Kādambarī, Bāna

Obra incompleta del poeta indio Bāna (o Bānabhatta), que vivió en la corte del rey Harsavardhana de Thānesar (606-648, d. de C.), y terminada por el hijo del poeta, Bhūsanabhatta. La novela se basa en una leyenda que hallamos en el Kathāsaritsāgara (v. LIX, 22-178) y en la Brhatkathāmañjarī (v.) de Ksemendra, sa­cada probablemente de la obra de Gunādhya, y está constituida por una serie de cuentos intercalados. Alrededor de los amores, en­cendidos con la primera mirada, entre Candrāpīda y la bella Kādambarī, se desarrollan otros relatos sobre los anhelos y las penas de amor, con descripciones, comparaciones y juegos de palabras.

La narración está en­tremezclada de diálogos, con frecuencia bas­tante vivos. La novela tiene importancia para la historia de la cultura india; en particular nos permite conocer la vida y los sentimientos religiosos de los círculos sivaíticos; hallamos, por ejemplo, enumeradas todas las prácticas que Vilāvasatī realiza para conseguir tener un hijo. En otro mo­mento el poeta juzga severamente la cos­tumbre de quemar a la viuda en la misma pira que consume al esposo. Esta novela ejerció mucha influencia sobre la novela jaina. Fue publicada por P. Peterson, en la «Bombay, Sanskrit Series», el año 1883. y traducida, aunque no enteramente, al inglés, por C. M. Ridding (Londres, 1896).

A. M. Pizzagalli

Kalāvilāsa, Ksemendra

[El juego de las (malas) artes]. Poema didáctico indio de Ksemendra (siglo XI), en diez partes, sobre las artes («kala») y astucias de los hombres.

El mercader Hiranyagupta lleva a su hijo Candragupta a un famoso maestro de todas las pi­cardías, Mūladeva, y le ruega que se haga cargo de la instrucción de su hijo. Mūladeva consiente, toma al hijo en su casa y le instruye en todas las artes, las astucias y las estafas. Las doctrinas de Mūladeva for­man el contenido del poema. En el centro de todas las estafas y embrollos está la hi­pocresía. Son descritos con particular veris­mo los hipócritas religiosos, y por fin se cuenta un mito de la creación de Dambha (espíritu de la hipocresía), presentado como un gran asceta que está murmurando unas plegarias con el rosario en la mano. Tiene hasta tal punto la apariencia de un santo, que los siete Rishi le demuestran la más profunda veneración, y el mismo creador Brahma lo alaba por su extraordinaria penitencia, pero él ruega al dios que hable despacio y que se tape la boca con la mano, para no ser manchado por su aliento impuro.

Dambha ha llegado a la tierra y se ha dividido de mil maneras entre todos los seres. Ha establecido su morada en la boca y en el rostro de los altos funcionarios, y también ha penetrado en el corazón de los ascetas, astrólogos, médicos, criados, etc.; ha penetrado hasta en los pájaros, por ejemplo entre las garzas reales que están en la orilla de los ríos como unas penitentes; ha llegado a los árboles, que, cubiertos de corteza, parecen unos ascetas. En la VII parte, el poeta ataca duramente a los cantores y bardos ambulantes, descritos como unos gitanos, vagabundos que sacan a los ricos su dinero y que nunca poseen nada, ya que lo que ganan por la mañana con su canto lo gastan por la tarde en el juego. Los joyeros son satirizados en la VIII parte como ladrones de metales y engañadores. En la IX nos describe un grupo modelo de estafadores. Entre ellos el médico, que mata a miles de hombres con sus curas, empleando todas las hierbas posibles para hacer alarde de su doctrina. Vemos al astrólogo que simula meditar sobre los planetas, con el rostro trastornado, para caer en gracia a los poderosos, y no sabe que mientras tanto su mujer está con sus amantes. También es descrito el fabricante de elixires, cuyo cráneo calvo parece una cacerola de cobre, que sin embargo, logra sacar dinero a los calvos haciéndoles creer que les devolverá sus cabelleras.

Ksemendra es un escritor pedante, aunque con gran experiencia de la vida, agudo observador, pintor no vulgar de ambientes y de costumbres y, por lo tanto, de mucho interés para el conocimiento de su época. La obra fue publi­cada en la colección Kāvyamālā (I. 34 y siguientes), traducida al alemán por R. Schmidt (Eisleben y Viena, 1914).

A. M. Pizzagalli

La Juventud de Martín Rikk, Söderberg

[Martin Bircks ungdom]. Obra autobiográ­fica del escritor sueco Söderberg (1869- 1941), publicada en 1901- Martín Birck, hijo único, vive aislado en la paz tranquila do su casa, y los primeros contactos con el mundo exterior, efectuados en la «vieja calle», le abruman con su brutalidad. En aquel ambiente, apartado de la verdadera vida, crece el niño, y su áspera soledad le acompaña en su infancia y en su ju­ventud. y le aísla del mundo cada vez más. Su soledad se acentúa después, cuando, embebido en las ideas naturalistas de su época, pierde poco a poco sus creencias re­ligiosas y so aleja de su familia. Solo y retraído vive como puede, al margen de la vida, incapaz de procurarse los medios ne­cesarios para casarse con la mujer que ama: y su amor se marchita, pierde sueños y es­peranzas; así pasa y termina la juventud de Martín Birck; poesía, ideas e ilusiones, todo queda encerrado y sellado en una opaca indiferencia, y Martín se conviene en un pobre empleado que a la luz do la lámpara verde, trabaja apático, resignado y vencido.

