Historia del New Hampshire, Jeremy Belknap

[His­tory of New Hampshire, to the Year 1790, Containing also a Geographical Description of the State]. Obra en tres volúmenes del escritor norteamericano, Jeremy Belknap (1744-1798), cuyo primer volumen apareció en 1784 y los restantes en 1792. Belknap fue pastor evangélico en la ciudad de Do­ver en New Hampshire de 1767 a 1778, y se aprovechó de su misión para recoger y es­tudiar los documentos en los que está ba­sado su libro. La obra procura preciosas informaciones sobre el nacimiento y los su­cesivos acontecimientos de la colonia que más tarde entró a formar parte de la pri­mera unión de los trece estados que fue origen de la actual confederación. Por la riqueza de datos y la claridad de la expo­sición, la obra de Belknap ocupa un lugar de primer orden en la historiografía ame­ricana y hay quien se ha dolido de que un historiador tan dotado no emprendiera una obra de mayor aliento.

C. Izzo

Historia del Materialismo, Friedrich Albert Lange

[Geschichte des Materialismus]. Obra de Friedrich Albert Lange (1828-1875), publicada en 1866. Al trazar con rápido y seguro tra­zo la historia, no tanto de la concepción materialista, cuanto principalmente de las ideas de materia y de fuerza en los diver­sos sistemas y problemas de la filosofía, y al analizar ampliamente los elementos con­ceptuales sobre los que se basa el materia­lismo (la materia, la fuerza, la naturaleza, la evolución, la casualidad), así como las disciplinas relativas a él (como la cosmo­gonía, la psicología, la fisiología, la físi­ca, etc.), el autor hace en cada momento la crítica de la concepción materialista, considerada como un todo único, por en­cima de las formulaciones particulares. Cuando el materialismo haya explicado todo el mundo físico, se detendrá irremediable­mente frente al problema de las relaciones entre dicho mundo y nuestra conciencia. Tampoco tiene mayor valor el afirmar que la realidad física es tal en cuanto se ela­bora así a través de nuestra conciencia; decir que la realidad es representación, no significa otra cosa que trasponer la reali­dad del objeto al sujeto, sin justificar por ello su íntima esencia.

Ésta, concluye el autor, no está en el mundo físico, ni en el psíquico, sino en un orden superior que los trasciende. Este orden de realidad es la poesía, que sólo tiene la huella de lo ab­soluto y de lo sublime y sólo tiene en sí misma su justificación, que es fuente pe­renne de vida y de creación. Lange es con­siderado como el fundador del movimiento neokantiano. Efectivamente, fue el primero, después de la experiencia materialista, en recoger el problema gnoseológico en los términos de prejuicialidad planteados por Kant, pero no advirtió que el absoluto que buscaba fuera del sujeto, Kant lo había advertido ya en lo íntimo del mismo su­jeto. Es decir, creía que Kant se había li­mitado a afirmar la subjetividad en términos de psicología, cuando fue el mismo Kant quien vio el proceso real de lo absoluto en el orden trascendental de la subjetividad. Esto condujo a Lange a afirmar lo absoluto de un orden irreal, donde los diversos pro­blemas de lo real se colocan y se resuelven solamente a través de actos de fe. [Trad. de Vicente Colorado (Madrid, 1877 y 1903)].

A. Repací

La Historia del Mundo, Sir Walter Raleigh

[History of the World], Obra histórica de la que Sir Walter Raleigh (1552-1618) escribió sólo el primer volumen (1614) durante sus doce años de cárcel. La obra, partiendo de la Creación, a través de la historia hebrea y egipcia, y de un amplio tratado de la mi­tología grecorromana, llega hasta la caída del Imperio macedónico. La variedad de la forma hace suponer que Raleigh tuvo colaboradores, pero no puede quitársele el mérito de una prosa que, aun aproximán­dose algunas veces a los escritos de Sidney por la estructura más bien artificiosa, care­ce más a menudo de la pedantería típica de sus contemporáneos. La historia es in­teresante sobre todo por el estilo sencillo y a la vez solemne y por el ingenio y la poesía que asoman de tarde en tarde entre el amasijo de milagros, tradiciones, chis- morreos y relaciones a los que el autor atribuye importancia histórica. Entre las páginas dignas de relieve hay que citar la última, una apostrofe a la Muerte que re­calca el convencimiento del autor, ya ex­presado en el prólogo, de que los caminos del Señor conducen siempre al culpable al justo castigo y muestra lo que Raleigh hu­biese podido hacer de haber sido un escritor paciente y cuidadoso.

G. Lupi

Historia del Método Experimental en Italia, Raffaello Caverni

[Storia del método sperimentale in Italia]. Obra de Raffaello Caverni (1837-1900), en seis volúmenes, pu­blicados en Florencia entre el 1891 y el 1910, el último póstumo e interrumpido por el editor. El primer volumen (1891), con­tiene, además de la relación de la junta del Instituto Veneciano que premió la obra en la primera redacción, un amplio «Dis­curso preliminar» en tres partes y ocho capítulos sobre los principales instrumentos del método experimental (termómetro, re­loj de péndulo, anteojo, barómetro, máquina y pila eléctrica, microscopio, cuerno acús­tico, higrómetro, areómetro, pluviómetro y lentes); el segundo volumen (1892), dedi­cado a las ciencias físicas, se ocupa no sólo de las diversas ramas de la física, sino también del sistema planetario y de astro­nomía en general; el tercero (1893), del método experimental aplicado a la historia natural; el cuarto y el quinto (1895-1898), del método experimental aplicado al mo­vimiento de los cuerpos; el sexto (1910), del movimiento de las aguas, que había de continuar en el séptimo. Debía haber tam­bién un breve volumen octavo, donde se tenía que estudiar la teoría del método ex­perimental aplicado a la filosofía, desarro­llando, a lo que parece, las ideas que el autor sostiene en el libro Denuovi studi della filosofía (una especie de positivismo católico, ortodoxo apenas, puesto que en él se ataca en cierto modo a los jesuitas y se defiende a Darwin sin desmentir a Moisés).

