Historia General de España, Juan de Mariana

Obra del jesuita español Juan de Mariana (1535- 1624), escrita primero en latín con el título Historiae rebus Hispaniae libri XXX, cuyos primeros veinte libros (15 vols.) se publica­ron en Toledo en 1592; los 10 últimos en Toledo en 1595, y la obra completa en Ma­guncia en 1605. Antes de publicarse los últi­mos cinco libros, Mariana empezó la tra­ducción, o mejor dicho, la redacción espa­ñola de su obra, que fue publicada en Toledo en 1601.

Es ésta la primera histo­ria general de la península ibérica consi­derada desde un punto de vista unitario, no solamente geográfico, puesto que com­prende todos los territorios de la península, inclusive el reino de Portugal, sino también ideal. En efecto, el concepto de España como nación recibe de Mariana su primera afir­mación. Convencido defensor de la monar­quía universal española, que alcanzaba pre­cisamente en estos años su máxima expan­sión, el autor ve en las vicisitudes de los varios reinos ibéricos un proceso histórico que encuentra su plan providencial en la constitución unitaria realizada por Castilla. La exposición analística y sincrónica de la historiografía medieval se resuelve, por con­siguiente, en forma unitaria, culminando en la obra unificadora de la monarquía. La his­toria abraza el amplio período que va desde los orígenes hasta los tiempos del autor (la primera edición española llega a la muerte de Fernando el Católico, en 1516; sin em­bargo, un Sumario añadido en 1616-17 y ampliado en 1623 continúa los acontecimien­tos hasta 1621).

Mariana fue acusado de haber concedido demasiada importancia a cuentos y leyendas, empezando por los mí­ticos «fundadores» de España, como Híspalo, Héspero, etc. Y en verdad los criterios de discriminación de las fuentes son en Ma­riana, principalmente para el período de los orígenes, inciertos e inseguros. Junto a las antiguas crónicas que utiliza sin discerni­miento, saca noticias incluso de los «roman­ces» y antiguos cantares que cree históricos, como las profecías de Merlín, Bernardo del Carpió, etc. Sin embargo, en lo relativo a las épocas históricas, el sabio padre pesa y cri­tica los documentos editados e inéditos, y a menudo recurre al testimonio extraliterario de los monumentos y de las inscripcio­nes. Pero sería vano buscar en la obra de Mariana un pensamiento histórico. A pesar de la clara afirmación política, su historia hay que entenderla en la acepción humanís­tica, es decir, no de indagación científica, sino de relato. Entre los episodios más dra­máticos se cita por regla general el jura­mento que el Cid (v.) impuso al rey Alfonso en Santa Gadea. El escritor dedica al arte narrativo sus principales cuidados, sirviéndose de todos los recursos de la retórica clá­sica, sin excluir el de poner en boca de sus personajes discursos según el estilo de Cice­rón y Quintiliano. Y en sus aspectos litera­rio y apologético, la historia de Mariana, con su estilo arcaico, conciso y vivo, sigue siendo una auténtica obra maestra.

C. Capasso

Historia General de España desde los Tiempos Primitivos hasta Nuestros Días, Modesto Lafuente Zamalloa

Obra del historiador es­pañol Modesto Lafuente Zamalloa (1806- 1866), publicada en Madrid, 1850-1857, en 30 volúmenes. Ha sido, probablemente, la Historia de España más leída y copiada. En­tre sus reediciones destaca la de Montaner y Simón, Barcelona, 1884-1927, en 27 volú­menes, en la que Juan Valera, Andrés Borrego y Antonio Pirala escribieron el período comprendido entre la muerte de Fernan­do VII y la de Alfonso XII; y Gabriel Maura Gamazo la época de la regencia de María Cristina. En el último volumen de esta edi­ción — el 27 — figura un índice general al­fabético que facilita el manejo de la tota­lidad de la obra. En un extenso discurso preliminar (págs. 1-119 del vol. I) expone Lafuente sus ideas sobre la historia de Es­paña y un esbozo del contenido de la obra. Lafuente dio a ésta un carácter conservador. Con gran minuciosidad atiende sólo a la lla­mada historia externa (hechos políticos), que es la que se hacía en tiempos del autor. Las modernas investigaciones han rebasado ampliamente los conocimientos que pudo reunir Lafuente sobre la España primitiva, romana, visigoda y musulmana. Lo mejor de la obra es la parte moderna, desde los Reyes Católicos. Cabe destacar el excelente estilo literario del autor y continuadores. Como continuación de esta obra, Melchor Fernán­dez Almagro publicó su Historia del reina­do de Alfonso XIII (Montaner y Simón, Barcelona, segunda edición, 1934).

