La Libertad Creadora, Alejandro Korn

Ensayo filosófico del pensador argentino Alejandro Korn (1860-1936), publicado en el primer tomo de las Obras, editado por la Universi­dad de La Plata en 1938.

El contenido del ensayo es el siguiente: el universo es un hecho de conciencia, pero ni el realismo ingenuo, indefinible después de la crítica kantiana del conocimiento, ni el idealismo subjetivo, que supone el mundo una crea­ción del yo, son válidos. La conciencia se desdobla en sujeto y objeto. La conciencia es el teatro de los conflictos y armonías entre el sujeto que siente, juzga y quiere y el objeto que se amolda y resiste. Las relaciones mutuas se entablan por medio de formas mentales. Punto de partida del conocimiento es el intuir. La intuición se organiza en conceptos. Éstos son vacíos sin el contenido intuitivo a que se aplican, pero tampoco existe la intuición pura. La conciencia, como acción, proceso y fluir con­tinuo, hace de la llamada realidad una «ac­tualidad». El mundo objetivo obedece a normas necesarias. El mundo subjetivo es libre. En el segundo actúa la voluntad. Frente al mecanismo físico se yergue el yo autónomo. Pero su libertad es de querer, no de hacer.

La libre expansión de la vo­luntad está cohibida por coerción de la ne­cesidad. El sujeto es autónomo, pero no soberano; su poder no equivale a su que­rer, y por eso tiende sin cesar a acrecen­tarlo. Así como el sujeto pretende sustraerse a la coerción para alcanzar sus propios fines, también quiere emanciparse de sus propias condiciones: impulsos, afectos, yerros. Al dominio sobre la naturaleza debe agregar el dominio sobre sí mismo. Esa disciplina de la voluntad nos da la libertad ética. Al lado de la finalidad económica se establece una finalidad moral. Soportamos la ley físi­ca, dictamos la ley moral, que podemos infringir. La ley moral es un postulado de nuestra libre voluntad. Libertad y ética son términos correlativos. Ninguna ética puede constituirse sobre una concepción mecanicista de la personalidad. Libertad económi­ca, dominio sobre el mundo objetivo, y libertad ética, dominio de sí mismo, cons­tituyen unidas la libertad humana, la cual se actualiza en la medida de nuestro saber y poder. El principio eminente no es la lucha por la existencia, sino la lucha por la libertad; a cada paso, por ésta se sacri­fica aquélla. La libertad deviene. Afirmarla es la expresión más genuina del sujeto. Éste fija valores, aunque transitorios. Ellos crean la obligación, el deber, la responsa­bilidad, la consiguiente sanción. No hay ética posible sin sanción subjetiva. En los capítulos finales extiende la investigación al problema metafísico.

La conclusión de su razonamiento dialéctico es que no pode­mos aspirar más que a una/ciencia de lo re­lativo y jamás habrá una ciencia de lo absoluto; que ni el empirismo ni el racio­nalismo pueden lograrla. Ni lo eterno ni lo absoluto están en nuestra intuición. Lo ab­soluto se presenta en la conciencia como una aspiración. El hombre dispone de tres medios para contestar a las interrogaciones más vehementes de su espíritu: la metafí­sica, el arte y la religión. Ninguno de ellos excluye los otros; por el contrario, se apoyan mutuamente. Korn rinde homenaje a los grandes sistemas metafísicos, «mitos racio­nales», obras imperecederas del arte, fuentes de intensa emoción intelectual. Como de­mostró Kant, la metafísica como ciencia es imposible; pero tampoco podemos pensar y vivir sin metafísica. El conocimiento cierto debe ser coronado con la creación simbólica. La libertad creadora concluye con una visión de la armonía de fuerzas universales, «expresión quizás de una sola y eterna energía cósmica», y una lírica afirmación de la futura redención del hom­bre por la libertad.

R. F. Giusti

La Libertad, Piero Martinetti

[La libertà]. El examen del problema de la libertad ofrece en esta obra — publicada en 1928 — la ocasión a Piero Martinetti (1871-1943) de exponer su concepción moral.