En este libro, que tiene páginas de verdadera poesía, como aquellas en que la noche invernal absorbe y encierra a los dos amantes desolados y solos, hechas más expresivas por lo apagado de la narración, hallamos fascinadoras descripciones de la ciudad natal del autor. Es este uno de los innumerables puntos de contacto de este libro con la obra de Strindberg, quien, con su Sala roja (v.) y El hijo de una cria­do, (v.) parece haber inspirado y guiado esta autobiografía de Söderberg.

A. Ahnfelt

Juventud, Egolatría, Pio Baroja

Retazos de bio­grafía, opiniones y recuerdos del novelista español Pio Baroja (1872-1956). Libro publicado en 1917. La fecha de su aparición y el título son sintomáticos; el prólogo es un justificante: la ponderación de lo intelectual en la circunstancia de las obsesio­nes bélicas.

El autor comenzó a escribir pensando en una biografía corta; pero tan solo hacia la segunda mitad del libro con­siente en dar una continuidad histórica a sus páginas. Lo que da la pauta al libro, estructurado en unidades de dos o tres pá­ginas, son las evocaciones, críticas y pen­samientos del autor sobre temas múltiples. «Obra de Higiene» la llama el propio Ba­roja porque en ella «airea su vanidad y su egotismo». El primero de los diecisiete gru­pos de artículos («Las nociones centrales»), presenta al protagonista la mente barojiana. Esta mente recuerda, comenta e interpreta los temas; sean estas escenas de la infancia, sucesos de la época, personalida­des y obras políticas e intelectuales. Todo se mezcla, se superpone, hilvanándose tan solo en el perfil ideológico del autor.

En una segunda agrupación de comentarios ti­tulada «Yo escritor», se incluyen sugeren­cias sobre la Religión, menospreciada en todo momento; sobre el anarquismo, pro­fesado por el autor; sobre el propio senti­miento patriótico; sobre problemas sexua­les; y tantos otros asuntos, expuestos lodos con fuerza y facilidad. Entre ellos cabe destacar el titulado «Baroja, no serás nun­ca nada», situado rigurosamente en la línea que el titulo general de la obra sugiere. El agrupamiento tercero. «El extrarradio», posee mayor cohesión. Se encuentran en él consideraciones de índole literaria: lo que Baroja piensa de los estilos literarios y del suyo propio: sus inclinaciones literarias, las antipatías que la pluma le ha deparado y su posición en el campo de las letras. Las tres agrupaciones siguientes engloban breves juicios sobre las obras de otros lite­ratos. filósofos e historiadores, pero tam­bién aquí lo que importa es Baroja mismo: lo que él piensa y cómo llegó a pensarlo, y por qué su opinión es más razonable que las otras.

Con la agrupación VII, «Mi fami­lia». comienza la que viene a ser segunda parte de la obra. Al principio está la «Mi­tología familiar», en donde se da noticia de los antepasados ilustres que la familia quiere arrogarse (un santo, un venerable, un conquistador, un historiador). Tras la fijación exacta de los datos de su ascen­dencia y nacimiento, comienzan los recuer­dos de infancia: San Sebastián, menospre­ciada por el intelectual: Monseñor el gato; los locos; el gavilán; el paso por Madrid; Pamplona (con el episodio del canónigo Larequi); las primeras lecturas. Más tarde aparece el autor en sus épocas de mal es­tudiante, de su estancia en Valencia, de su licenciatura en Medicina, a la cual siguió un corto ejercicio en Cestona. Tiene que vivir aún la etapa de panadero y las inco­modidades burocráticas que tal industria le reporta, hasta enfocar decididamente el ca­mino de las letras. Y de ello traía en las agrupaciones XII. XIII y XIV, donde pre­senta el ambiente de los cenáculos litera­rios, los primeros intentos, y las ideas nun­ca abandonadas. Por estas páginas desfilan con su cotidianeidad figuras conocidas: Azorín. Ortega. Valora. Guarda Baroja el re­cuerdo de lo que cada uno opinó de Baroja.

Termina el libro con la exposición desordenada de su ideario y afán de lucha. Nociones todas ellas confusas, entre las que cabe tanto lo que Baroja dice de sí mismo («Soy un enamorado de todo lo que huye.») como la opinión que de él tenía su primo Justo: «Tú, Pío, aunque te vistas de anarquista, socialista o golfo no eres más que un señorito».

R. Jordana

Juventud en Poesía y Canto, Holger Drachmann

[Ungdom i Digt og Sang]. Es uno de los más notables volúmenes de poesía publicados por el poeta danés Holger Drachmann (1846- 1908), aparecido en 1879. Artífice magistral, en cierto sentido comparable a D’Annunzio, maneja el verso con una movilidad nueva, con una musicalidad a veces excesiva. Siente y canta sobre todo a la mujer, con ternuras o con sensualidad, sirviéndose a menudo de alusiones y iones fantásticas; pero no es menor su sentido de la naturaleza, y ha pintado a la perfec­ción ciertos paisajes daneses e italianos. En Juventud en poesía y canto están recogidos diversos tipos de composiciones: algunos poemas polémicos y de carácter político o ideológico de escaso interés, «Imágenes del tiempo y características» (por ejem­plo, «En el Circo Máximo», «Androcles y el león»), «Música y letras» y poemas de inspiración más pura, entre los que se encuentra la espléndida «Gran serenata a Venecia», etc.

G. Puccini