Italia, Samuel Rogers

[Italy]. Poema del escritor inglés Samuel Rogers (1763-1855). Sugerido por un viaje a Italia realizado por el autor en 1815, se publicó incompleto y anónimo en 1822, y con el nombre del autor y ampliado en 1828. El escaso éxito obtenido hizo que Rogers destruyera los ejemplares no vendi­dos y volviera a publicar el libro después de una cuidadosa revisión y con ilustracio­nes de Turner y Stothard, en 1830.

Es una serie de poemitas descriptivos, parte en verso y parte en prosa; comienza con la descripción del Lago de Ginebra; después se habla del paso del San Bernardo, los Al­pes, cuya grandiosidad le inspira bellísimos versos, y, sucesivamente, de las diversas ciudades de Italia, como Milán, Bérgamo, Venecia, etc. Consagra el capítulo consabido a la góndola y a la plaza de San Marcos. Pero algunos pormenores, la alusión a la tragedia de los Foscari, inspiradora de aquellos versos antes que fuese publicada la tragedia de Byron sobre el mismo tema (como ya advierte el autor), las continuas referencias históricas y literarias a los más grandes nombres de la literatura italiana, hasta el recuerdo de los Novios, demuestran una evidente cultura histórica y literaria. No falta, naturalmente, la delicada refe­rencia a los «bandidos», de los cuales, sin embargo, se hace resaltar también el ca­rácter caballeresco. Para la Italia de aque­llos tiempos «que yace derribada en el pol­vo», no hay en el poema sino compasión, pero no sin un asomo de esperanza en un futuro renacimiento. Una pintura del ita­liano típico, en los poemitas «Venecia», «agudo, juicioso, elocuente, esclavo del amor y del odio, siempre en los extremos», in­curre en el juicio convencional de aquellos tiempos. Bolonia es recordada por sus mil frutos, Florencia es exaltada por su cam­piña: luego desciende hasta Roma, Amalfi, Pestum, Nápoles, para después volver a su­bir a Génova y a sus glorias, a sus estrechas calles. El poemita final, «Adiós», es un eco del pesar del viajero que se aleja.

Publicado después de las obras de Byron y de Shelley, este poema resulta privado de originalidad, pero algunas de sus descripciones de la naturaleza italiana son muy apreciables.

M. L. Giartosio