La primera parte de la obra comprende un cuidadoso examen críti­co de las teorías fundamentales acerca de la libertad, consideradas, no históricamente, sino según el tipo de su solución. El problema de la libertad, según Martinetti, no es un mero problema psicológico, aunque se relaciona con el estudio de la voluntad, y su solución se refiere en apariencia a la obser­vación interior; se entrelaza de modo indi­soluble con las cuestiones metafísicas más profundas, y no es sino un momento parti­cular de un problema más- vasto que se ex­tiende a toda la realidad. Se puede definir la libertad en sentido general como «aquel estado en que un ser no es impedido de realizar las disposiciones e inclinaciones que constituyan su naturaleza». La forma primera, por lo tanto, e inmediata de libertad es la espontaneidad, «por la cual el espíritu en todo momento crea, con los elementos en que se ha fijado y determi­nado su vida, una unidad superior viviente en que se expresa más adecuadamente su verdad. La libertad vive en el desarrollo, en la liberación y en la creación» y no es mera negación del proceso causal, sino su integración en un finallsmo más vasto. Ahora bien, la vida humana tiene su verdad en la razón; la libertad que aquí ha sido consi­derada en su inmediatez como espontanei­dad creadora sé actúa verdaderamente con el actuarse de la conciencia racional. El sistema conceptual del intelecto determina con la estructura lógica de la experiencia el orden de los medios y los fines, y en vista de éstos la voluntad construye y actúa como libertad práctica que tiene en el sistema del derecho su más plena com­prensión.

Pero más alta que la síntesis em­pírica del intelecto se eleva la síntesis ideal de la razón. Ésta tiende no al orden de la experiencia empírica, sino a la absoluta Unidad y a sus formas puras, que tras­ciende la experiencia misma, si bien actúa en ella como un deber ser supremo. «La voluntad inteligente se convierte por su extensión a los fines universales absolutos, en voluntad racional; la libertad práctica se convierte en libertad moral». La voluntad actúa aquí en vista de ideas universales, y «la unidad que por ella se expresa es la unidad de la ley moral, principio formal de todos los motivos morales concretos». La libertad moral «no es, por lo tanto, una absurda facultad del bien y del mal; es una sola cosa con la potencia, con la dig­nidad del alma recta; faltar a la ley moral es volver a caer bajo el dominio del im­pulso, perder la libertad moral». Conside­rada en su conjunto, la libertad es, pues, para el hombre «liberación gradual de los vínculos de las necesidades interiores y accesión hacia la unidad formal de su prin­cipio inteligible». Este principio es un momento absoluto de Dios, en que toda la realidad tiene su verdad. «La esencia y el principio de la libertad del hombre está, pues, en su personalidad divina, en su ser absoluto, así como está coexistencialmente en la razón absoluta». En esta obra, en la que se tiende a eliminar la ambigüedad de la teoría kantiana de la libertad, el racio­nalismo moral asume una vaga tonalidad religiosa.

A. Banfi

De la Libertad Comercial o Principios de Economía Política Aplicados a la Legislación del Comercio, Jean-Charles-Léonard Simonde de Sismondi

[De la liberté commerciale, ou Principes d’économie politi­quee, appliqués a la legislation du commerce]. Tratado del escritor suizo Jean-Charles-Léonard Simonde de Sismondi (1773- 1842), publicado en Ginebra en 1803. Aun limitándose a las relaciones de la econo­mía política con la legislación, sin dar la debida amplitud a la economía política en sus elementos constitutivos, indica bas­tante bien la actitud liberal del autor. Éste declara seguir las teorías de la econo­mía clásica del inglés Adam Smith, inten­tando adaptar a Francia y a su legislación los pensamientos que el famoso economista expresaba refiriéndose a su patria. Sostiene con vigor polémico la libertad de cambio, de trabajo, de competencia, contra toda ingerencia del Estado, aunque proponiendo también defender con el monopolio la eco­nomía nacional. El tratado revela ciertas preocupaciones éticas particulares por la libertad de comercio y la organicidad de la familia y del Estado en el mundo mismo de los negocios y de la industria, que Sis­mondi, historiador, economista o literato, no se propone ocultar nunca.

