Jacob, Alexander Kielland

[Jacob]. Novela del escritor no­ruego Alexander Kielland (1849-1906), escri­ta en Copenhague en 1891 durante la es­tancia del poeta en la capital danesa. Jacob es un campesino astuto y testarudo. Deci­dido a prosperar, pone una tienda en su ciu­dad natal, engrandeciéndola de año en año. De este modo, poco a poco se convierte en el hombre más rico y poderoso del lugar gracias a su desfachatez, a su energía y, especialmente, a su falta de conciencia y honradez. En vez de rechazarlo, la sociedad le acoge y le colma de honores. Jacob cons­tituye uno de los episodios de una batalla ética y social sostenida por Kielland. La historia del camino duro y repugnante se­guido por Jacob está escrita como una acu­sación general. La descripción de ambiente es perfecta en todas sus facetas. En el inte­rior de la tienda de Jacob, el cambio gra­dual de las cosas y del «tono» es descrito paso a paso de un modo gráfico. Jacob es el hombre satisfecho de sí mismo y atento solamente a los datos concretos y materiales de la existencia, mientras que el hombre ideal es aquel que, estúpidamente, no está jamás satisfecho de sus propios actos; aquel que avanza por el camino siempre nuevo de la existencia espiritual con el corazón alerta y armado de un profundo sentido de humana comprensión.

G. Puccini

Izayoi Nikki, Abutsu-ni

[Diario de la noche del decimosexto día del mes]. Obra de la es­critora japonesa Abutsu-ni (ni = monja bu­dista), hija de Taira-no-Norishige. De joven, con el nombre de Uemon-no-suke o de Shijó, había servido en la Corte y había casado con Fujiwara-no-Tameie (1197-1275), poeta y hombre de Estado, cuya primera mujer había muerto. Tuvo numerosos hijos, entre ellos Tamesuke y Tamemori. Después de la muerte de su ma­rido, se cortó los cabellos y asumió el nom­bre religioso de Abutsu-ni, y con éste es conocida en la literatura. Al morir, Tameie había dejado a su hijo Tamesuke una granja en la provincia de Harima; pero Tameuji, uno de los hijos de su primera mujer, se adueñó ilegalmente de ella, negándose a devolverla a su hermanastro Tamesuke. En­tonces Abutsu-ni, el decimosexto día de la décima lunación (la expresión «Izayoi» del título significa: la noche del decimosexto día) de 1277, emprendió el viaje desde Kyótó, la capital, a Kamakura, para defender los intereses de su hijo delante de los jueces de esta ciudad.

El Izayoi Nikki es la narra­ción de este viaje, donde la autora describe todo lo que vio, escuchó y buscó durante el trayecto, hasta llegar a su destino. El plei­to lo ganó en 1280 y el diario apareció al poco tiempo. Conocido también con el título de Abutsu-ni Azuma-kudari [El viaje de Abutsu-ni hacia el Este] está escrito en un estilo sencillo y delicioso que revela en la autora una viva y exquisita sensibilidad artística. Aunque producido en la época de Kamakura (1186-1332), este diario es toda­vía un hijo genuino, aunque tardío, de la bella literatura de la época Heian (794-1186); sin embargo, frente al optimismo de las obras de su mismo género, especialmente del Tosa Nikki (v.), presenta el notable contraste de un espíritu elegiaco que llena toda la obra. Abutsu-ni es muy conocida y apreciada también como poetisa, y sus poe­sías, muchas de ellas incluidas en el libro, fueron insertadas en las colecciones oficia­les (v. Chokusen-shu). Al final del diario hay una «nagata» (poesía larga, com­puesta de versos de cinco y siete sílabas alternadas, con un verso final de siete síla­bas), importante por prenunciar la poesía de la época de los Tokugawa (1603-1868).

M. Muccioli

Iván Pidkova, Taras Sevčenko

Poema de Taras Sevčenko, poeta ucraniano (1814-1861), escri­to en 1839, publicado por vez primera en 1840, en San Petersburgo, en la primera colección de sus poesías, titulada Kobzar’ (que significa algo como «romancero»). Iván Pidkova es el nombre histórico de un jefe de los cosacos ucranianos, pretendiente al trono de Moldavia, degollado en 1578 por orden de Esteban Bathory, rey de Polonia. En este poema, Sevčenko describe. una imaginaria expedición marítima de Ivan Pidkova contra los turcos. Llama la aten­ción especialmente el extraño dinamismo y la concisa plasticidad del lenguaje. El viaje está descrito en diez líneas; para narrarlo en prosa harían falta, como dice uno de sus críticos, algunas páginas. Al valor artístico de los medios poéticos co­rresponde la aguda penetración en el espí­ritu del comandante y de las tropas. En la primera parte del poema el autor subraya el hecho de que los cosacos ucranianos «sabían mandar, sabían conquistar la gloria y la libertad»; con ellos contrasta el estado actual de sus descendientes. La segunda parte del poema nos presenta este cuadro, que consiste en la imagen de una sociedad completamente disciplinada, donde entre jefes y subordinados reina la más absoluta confianza, que permite llevar a cabo gran­des obras. La idea fundamental del Iván Pidkova es que sólo puede dominar la natu­raleza y a los hombres quien ante todo sabe dominarse a sí mismo y conoce el arte de la disciplina social.

