El Libro de la Tradición, Abraham ben Daud ha-Leví

[Séfer séder-ha-qabbalá]. Obra histórica del judío español Abraham ben Daud ha-Leví (hacia 1110-1180), escrita en hebreo, en 1160-1161, y publicada por vez primera en Mantua, en 1513, y, tras muchas ediciones, editada críticamente por Ad. Neubauer («Mediaeval Jewish Chronicles», Oxford, 1887). Se trata de una historia del Judaísmo a través de sus doctores, escrita para demostrar la continuidad de la tradición oral contenida en la Mišná (v.) y en el Talmud (v.), tra­dición negada por los herejes caraítas (secta de la que existía un núcleo en la Toledo de la época). La obra está dividida en «órdenes», subdivididos- en «generacio­nes», y en general tiene escaso valor crí­tico, excepto el último «orden», que se re­fiere al traslado del rabinato a España, a los rabinos españoles y a la protección que Alfonso VII dispensó a los judíos. Ésta es la parte más considerada, sobre todo por ser fuente única de ciertos episodios. Abraham ben Daud escribió también un tratado filosófico (v. La fe sublime) y dos apéndices históricos al Libro de la Tradi­ción, de escaso interés ambos. [Trad. es­pañola de Jaime. Bages Tarrida («Revista del Centro de Estudios Históricos de Gra­nada y su reino», XI (1921), 105-1781.

D. Romano

Libro de las Mujeres, Fr. Francesc Eiximenis

[Libre de les Dones]. Obra del teólogo catalán Fr. Francesc Eiximenis (hacia 1340-1409). Fue es­crita con posterioridad al Crestia (v.), pues en el Libre de les Dones (caps. 67, 215, 242 y 262) se citan el libro Tercero y el Doce de aquella magna compilación. Puesto que el Doce fue terminado en 1392, y uno de los manuscritos del Libre de les Dones fue copiado en 1398, la fecha de composición de esta última obra ha de colocarse entre estos dos años. El P. Martí de Barcelona (Fra Francesc Eiximenis, «Estudis Fran­ciscans», XL, 429) le asigna, sin aportar pruebas muy concluyentes, la fecha apro­ximada de 1396. El Libre de les Dones fue dedicado a Doña Sancha Ximenis de Are­nos, condesa de Prades.

Está dividido en dos partes principales, de extensión muy desigual. La primera (caps. 1-14) trata de las mujeres en general; la segunda (ca­pítulos 15-396), de los cinco estados de la mujer: infantas, doncellas, casadas, viudas y religiosas. Las divisiones de esta parte son también de extensión muy diferente: a las infantas sólo se les dedican tres ca­pítulos (15-18); a las casadas, muchos más (31-94), y a las viudas sólo cinco (95-100). La parte consagrada a las religiosas (ca­pítulos 101-396) llena casi los tres cuartos de la obra, y se divide en cinco tratados, que se ocupan de las virtudes teologales y cardinales, mandamientos de la Ley de Dios, pecados capitales y clases de pecados, sentidos corporales y, finalmente, de la vida religiosa. Los cien primeros capítulos del Libre de les Dones tratan propiamente de las mujeres; los trescientos restantes son un tratado sobre la vida cristiana, el cual, después de haberse ocupado de generali­dades — algunas de las cuales, especial­mente las referentes a los pecados, habían sido prolijamente desarrolladas por Eixime­nis en el Tercero del Crestia — dedica mu­cho espacio (caps. 275-396) a la vida reli­giosa.

Podrían separarse estos capítulos del resto del libro y constituir un opúsculo es­pecial. De vez en cuando se hace referen­cia en ellos a las mujeres, pero, por lo general, lo que en ellos se trata tiene aplicación a todos los religiosos. Desde un punto de vista literario, lo más interesante del Libre de les Dones son los capítulos consagrados a doncellas y casadas, en los cuales Eiximenis tiene ocasión de pintar la vida de su tiempo y lucir su magnífica vena satírica. En estos capítulos hay algunas páginas verdaderamente antológicas. Se ha dicho repetidamente que el Libre de les Dones ha influido sobre el Arcipreste de Talavera (v. Corbacho), punto éste que sería muy interesante de * poder demostrar. El resto del Libre de les Dones literariamente es menos interesante. Como ocurre con los escritores medievales — y Eiximenis lo fue esencialmente —, a veces esta obra plantea los problemas más peregrinos. El capítulo 13 dilucida si las mujeres en la gloria se con­vertirán en hombres, y el 391 especifica los juegos, cantos, bailes y risas con que los bienaventurados se divierten en el paraíso. Salvando cuestiones ingenuas de este tipo que de vez en cuando pone Eiximenis, la prosa de la parte del Libre de les Dones que trata de la vida religiosa es de carácter moral o ascético y huye bastante de lo pintoresco.

