargo, la li­teratura empezaba por entonces a reaccio­nar contra este gusto y su estilo artificio­so, y así, Bataille acudió también a la inspira­ción que brota directamente de la vida.

Tras la «leyenda trágica» de 1896 titulada La lépreuse, llevó a la escena los dramas y melodramas de la existencia moderna, siquiera reduciendo a veces grandes pro­blemas a sus motivos externos y femeninos. Por ello su obra no ha sido duradera, aun cuando no deje de reflejar una sensi­bilidad delicada, un sentimiento sincero y un auténtico sufrimiento. Sin embargo, la sociedad que pintara con cierta indulgen­cia pagóle sobradamente con su reconoci­miento pleno, y sus producciones lograron, en París y por doquier, la entusiasta apro­bación del público.

Ton sang (1897), L’enchantement (1900), Le masque y Résurrection — inspirada en la novela de Tolstoi — (1902), Maman Colibrí (1904), La marcha nupcial —la más conocida de sus obras— (1905, v.), La mujer desnuda (1908, v.), La virgen loca (1910, v.), La phaléne (1913) y La possession (1922) fueron sus co­medias más afortunadas, y pronto hicieron olvidar los primeros y finos1 versos de La chambre blanche y Le beau voyage, cuyo eco, empero, quedó en el clima algo enra­recido y decadente de su teatro, inclinado con frecuencia a análisis de tipo natura­lista.

Ajeno al áspero ambiente de la primera postguerra, a su muerte la fama al­canzada se. hallaba ya en pleno declive.

G. Veronesi

Cesio Basso

Poeta latino del siglo I. Vivió en la época de Nerón, y probable­mente pereció sepultado en su villa por la erupción del Vesubio del año 79.

Fue amigo de Persio, el cual le dedicó la sexta sá­tira y le alabó como poeta lírico de ins­piración grave y jocosa al mismo tiempo. Dice también este autor, refiriéndose a Basso, «mire opifex numeris veterum primordia vocum… intendisse»; ello se ha conside­rado alusión a un probable poema didác­tico del escritor sobre las etimologías.

En La institución oratoria (v.), Quintiliano le juzga el segundo lírico romano después de Horacio. Con Basso se identifica el autor de un tratado de métrica dirigido a Nerón del que nos habla el Comentario de Rufino y de cuya obra se supone es parte un exten­so fragmento llegado hasta nosotros con el título De los metros (v.).

De su producción poética solamente nos queda un hexámetro citado por Prisciano en Institución del arte gramatical (v.). Se le juzga también autor de algunos versos anónimos aducidos como ejemplos en De los metros.

Ramón de Basterra

Poeta español. Nacido en Bilbao en 1887, m. en Madrid en 1930. Entró en la carrera diplomática y desem­peñó cargos en Roma, Bucarest y Caracas.

Su primera obra lírica, Las ubres lumino­sas (1923), se caracteriza por el sentimiento del paisaje, por las ideas humanísticas y por los problemas vascos. En el poema Los la­bios del monte, paisaje y tradiciones vas­cas se funden en una amplia síntesis histó­rica.

Basterra es el creador de un mito: Vírulo, cuyos cantos corresponden a dos momen­tos del estilo del autor. En Vírulo, moce­dades (1924) se muestra barroco, neogongorino y virtuoso de la poesía pura. En Vírulo, mediodía (1927), el poeta supera la etapa anterior y se anticipa a su época: de un salto se sitúa en las avanzadas del van­guardismo.

Con técnica futurista canta la máquina y el destino fecundo de los pue­blos hispánicos: la Sobrespaña (v. Poesías). Su producción en prosa comprende La obra de Trajano (1921) y Los navíos de la ilus­tración (1925), libros que completan la ideo­logía de este original poeta.

Martino Bassi

Nacido en Seregno (Milán) en 1542 y m. en Milán en 1591. Fue uno de los arquitectos lombardos más notables de su época.

Trabajó largo tiempo en las obras de la catedral milanesa, y precisamente en el curso de tal labor, y a causa de algunas divergencias con su colega Pellegrino Pellegrini, escribió Divergencias en materia de arquitectura y perspectiva, con juicios de excelentes y famosos arquitectos que las resuelven (1570, v.).

Ejerció sus actividades profesionales en diversos edificios religio­sos de su país, entre los cuales figura la Cartuja de Parma, y sin dejar, por ello, de colaborar en los trabajos de la catedral de Milán, de la que fue nombrado arquitecto al marchar Pellegrini a España (1585).

A. M. Raggi

Abü-l-Hasan ‘Alī ibn Bassām

Nació en Samtarem (Portugal) en el año 1084, m. en 1148 (542 de la hégira). Hijo de noble fami­lia, cursó sus primeros estudios en Lisboa y Córdoba; regresó después a su ciudad natal, de la que tuvo que huir ante la inva­sión de los cristianos, no sin antes haber luchado con bravura «hasta mellar mi espada» según propia confesión.

Perdidos to­dos sus bienes, se trasladó a Sevilla, donde en adelante hubo de ganarse la vida con la pluma, que dedicó a ensalzar a los grandes personajes que le pagaban generosamente el honor de verse citados en sus poesías.

No obstante, el mérito de nuestro autor no reside en sus poesías, con ser un buen poeta y mejor versificador, sino en su labor de compilación histórica que queda plasmada en su Ḏajira (v.), que él mismo subtitula «el tesoro de las hermosas cualidades de la gente española», y en cuyo prólogo aclara que le impulsó a escribirla el deseo de dar a conocer los valores literarios de sus con­temporáneos de al-Andalus, un tanto me­nospreciados por los serviles y anquilosados admiradores de los escritos de Oriente.

Fue amigo y sostuvo correspondencia con Almotámid, Ammar Abu, Abenthacihir y Abdelchalid, todos ellos excelentes poetas de su tiempo. Dozy, el famoso arabista holandés, le dedica algunos estudios y utiliza su Ḏajira en sus trabajos acerca de los musul­manes en España.

J. R. Manent