J. Reglá

Historia General de la República del Ecuador, Federico González Suárez

De Federico González Suárez (1844-1917). Es la obra monumental del austero y probo historiador que llegara a ser arzobispo de Quito. Para escribirla debió él mismo buscar las fuentes remotas, copiar textos de los archivos españoles o realizar excavaciones con las que inició, al mismo tiempo, la investigación arqueológica. Consideró la historia, más que como la enu­meración de sucesos pasados, como la gran lección de moral de los pueblos. Apasionado por la verdad, no vaciló en denunciar, aun siendo sacerdote, los escándalos de la vida licenciosa en los conventos de frailes y mon­jas, durante la Colonia. Su Historia general de la República del Ecuador, de la que pu­blicó siete tomos que abarcan solamente desde las tribus aborígenes de antes del des­cubrimiento de América hasta el final de la Colonia, provocó contra él rechazo y acusa­ciones que le movieron a escribir su Defen­sa de mi criterio histórico. González Suárez fue, además, varón ilustre de la libertad ecuatoriana: combatió por la separación de la Iglesia y la política, dio instrucciones sa­bias sobre la educación de los niños, predicó por la pureza del apostolado religioso y, en época de tanta agitación como fue la de la revolución liberal, supo mantener digna­mente su puesto, condenando a quienes bajo el pretexto de defender la religión lanzaban las llamadas «pastorales negras» contra el régimen del general Eloy Alfaro.

J. E. Adoum

Historia General de Chile, Diego Barros Arana

La obra fundamental del historiador chileno Diego Barros Arana (1830-1907), publicada en 16 volúmenes, desde 1884 hasta 1902, ver­dadera enciclopedia de noticias sobre ese país, que abarca desde el descubrimiento de parte de su territorio por Magallanes, en 1520, hasta la promulgación de la Cons­titución de 1833, y que traza el cuadro más prolijo de su desenvolvimiento histórico, social y económico.

Constituyó el resultado de muchos años de trabajo de investigación en los archivos españoles y americanos, y su publicación consagró el nombre del escritor chileno entre los más eminentes historiado­res americanos del siglo pasado. Barros Ara­na ejerció gran influencia en la dirección de la enseñanza pública de su país como rector del Instituto Nacional (1863-1872) y rector de la Universidad de Chile (1893- 1896), y como geógrafo desempeñó el im­portante cargo de perito en la cuestión de límites con la República Argentina (1890- 1898). Compuso gran número de textos para la enseñanza de la historia de América, de la literatura y de la geografía física, que han encontrado gran difusión en los países americanos, y gran número de trabajos que se encuentran reunidos en 16 volúmenes de Obras completas. La Historia General de Chile está escrita con una orientación acusadamente nacionalista, y el régimen colo­nial español caracterizado con sombríos rasgos, mientras el movimiento emancipador, al que se consagra casi la mitad de la obra, es bosquejado como el resultado de un lento proceso de agitación de los espíritus.

Barros Arana, inspirado en la orientación de su cultura, y bajo la influencia de los historia­dores Henri Martin y Mignet, dió a su obra un carácter enciclopédico, en la que incor­pora los hechos de la vida política y militar, los rasgos de la vida social y económica y el inventario de la producción intelectual. La obra descansa en el concepto fundamental del progreso incesante de las sociedades hu­manas, pero no pocos de sus prejuicios nos parecen deleznables a la luz de los conoci­mientos actuales. Con sus cualidades y de­fectos, es considerada, sin embargo, la obra cumbre de la historiografía chilena.

R. Donoso

Historia Florentina, Benedetto Varchi

[Storia florentina]. Obra de Benedetto Varchi (1503-1565), que narra en dieciséis libros (el primero y el último incompletos) los acon­tecimientos de Florencia desde la expulsión de los Médicis, en 1527, hasta 1538, sin dejar de anotar los hechos más notables de la historia italiana y europea de dichos años.

El autor, republicano y ex combatiente al lado de los Strozzi en las últimas batallas contra los Médicis, fue invitado a escribir la historia por el duque Cosme, en 1547, y la emprendió, después de concienzudas y sistemáticas investigaciones, sirviéndose de documentos oficiales y de memorias priva­das, entre las cuales hay que recordar las cartas que le dirigió el desterrado G. B. Busini; así su Historia, por la amplitud de las investigaciones de las que es resultado, y por el conocimiento directo de los hechos y de los personajes por parte del escritor, resultó una obra fundamental sobre la últi­ma república florentina, el memorable sitio, el gobierno del duque Alejandro y los ini­cios del principado de Cosme. El principal mérito de Varchi está en no haber renegado de su pasado pese a su empleo de historiador oficial y a la protección ducal; discípulo del austero republicano Jacopo Nardi y compa­ñero de destierro de Donato Gianotti, el úl­timo secretario de los Diez comprendió el valor moral de la extrema resistencia de la Florencia republicana y supo narrar con emoción y simpatía las vicisitudes de aque­lla desigual lucha sostenida por Florencia contra las fuerzas del Papa y del Empera­dor.