La junta del Instituto Veneciano, al premiar la primera redacción, hizo se­rias reservas, especialmente sobre los jui­cios de Caverni acerca de Galileo; pero el autor, al publicar el volumen, en lugar de corregir sus juicios, los exageró hasta lo grotesco. Así, Galileo se convirtió en el viejo tirano de Arcetri, que medita entre las sombrías celosías de su reino (II, 359- 360), y que «instituyó una tiranía en un principado decrépito, usando las artes de todos los conquistadores, la de enriquecerse con los despojos de los muertos» (I, 141). Caverni llega a sostener que «la causa su­ficiente de los odios suscitados contra Ga­lileo» no se encuentra «en la ignorancia de los tiempos ni en las supersticiones reli­giosas», sino en «las ofensas de tantos que quedaron sometidos a su conquista» (I, 142). La obra de Caverni ha sido objeto de nu­merosas críticas, de las que se puede tener una idea por los volúmenes I y II del Ar­chivo de Historia de las Ciencias. Por lo que respecta a los diálogos que Caverni atribuye a Galileo y que son de su in­vención, G. Giovannozzi, que es muy bené­volo con Caverni, hizo una observación que nos parece justa, según la cual no se trata de falsificaciones propiamente dichas, sino de artificio literario. Excluye además que el antigalileísmo de Caverni pueda te­ner relación con su religión y trata de explicarlo como efecto de un carácter que, al envejecer, se vuelve más cáustico y como despecho por la exclusión de Caverni de la Comisión Ejecutiva de la Edición na­cional de la Obra de Galileo.

Es una hipó­tesis gravísima, pero no nos parece acepta­ble y en el fondo ni el mismo Giovannozzi parecía convencido. Para mí, el «odio teo­lógico» interviene en grado sumo, sin ex­cluir del todo cierto espíritu de negación y de denigración e incluso de despecho. Caverni no sólo denigra a Galileo, sino también a Giordano Bruno, a Descartes y a los «racionalistas», y los denigra no sólo y quizá ni principalmente por amor a la Iglesia, sino porque es radicalmente inca­paz de comprender el espíritu moderno. Caverni, aunque se crea muy distinto, es ideológicamente contemporáneo de Urba­no VIII y de los teólogos que condenaron a Galileo: es antimoderno y antihistórico co­mo ellos. Por esto su obra, más que una historia, es un libelo novelado. Su mérito mayor es el de haber recogido, en forma desordenada y tendenciosa, un gran núme­ro de materiales sobre Galileo y sobre su escuela.

S. Timpanaro

Historia del Interdicto, Fray Paolo Sarpi

[Storia dell’interdetto]. Esta obra, tanto en el ma­nuscrito como en la primera edición de 1624, fechada en la Mirandola, pero impre­sa en Ginebra por Marcantonio Pellegrino, lleva el título de Historia particular de los hechos acaecidos entre S. S. Pablo V y la Serenísima República de Venecia en los años 1605, 1606 y 1607 [Storia particulare delle cose succedute fra la Santità di Paolo V e la Serenissima repubblica di Venezia gli anni 1605, 1606 e 1607].

Fray Paolo Sarpi (1552-1623) la emprendió inmediatamente después de curarse de las heridas recibidas en el atentado de que fue víctima la noche del 5 de septiembre de 1607. La inició en la segunda mitad de junio de 1608 y la terminó antes de acabar el año. La obra está dividida en siete libros, el primero de los cuales expone los antecedentes y los acontecimientos del año 1605 en conexión con la controversia; los cuatro libros si­guientes abrazan las vicisitudes del año 1606, y los dos últimos las de 1607. Sigue a los siete libros una conclusión en la que se destaca que la República no quiso en modo alguno ser absuelta por haber defen­dido una causa justa, y por tanto no se estimaba merecedora de la menor censura; que la República entregó los prisioneros a Enrique IV, rey de Francia, que se interpuso como árbitro, y no los soltó a instancias de la Curia; y que la Serenísima no revocó el decreto de expulsión de los jesuitas. La obra, como era de prever, suscitó amplias y vivas polémicas, entre las cuales basta recordar las formuladas por el cardenal Sforza Pallavicino en la introducción a su Historia del Concilio de Trento (v.); mas las polémicas están hoy completamente olvida­das, reconociéndose universalmente, no sólo la escrupulosa veracidad del escrito de Sarpi, sino su sentido de ecuanimidad y su im­pávida seguridad de estar al servicio de la razón, que confieren a sus escritos un valor que supera la anécdota de la disputa ju­risdiccional. El razonamiento tranquilo y seguro está lleno de íntima fuerza, que no tiene necesidad de diluirse en efectos ora­torios; una gran fuerza moral es el secreto de esta prosa seca y vigorosa, sencilla y elegante, a la que confiere belleza la am­plia familiaridad del escritor con los clá­sicos latinos. La edición más reciente de la Historia del Interdicto es la publicada en Bari en 1940, en tres volúmenes, al cui­dado de Giovanni Gambarin.

G. Franceschini

De alto ingenio y de amplísima cultura, no deja traslucir en sus ideas más que lo que puede tener un efecto práctico para aquel tiempo y aquella sociedad, usando una moderación de conceptos y de forma más terrible que la violencia declarada. Cor­ta en lo vivo con un aire de ingenuidad y de sencillez, como quien hace una caricia. (De Sanctis)