C. Cordié

Libertad Bajo la Nieve, Mór Jókai

[Szabadság a hó alatt]. Novela del húngaro Mór (Mau­ricio) Jókai (1825-1904), publicada en 1879. El fondo histórico de la narración es un episodio dé la lucha contra el despotismo ruso: la conspiración de 1824-25 contra el zar Alejandro, y entre los personajes prin­cipales encontramos también al poeta Pushkin. Éste ama a la cantante finlandesa Zeneida Umerinen, quien corresponde a su afecto, aunque no quiere que el poeta sea implicado en la conspiración de la que ella es el alma. Uno de los conspiradores más comprometidos, el príncipe Gnedimín, tam­bién ama a Zeneida, aunque sin esperan­zas. Durante una inundación del Neva, Ze­neida y Pushkin salvan la vida de la hija del zar y de su amiga Betsabé, princesa de Georgia, la que al final se casa con el poeta Pushkin. Al subir al trono el zar Ni­colás, la conspiración es descubierta; Gne­dimín es condenado a muerte, y sólo gracias a las súplicas de Zeneida se le indulta, con­denándolo al destierro. La cantante, que ha renunciado al poeta, se casa entonces con el condenado para seguir la suerte de aquel hombre fiel.

La novela, que funde de una manera romántica historia y fanta­sía, no es una de las obras maestras de Jókai, aunque se hallan en ella todas las mejores cualidades del escritor: el fuerte vigor narrativo y descriptivo, el sentido de lo pintoresco y de lo exótico, y el profundo interés social, que lleva al escritor a resol­ver la historia en el impulso del hombre hacia la libertad. Jókai ha sacado la mayor parte de su descripción de la Rusia zarista de un libro del marqués Astolphe de Custine: La Russie en 1839, publicado en París en 1843.

G. Hankiss

Libertad, Santiago Rusiñol

[Llibertat]. Comedia en tres actos del pintor, comediógrafo y novelista catalán Santiago Rusiñol (1861-1931), estre­nada el 2 de octubre de 1901. La acción tiene lugar en un pueblo de la costa catalana donde se celebran unos insólitos fes­tejos con motivo de ser nombrado hijo adoptivo del pueblo el indiano «don Patríciu». Uno de los caciques de la localidad, Pere-Antón, que estuvo unos días en Amé­rica, habla con entusiasmo de aquélla, de su democracia, de su igualdad y de su pro­greso, y, sobre todo, de su libertad, sagrada y mítica, pero que para Pere-Anton con­siste en no hacer nada. El diario «El clamor del pueblo ilustrado» prepara un número extraordinario. Se suceden discursos del alcalde, del secretario y de «don Patríciu», que habla una hórrida jerga castellano- catalana. El acto termina con la colocación de una lápida. Pero «don Patríciu» viene acompañado de un pequeño negrito que hace las veces de criado. Las señoras del pueblo consiguen que su amo se desprenda de él, lo bautizan con el nombre de Jaume Negret, y es adoptado por Pere-Anton. Ya mayor, el negrito se enamora de Florentina, la hija de Pere-Anton, el cual no consiente dicho matrimonio. Al invocar Jaume Ne­gret la cacareada igualdad, Pere-Anton con­fiesa que aquélla sólo sirve para la polí­tica, pero no para las cosas serias como el matrimonio. El negro acaba marchándose del pueblo. El humor de Rusiñol juega con el efecto de ciertos castellanismos catalanizados (adalantu, géneru famaninu). La obra es, en el fondo, una sátira, pero no contra los principios democráticos y libera­les, sino contra los incultos que los enarbolan sin tener idea de su contenido ni de su alcance.

A. Manent