Es evidente en Varchi la desconfianza hacia toda intromisión clerical en la vida política y manifiesta dicho sentimiento con imparcialidad de juicio, igualmente desfa­vorable para los Piagnoni y sus adversa­rios, el papa Clemente VII, por no hablar de su opinión sobre Pablo III, a quien ataca también por su hostilidad contra el duque Cosme. Este espíritu anticlerical fue la principal causa de que la Historia no viera la luz hasta 1721. Ciertamente es extraña al espíritu de la Contrarreforma, y más bien entra en el ámbito del pensamiento maquia­vélico, aunque en una página de la Historia se diga del Príncipe (v.) que es una obra «verdaderamente impía». Sustancialmente maquiavélicos son los criterios sobre los que Varchi basa sus juicios como historiador; pero comparando las Historias de Maquia- velo y la de Guicciardini con la suya se advierte una debilitación tanto del vigor de pensamiento como del interés político. La elogiada imparcialidad de Varchi es, de hecho, en ciertos aspectos al menos, indicio de cierta indiferencia hacia la materia tra­tada, que se presenta al autor, más literato que político, como un pasado ya concluso. Por ello sucede a menudo que la Historia asume, en más de un punto, un aspecto de crónica, y que el autor, incapaz de ordenar el rico material, se contenta con registrar todas las noticias que ha logrado recoger.

Así, todo puede resultar igualmente impor­tante: el desafío de Ludovico Martelli y de Giovanni Bandini no ocupa menos espacio que la batalla de Gavinana, y las descripcio­nes de las fiestas, procesiones y ceremonias no parecen importar menos a Varchi que la historia de las intrigas diplomáticas o de las campañas militares. La Historia floren­tina tiene, a este respecto, un valor documental de primer orden: son preciosas para nosotros las informaciones sobre la consti­tución de Florencia, sobre el sistema tribu­tario y sobre el Monte (deuda pública) de la república florentina y, en otro orden de materias, sobre la peste de 1527 y los medios empleados para combatirla. Pero la impor­tancia mayor de la Historia radica precisa­mente en su carácter híbrido, pues mientras por un lado enlaza con la tradición historio- gráfica de los Maquiavelos y Guicciardini, deja presentir ya el estilo de una nueva época cuando, disminuido el fervor por la vida pública, la historia se convertirá, con Borghini y con Ammirato, en mera erudi­ción o mera crónica. La inseguridad que se advierte en la misma concepción de la obra (que oscila entre la crónica y la historia), no podía dejar de reflejarse en el arte del escritor, que es bastante desigual, alternándose en la Historia zonas opacas y páginas insignes, como las que narran la batalla de Gavinana (verdaderamente llena de espíritu épico), y las referentes a la rendición de Florencia, a la muerte de Alejandro y a la elección de Cosme.

Falta en la Historia la unidad estilística que nace de la coheren­cia de pensamiento, de interés, de persona­lidad. Pero a esta misma movilidad de su espíritu, impulsado no sólo por intereses po­líticos, sino también culturales, artísticos y psicológicos, se deben las mejores páginas: sirvan como ejemplo, además de las ya recordadas, los retratos magistrales y en cierto modo definitivos de Filippo Strozzi, el cardenal Hipólito de Médicis, de Lorenzino, el asesino del duque Alejandro. Propia de Varchi es la afición pictórica que le hace destacar los detalles característicos de la fisonomía de sus personajes: no es posi­ble olvidar a Lorenzino, que «no reía, sino que hacía muecas»; ni a Guicciardini, que interrumpe la lectura de las condiciones propuestas a Cosme de Médicis para hacer resaltar la importancia de la consignación anual ofrecida al nuevo señor: «habiendo Guicciardini bajado la cara y levantado los ojos, dijo: Doce mil florines de oro es una bonita suma»; ni a Francesco Ferrucci en Gavinana: «Y como él (Orsini) viera que la plaza estaba inundada de sangre…, dirigiéndose a Ferruccio le dijo, fatigado y cubierto de polvo y de sudor: Señor comisario, ¿no vamos a rendirnos? —No, respondió Ferruc­cio, y agachando la cabeza se lanzó contra una tupida multitud que le atacaba. Entonces el capitán Goro, viendo al comisario general en un lugar demasiado peligroso, quiso ponerse delante de él para protegerle con su cuerpo; pero él, rezongando, lo echó airada­mente hacia atrás y le regañó…»

M. Fubini

Es bastante difuso en el estilo y muchas veces demasiado familiar en la selección de términos y maneras de decir. (Parini).