El texto catalán del Libre de les Dones ha sido publicado una sola vez, en Barcelona, en 1495. Hay una traducción castellana, debida a fray Alonso de Salva­tierra, que vio la luz en Valladolid, en 1542, con el título de Carro de las Donas. En esta edición hay importantes interpolacio­nes de la Institución de la mujer cristiana, de Luis Vives.

P. Bohigas

El Libro de las Máscaras, Remy de Gourmont

[Le livre des masques]. Colección de ensayos críticos de Remy de Gourmont (1850-1915), publicada en 1896. El prefacio y el subtí­tulo «Retratos simbolistas, glosas y docu­mentos sobre los escritores de ayer y de hoy» reflejan el valor documental de la obra, a la vez que caracterizan los motivos más importantes en la historia de las letras francesas.

Las máscaras de diversos auto­res contemporáneos (plasmados con aguda precisión en los dibujos de M. F. Valloton) están captados con aquella delicadeza y despreocupación tan peculiares en los escri­tos del autor, particularmente en sus en­sayos de los Paseos literarios (v.). El Sim­bolismo (v.) es estudiado a través de la experiencia de sus mejores figuras, pres­cindiendo de fórmulas críticas y literarias: poetas y escritores son presentados aquí con vivacidad y sencillez. Notables son las páginas sobre Maeterlinck, Verhaeren, Mal­larmé, Samain, Renard, Lautréamont, Cor­bière, Rimbaud, Huysmans, Gide y Verlaine. Una útil bibliografía, aunque fragmentaria, cierra el volumen. En estos perfiles rápidos y bien informados con extensas citas y re­ferencias diversas, el crítico se sirve de la exquisita versatilidad de su gusto para comunicar al lector el aspecto humano y permanente de los poetas más discutidos de su tiempo; y con aquel ropaje setecentista y racionalista que contradice su obra logra dar una visión precisa y breve de los diversos principios literarios, y en particu­lar del simbolismo, sin caer en discusiones sutiles o en diatribas personales.

Estos en­sayos fueron continuados en el Segundo libro de las máscaras [Le deuxième livre des masques], publicado en 1898, también acompañado con los certeros retratos de Vallotton. Insistiendo en su idea que pro­pugna anular el reino, de las palabras abs­tractas, incluso en literatura, ya que una obra de arte no existe sino por la emoción que produce, Gourmont aspira a caracteri­zar con nuevos autores la naturaleza de tales emociones; si bien con demasiada fre­cuencia algunos juicios de poesías pasan de la alabanza al vituperio, la misión de un crítico consiste, en todo momento, en determinar con atención de científico y deli­cadeza humana los motivos del arte mismo. Así son tratadas obras y escritores, de Jammes a Fort, Elskamp y Schwob, con refe­rencias y viñetas de Bloy, Helio y los Goncourt, páginas graciosas y de corte más bien periodístico que nos llevan primorosamen­te al mundo de los escritores de aquel tiempo.

C. Cordié

El Libro de las Sentencias, Pedro Lombardo

Obra en cuatro libros, de Pedro Lombardo (principios del siglo XII-1160), que pronto se hizo famosa. Su título era propiamente Cuatro libros de sentencias Libri quatuor sententiarum]; más que por su vigor espe­culativo, interesa por las sistematizaciones de la amplia materia teológica tratada didácticamente. Es ya, pues, una «summa» (enciclopedia), sin tener por otra parte la claridad expositiva que en la edad siguiente brillará en la obra de Tomás de Aquino. Más que nada el autor sigue un modelo, en parte fijado en Francia por Abelardo en su Introducción a la teología (v.) y por Hugo de San Víctor en los Sacramentos de la fe cristiana (v.), y, como los citados teólogos, añade a las sentencias citadas sobre éste o aquel tema de fe consideracio­nes propias y tratados varios en una verdadera reelaboración de la materia.

