Poesías polacas de Marja Konopnicka (1842-1910), publicadas con este título en 1901: Habiendo vivido el período del positivismo, tan desfavorable para la poesía, luego que el trágico fracaso de la insurrección del 1863 había despertado un sentido casi de rebelión contra la poesía romántica y las grandes ilusiones alimentadas por aquélla, Marja Konopnicka se destacó sobre los mediocres poetas de su tiempo gracias a su profundo sentido del dolor universal, la tierna diligencia en favor de los pobres y desheredados, el amor a la tierra y a los campesinos polacos y la fuerza viril de su espíritu e ingenio. Llega a Italia como peregrina que quiere visitar «el templo de la belleza eterna», y desde el umbral saluda con entusiasmo el encanto solar: «Italia: el día se apresura para ir a tu lado, como un amante;/sobre tus amplias aguas, sobre tu vasto cielo/tu sol alado no asciende sino que vuela./pero yo vengo de la tierra en que al amanecer/el alba, llena de lágrimas, implora a Dios/que no le permita ver el viejo dolor del mundo». Fruto de su estancia en Italia es este libro, uno de los más hermosos que sobre la tierra italiana haya creado un artista extranjero, a la vez que uno de los mejores de la poesía polaca.
En ciclos de sonetos, cincelados admirablemente, en tercetos, en cuartetas, en octavas y en las cuartetas populares de heptasílabos y pentasílabos alternados, apropiados para expresar el sentido sencillo y tierno de la naturaleza, la autora canta el Mediterráneo, las madonas de los grandes pintores, el encanto de Florencia y de Toscana. La visión de la Capilla Sixtina parece despertar en la poetisa el espíritu profético de los grandes románticos de su país y su prometeísmo espiritual; para ella, como para aquéllos, la estancia en Italia supuso un período de concentración espiritual, de redescubrimiento de su propia unidad interior: también ella, al abandonar Italia, se encuentra robustecida y más impuesta en su arte. Trad. italiana de Cristina Agosti y Clotilde Garosci (Roma, 1929).
C. A. Garosci
