Historia del Método Experimental en Italia, Raffaello Caverni

[Storia del método sperimentale in Italia]. Obra de Raffaello Caverni (1837-1900), en seis volúmenes, pu­blicados en Florencia entre el 1891 y el 1910, el último póstumo e interrumpido por el editor. El primer volumen (1891), con­tiene, además de la relación de la junta del Instituto Veneciano que premió la obra en la primera redacción, un amplio «Dis­curso preliminar» en tres partes y ocho capítulos sobre los principales instrumentos del método experimental (termómetro, re­loj de péndulo, anteojo, barómetro, máquina y pila eléctrica, microscopio, cuerno acús­tico, higrómetro, areómetro, pluviómetro y lentes); el segundo volumen (1892), dedi­cado a las ciencias físicas, se ocupa no sólo de las diversas ramas de la física, sino también del sistema planetario y de astro­nomía en general; el tercero (1893), del método experimental aplicado a la historia natural; el cuarto y el quinto (1895-1898), del método experimental aplicado al mo­vimiento de los cuerpos; el sexto (1910), del movimiento de las aguas, que había de continuar en el séptimo. Debía haber tam­bién un breve volumen octavo, donde se tenía que estudiar la teoría del método ex­perimental aplicado a la filosofía, desarro­llando, a lo que parece, las ideas que el autor sostiene en el libro Denuovi studi della filosofía (una especie de positivismo católico, ortodoxo apenas, puesto que en él se ataca en cierto modo a los jesuitas y se defiende a Darwin sin desmentir a Moisés).

La junta del Instituto Veneciano, al premiar la primera redacción, hizo se­rias reservas, especialmente sobre los jui­cios de Caverni acerca de Galileo; pero el autor, al publicar el volumen, en lugar de corregir sus juicios, los exageró hasta lo grotesco. Así, Galileo se convirtió en el viejo tirano de Arcetri, que medita entre las sombrías celosías de su reino (II, 359- 360), y que «instituyó una tiranía en un principado decrépito, usando las artes de todos los conquistadores, la de enriquecerse con los despojos de los muertos» (I, 141). Caverni llega a sostener que «la causa su­ficiente de los odios suscitados contra Ga­lileo» no se encuentra «en la ignorancia de los tiempos ni en las supersticiones reli­giosas», sino en «las ofensas de tantos que quedaron sometidos a su conquista» (I, 142). La obra de Caverni ha sido objeto de nu­merosas críticas, de las que se puede tener una idea por los volúmenes I y II del Ar­chivo de Historia de las Ciencias. Por lo que respecta a los diálogos que Caverni atribuye a Galileo y que son de su in­vención, G. Giovannozzi, que es muy bené­volo con Caverni, hizo una observación que nos parece justa, según la cual no se trata de falsificaciones propiamente dichas, sino de artificio literario. Excluye además que el antigalileísmo de Caverni pueda te­ner relación con su religión y trata de explicarlo como efecto de un carácter que, al envejecer, se vuelve más cáustico y como despecho por la exclusión de Caverni de la Comisión Ejecutiva de la Edición na­cional de la Obra de Galileo.

Es una hipó­tesis gravísima, pero no nos parece acepta­ble y en el fondo ni el mismo Giovannozzi parecía convencido. Para mí, el «odio teo­lógico» interviene en grado sumo, sin ex­cluir del todo cierto espíritu de negación y de denigración e incluso de despecho. Caverni no sólo denigra a Galileo, sino también a Giordano Bruno, a Descartes y a los «racionalistas», y los denigra no sólo y quizá ni principalmente por amor a la Iglesia, sino porque es radicalmente inca­paz de comprender el espíritu moderno. Caverni, aunque se crea muy distinto, es ideológicamente contemporáneo de Urba­no VIII y de los teólogos que condenaron a Galileo: es antimoderno y antihistórico co­mo ellos. Por esto su obra, más que una historia, es un libelo novelado. Su mérito mayor es el de haber recogido, en forma desordenada y tendenciosa, un gran núme­ro de materiales sobre Galileo y sobre su escuela.

S. Timpanaro