Natu­ralmente, también el autor trata de com­prender en su tratado la sabiduría humana. En los diversos libros habla de la Trinidad, de la rebelión de Lucifer, de la expulsión del cielo, de la creación del hombre, del pecado original, de la expulsión del Pa­raíso terrenal; un tratado sobre el pecado en general revela una viva comprensión del tema. Se habla también del Divino Hijo, de la Redención y, por fin, de los Sacra­mentos. Por diversas que sean las fuentes, no siempre fundidas orgánicamente, la obra aparece como una notable enciclopedia del conocimiento teológico medieval y tiene su importancia en el desarrollo de la filoso­fía escolástica posterior, pero no contiene un pensamiento verdadero ni una elabora­ción crítica de la materia.

C. Cordié

El Libro de las Imágenes, Rainer Maria Rilke

[Das Buch der Bilder]. Colección de poemas líri­cos de Rainer Maria Rilke (1875-1926), pu­blicada en una primera edición con sólo 45 poesías (1902), y en segunda edición, muy ampliada con la aportación de 37 poe­sías, en 1906.

El volumen comienza con algunas escenas de animado paisaje y, a primera vista, parece una continuación del mundo poético pintado en las Poesías juve­niles (v.). También aquí la realidad se des­compone en elementos aislados infinitesi­males para ser recompuesta luego en una nueva unidad poética, y la emotividad del poeta se muestra exasperada y es a veces tan febril que un estímulo cromático es percibido como una impresión de sonido o viceversa: «En el exterior el día era todo verde y azul… como un grito rojo por doquier». Rilke continúa siendo el poeta del instante fugaz: le placen las diáfanas figu­ras de ángeles con grandes alas silenciosas, bocas fatigadas, las almas claras sin con­tornos, como el sonido y la luz, que pue­blan los jardines de Dios. Repítense aquí los tímidos alientos de niñas «delicadas y frágiles como jacintos, como trémulo helecho que un joven caballero troncha: rá­faga de viento que azota el molino y pasa para perderse en la lejanía».

Pero mientras en las Poesías juveniles el autor parecía anularse casi en el mismo instante en que se transfundía en la cosa y se pregunta con angustia si él mismo no era sino el pálido abedul que blanquea tembloroso al soplo de abril o la rama que vibra y su­surra en la tempestad, en el Libro de las imágenes adquiere la conciencia de sí mis­mo, se siente transfigurador y creador del mundo externo, por virtud de la magia de sus imágenes. Los objetos no son más que la caja armónica de un instrumento musi­cal, sobre el que, como en una cuerda, se tiende el alma del poeta. La conciencia conquistada de la propia consistencia espi­ritual se confirma después como vehículo mediante el cual descubre una íntima soli­daridad con las otras criaturas humanas y, por vez primera, en el mundo poético de Rilke aparecen de improviso seres vivientes que dejan oír sus voces. Por añadidura, el espíritu del poeta, después de haber cap­tado en sí el alma de las cosas, comienza a considerar el propio yo como centro y razón no sólo del mundo natural, sino tam­bién del mundo humano. Una larga poesía, «La ciega», diálogo entre una ciega y la muerte, es la exaltación de la ceguera como estado de gracia poética, porque fal­tando el sentido corporal, es el sentido espi­ritual el que percibe y crea.

Un nuevo motivo surge en la poesía de Rilke de esta colección: el de la muerte; que de aquí en adelante dominará como soberano en toda su obra posterior. La muerte no será considerada por Rilke como una antítesis de la vida, sino como una conclusión orgá­nica y lógica de ésta, como el brotar de la flor en el desarrollo de la planta. En la última poesía que cierra el volumen, ex­clama el poeta: «La muerte es grandiosa. Entreguémonos a ella con la sonrisa en los labios. Y mientras creíamos estar en mitad de la vida, la muerte se atreve a llorarnos». [Trad. parcial, en verso, de José M.a Valverde, en «Cincuenta poesías», de R. M. R. (Madrid, 1957)1.

O. S. Resnevich