Ivain, Chrétien de Troyes

[Ivain ou le chevalier au lion]. Poema del escritor francés Chrétien de Troyes (siglo XII). Ivain (v.), caballero de la corte del rey Artús (v.), parte para el bos­que de Brocelianda (donde se encuentra la fuente maravillosa que, al ser tocada, des­encadena una espantosa tempestad) para vengar a un compañero desarmado y derri­bado por un misterioso caballero; Ivain, por el contrario, consigue vencerle y herirle mortalmente, persiguiéndole hasta su cas­tillo, donde, sin embargo, es hecho prisio­nero y en el que hubiera corrido grave peli­gro de no haber acudido en su ayuda la joven Lunette, dándole el anillo que hace invisible. Con este anillo ve sin ser visto a la bella viuda de su víctima, se enamora y consigue casarse con ella. Después de al­gún tiempo, inducido a reemprender la vida de torneos y aventuras, Ivain vuelve con sus compañeros y olvida el plazo concedido por su mujer, que, enojada, le manda a de­cir que no vuelva más a su lado y que le devuelva su anillo.

Loco de dolor, Ivain anda errante de aventura en aventura, se­guido por un león al que ha salvado la vida, hasta que obtiene el anhelado perdón de la amada. Chrétien de Troyes se ha ser­vido para este poema de varios elementos célticos en los cuales predominan lo fantás­tico y lo maravilloso, pero los ha tratado con nuevo espíritu; se ve aquí, como en el Erec y Enide (v.), una crisis del amor con­yugal, pero Ivain representa el símbolo del marido-amante perfecto. Ningún otro héroe de Chrétien de Troyes encarna mejor que Ivain la ennoblecedora virtud del amor, que es uno de los motivos dominantes en toda la poesía cortés: Ivain es el primer tipo perfecto del «caballero errante» mantenedor del derecho, reparador de injurias y liber­tador de los oprimidos. En cuanto a Laudina, la viuda pronto consolada y luego es­posa de Ivain, constituye un motivo que pertenece al folklore universal y que el autor utiliza para hacer una delicada pin­tura del amor y de la coquetería innata. En una narración galesa de principios del si­glo XIII, Owein (v., y v. Mabinogion), en­contramos la misma historia narrada del mismo modo. En alemania, Hartmann von Aue lo imitó en la novela Iwein (v.).

C. Cremonesi