E. Onastskyi

Iwein, Hartmann von Aue

Poema alemán de Hartmann von Aue (muerto aproximadamente en 1220), re­elaboración del lvain de Chrétien de Troyes (siglo XII).

El héroe Iwein (v. Ivain), después de vencer y matar al Caballero de la Fuente, se casa con su viuda, Laudine, pasando a ser de este modo el defensor de la fuente encantada. El sabio Gawein le advierte, empero, que el amor no debe hacerle olvidar las aventuras como hizo Erec (v.), e Iwein parte en busca de gloria, prometiendo a Laudine que volverá dentro de un año. Arrastrado por sus aventuras, el caballero deja transcurrir este plazo y, cuando Laudine le acusa de infidelidad, enloquece de dolor. Al volver en sí lleva a cabo nuevas hazañas, ayudado por un león, al que había liberado de una ser­piente, y al volver cubierto de gloria, se reconcilia con su esposa. Aunque siga fiel­mente el texto francés, en el conjunto, Iwein es, estilísticamente, uno de los más perfectos poemas de la Edad Media ale­mana.

No es nunca una mera traducción, sino interpretación, que añade o quita de­talles al relato, a menudo profundiza o bien cambia las situaciones psicológicas, y «revive» el texto transportándolo al nuevo idioma. La impresión dada por la lectura del nuevo texto es, por lo tanto, armónica y unitaria, dominada por un acento perso­nal, siempre «sottovoce», aunque siempre presente. El tono sentencioso y moralizante de Hartmann von Aue se eleva así a ver­dadera poesía, y la gracia del estilo, carac­terística de este escritor, se conforma, a la gentileza de los sentimientos caballerescos que inspiran este poema y que aparecen en aspectos típicos del espíritu germánico.

B.D. Ugo

Ivain, Chrétien de Troyes

[Ivain ou le chevalier au lion]. Poema del escritor francés Chrétien de Troyes (siglo XII). Ivain (v.), caballero de la corte del rey Artús (v.), parte para el bos­que de Brocelianda (donde se encuentra la fuente maravillosa que, al ser tocada, des­encadena una espantosa tempestad) para vengar a un compañero desarmado y derri­bado por un misterioso caballero; Ivain, por el contrario, consigue vencerle y herirle mortalmente, persiguiéndole hasta su cas­tillo, donde, sin embargo, es hecho prisio­nero y en el que hubiera corrido grave peli­gro de no haber acudido en su ayuda la joven Lunette, dándole el anillo que hace invisible. Con este anillo ve sin ser visto a la bella viuda de su víctima, se enamora y consigue casarse con ella. Después de al­gún tiempo, inducido a reemprender la vida de torneos y aventuras, Ivain vuelve con sus compañeros y olvida el plazo concedido por su mujer, que, enojada, le manda a de­cir que no vuelva más a su lado y que le devuelva su anillo.

Loco de dolor, Ivain anda errante de aventura en aventura, se­guido por un león al que ha salvado la vida, hasta que obtiene el anhelado perdón de la amada. Chrétien de Troyes se ha ser­vido para este poema de varios elementos célticos en los cuales predominan lo fantás­tico y lo maravilloso, pero los ha tratado con nuevo espíritu; se ve aquí, como en el Erec y Enide (v.), una crisis del amor con­yugal, pero Ivain representa el símbolo del marido-amante perfecto. Ningún otro héroe de Chrétien de Troyes encarna mejor que Ivain la ennoblecedora virtud del amor, que es uno de los motivos dominantes en toda la poesía cortés: Ivain es el primer tipo perfecto del «caballero errante» mantenedor del derecho, reparador de injurias y liber­tador de los oprimidos. En cuanto a Laudina, la viuda pronto consolada y luego es­posa de Ivain, constituye un motivo que pertenece al folklore universal y que el autor utiliza para hacer una delicada pin­tura del amor y de la coquetería innata. En una narración galesa de principios del si­glo XIII, Owein (v., y v. Mabinogion), en­contramos la misma historia narrada del mismo modo. En alemania, Hartmann von Aue lo imitó en la novela Iwein (v.).

C. Cremonesi