Historia Florentina, Benedetto Varchi

[Storia florentina]. Obra de Benedetto Varchi (1503-1565), que narra en dieciséis libros (el primero y el último incompletos) los acon­tecimientos de Florencia desde la expulsión de los Médicis, en 1527, hasta 1538, sin dejar de anotar los hechos más notables de la historia italiana y europea de dichos años.

El autor, republicano y ex combatiente al lado de los Strozzi en las últimas batallas contra los Médicis, fue invitado a escribir la historia por el duque Cosme, en 1547, y la emprendió, después de concienzudas y sistemáticas investigaciones, sirviéndose de documentos oficiales y de memorias priva­das, entre las cuales hay que recordar las cartas que le dirigió el desterrado G. B. Busini; así su Historia, por la amplitud de las investigaciones de las que es resultado, y por el conocimiento directo de los hechos y de los personajes por parte del escritor, resultó una obra fundamental sobre la últi­ma república florentina, el memorable sitio, el gobierno del duque Alejandro y los ini­cios del principado de Cosme. El principal mérito de Varchi está en no haber renegado de su pasado pese a su empleo de historiador oficial y a la protección ducal; discípulo del austero republicano Jacopo Nardi y compa­ñero de destierro de Donato Gianotti, el úl­timo secretario de los Diez comprendió el valor moral de la extrema resistencia de la Florencia republicana y supo narrar con emoción y simpatía las vicisitudes de aque­lla desigual lucha sostenida por Florencia contra las fuerzas del Papa y del Empera­dor.

Es evidente en Varchi la desconfianza hacia toda intromisión clerical en la vida política y manifiesta dicho sentimiento con imparcialidad de juicio, igualmente desfa­vorable para los Piagnoni y sus adversa­rios, el papa Clemente VII, por no hablar de su opinión sobre Pablo III, a quien ataca también por su hostilidad contra el duque Cosme. Este espíritu anticlerical fue la principal causa de que la Historia no viera la luz hasta 1721. Ciertamente es extraña al espíritu de la Contrarreforma, y más bien entra en el ámbito del pensamiento maquia­vélico, aunque en una página de la Historia se diga del Príncipe (v.) que es una obra «verdaderamente impía». Sustancialmente maquiavélicos son los criterios sobre los que Varchi basa sus juicios como historiador; pero comparando las Historias de Maquia- velo y la de Guicciardini con la suya se advierte una debilitación tanto del vigor de pensamiento como del interés político. La elogiada imparcialidad de Varchi es, de hecho, en ciertos aspectos al menos, indicio de cierta indiferencia hacia la materia tra­tada, que se presenta al autor, más literato que político, como un pasado ya concluso. Por ello sucede a menudo que la Historia asume, en más de un punto, un aspecto de crónica, y que el autor, incapaz de ordenar el rico material, se contenta con registrar todas las noticias que ha logrado recoger.

Así, todo puede resultar igualmente impor­tante: el desafío de Ludovico Martelli y de Giovanni Bandini no ocupa menos espacio que la batalla de Gavinana, y las descripcio­nes de las fiestas, procesiones y ceremonias no parecen importar menos a Varchi que la historia de las intrigas diplomáticas o de las campañas militares. La Historia floren­tina tiene, a este respecto, un valor documental de primer orden: son preciosas para nosotros las informaciones sobre la consti­tución de Florencia, sobre el sistema tribu­tario y sobre el Monte (deuda pública) de la república florentina y, en otro orden de materias, sobre la peste de 1527 y los medios empleados para combatirla. Pero la impor­tancia mayor de la Historia radica precisa­mente en su carácter híbrido, pues mientras por un lado enlaza con la tradición historio- gráfica de los Maquiavelos y Guicciardini, deja presentir ya el estilo de una nueva época cuando, disminuido el fervor por la vida pública, la historia se convertirá, con Borghini y con Ammirato, en mera erudi­ción o mera crónica. La inseguridad que se advierte en la misma concepción de la obra (que oscila entre la crónica y la historia), no podía dejar de reflejarse en el arte del escritor, que es bastante desigual, alternándose en la Historia zonas opacas y páginas insignes, como las que narran la batalla de Gavinana (verdaderamente llena de espíritu épico), y las referentes a la rendición de Florencia, a la muerte de Alejandro y a la elección de Cosme.

Falta en la Historia la unidad estilística que nace de la coheren­cia de pensamiento, de interés, de persona­lidad. Pero a esta misma movilidad de su espíritu, impulsado no sólo por intereses po­líticos, sino también culturales, artísticos y psicológicos, se deben las mejores páginas: sirvan como ejemplo, además de las ya recordadas, los retratos magistrales y en cierto modo definitivos de Filippo Strozzi, el cardenal Hipólito de Médicis, de Lorenzino, el asesino del duque Alejandro. Propia de Varchi es la afición pictórica que le hace destacar los detalles característicos de la fisonomía de sus personajes: no es posi­ble olvidar a Lorenzino, que «no reía, sino que hacía muecas»; ni a Guicciardini, que interrumpe la lectura de las condiciones propuestas a Cosme de Médicis para hacer resaltar la importancia de la consignación anual ofrecida al nuevo señor: «habiendo Guicciardini bajado la cara y levantado los ojos, dijo: Doce mil florines de oro es una bonita suma»; ni a Francesco Ferrucci en Gavinana: «Y como él (Orsini) viera que la plaza estaba inundada de sangre…, dirigiéndose a Ferruccio le dijo, fatigado y cubierto de polvo y de sudor: Señor comisario, ¿no vamos a rendirnos? —No, respondió Ferruc­cio, y agachando la cabeza se lanzó contra una tupida multitud que le atacaba. Entonces el capitán Goro, viendo al comisario general en un lugar demasiado peligroso, quiso ponerse delante de él para protegerle con su cuerpo; pero él, rezongando, lo echó airada­mente hacia atrás y le regañó…»

M. Fubini

Es bastante difuso en el estilo y muchas veces demasiado familiar en la selección de términos y maneras de decir. (Parini).