El Lirio, Eysteinn Asgrímsson

[Lilja]. Himno a María, com­puesto hacia 1340 por el monje agustino islandés Eysteinn Asgrímsson (m. 1361). El himno, que consta de cien estrofas, comien­za describiendo la creación y el pecado original, y pasa después a narrar detenida­mente la vida, pasión, resurrección y regreso de Cristo; el final contiene una con­fesión de los pecados, plegarias a Cristo y a María y una alabanza de la Trinidad. La composición es nítida, ordenada con cla­ridad; la expresión es vigorosamente sim­ple. El estilo, estrofas escáldicás en octavas, resultaba nuevo (porque estaba tomado de los «drápur», es decir, poemas encomiásti­cos dirigidos a los príncipes), y fue en se­guida muy imitado, de modo que este him­no llegó a ser un modelo para la poesía islandesa religiosa posterior.

V. Santoli

Líricas Dramáticas, Robert Browning

[Dramatic Ly­rics]. Colección de poemas de Robert Browning (1812-1889), publicada como la tercera parte de Campanas y granadas (v.) en 1842. Acrecida luego con numerosas poesías tomadas de distintas colecciones, entre otras de Hombres y mujeres (v.), comprende al­gunas de las más bellas piezas líricas del poeta, tales como Amor entre las ruinas (v.), Arriba en la aldea; abajo en la ciu­dad (v.), Dos en la campiña (v.), Una tocata de Galupi (v.), Viejas pinturas florentinas. Entusiasmos de victoria que siguen un ritmo festivo, como en «De qué modo llevaron las buenas noticias de Gan­te a Aix» [«How they Brought the Good News From Ghent to Aix»]; vulgares y pérfidas pasiones como en «Soliloquio en el claustro español» [«Soliloquy of the Spanish Cloister»]; raras aventuras y venganzas de amor como en «Laboratorio» [«The laboratory»]; el terror y el rapto del espíritu que se eleva sobre el rapto de los sentidos en «Saúl»; y toda una gama riquísima de sen­saciones, de sufrimientos humanos y de pa­siones que el poeta examina o escruta, des­cribe minuciosamente o sólo apunta y toca de paso.

A las poesías propiamente narrati­vas, tales como las citadas, se añaden el grupo de las líricas de amor; en ellas Browning llega a una nueva grandeza, insospe­chada en sus primeras poesías; la experien­cia del poeta se convierte en canto, dedicado sobre todo al amor que completa la vida del hombre al paso que la unifica con la vida de la humanidad; y al mismo tiempo une el pasado con el presente y se hace prenda del futuro. Hay composiciones que celebran la unión y otras que lloran la muerte o la incapacidad de llegar, en la vida amorosa, a la altura del sueño. La serena consideración de cada uno de los hechos, un pensamiento que el sufrimiento pensativo hace límpido, dan a estas originalísimas poesías, que forman un grupo en el libro, un lugar propio en la lírica in­glesa.

A. Camerino

Líricas de la Vida Humilde, Paul Lawrence Dunbar

[Lyrics of lowly Life]. Obra del poeta negro norteamericano Paul Lawrence Dunbar (1872-1916), aparecida en primera edición en 1896. Con este volumen, alcanza la lírica negra un lugar de honor en la literatura de allende el Atlántico, aunque la fama de Dunbar se deba sobre todo a los poemas escritos en el dialecto introducido por Irving Russell. Los amantes de la poesía ne­gra miran a Dunbar como a un Burns americano, en relación con lo que éste úl­timo representa para el dialecto escocés, y lo representan como a un hombre de cuer­po entero, en lucha con la materia, y do­tado de la memoria, la fantasía y la huma­nidad de un mundo niño y primitivo o, como dice William Dean Howells, como un hom­bre de pura sangre africana y de educación americana.

Pero, hay que recordar, al mis­mo tiempo, que esta aristocracia negra del espíritu ha constituido el punto de partida para una poesía superior y consciente y que Dunbar se presentó, con este libro, como portador de un mensaje que derribaba las barreras, tras las cuales, hasta entonces, se había mantenido el negro, obligado por los hechos y por las dudas acerca de la posi­bilidad de educarle. Nadie, después de Dunbar, penetró tan claramente, ni representó con mayor viveza, el carácter históricamen­te condicionado de esta premisa. Dunbar sigue siendo la fuente a donde debemos acudir para conocer la poesía negra, aun­que hoy los poetas negros tienden a alejarse del dialecto de las Lyrics of lowly life y a renunciar a los medios expresivos que sir­vieron para la vieja poesía tradicional, y para los poetas de color. En realidad se im­pone la necesidad de hallar una forma más estable e incisiva, que exprese el espíritu de la raza en los símbolos internos, más bien que en los aspectos exteriores, según de­muestra la ineficaz insistencia de algunos sobre la rectificación de la ortografía y de la pronunciación anglosajona.

L. Berti

Líricas Humanas, Giovanni Bertacchi

[Liriche umane]. Libro de Giovanni Bertacchi (1869-1943), pu­blicado en 1903. El autor del Cancionero de los Alpes vuelve gustosamente a recor­dar sus montañas, cantando sus severas bellezas, sus pastos, sus peñas.

En los «sone­tos réticos» [«Sonetti retici»], que dedica a la memoria de Giovanni Segantini, saluda a la nueva «juventud de los montes». En «La casa del pasado» [«La casa del passato»] el poeta habla a María de Vertemate, dama aristocrática del siglo XVI; admira su anti­gua morada, su fastuoso salón, su jardín; recuerda el vecino arrabal de Piuro «pe­queña Pompeya», sepultada en agosto de 1618 por un deslizamiento de tierras. En «A lo largo del blanco camino» [«Lungo la bianca via»] el autor se detiene a describir el nacimiento del camino, primero, sobre los montes, rastro apenas perceptible o an­gosto sendero, después más ancho a medida que se aproxima a las zonas habitadas. Pero la poesía de Bertacchi se orienta también a campos más vastos. Celebra las obras de la fragua en «Épica mínima» y las del cam­po en la «Potencia de la tierra» [«Potenza della terra»].

En la serenidad de la vida campestre comprende la belleza de la sen­cilla religión de los agricultores. Un angus­tiado y vago deseo de fe parece inspirar «El despertar del padre Hilario» [«La mattinata di padre Hilario»] de entonación franciscana, así como la nostalgia de los tiempos antiguos sugiere conmovidas evoca­ciones en «Mientras el siglo muere» [«Mentre il secolo muore»] : la añoranza de los viejos caminos y las alegres hogueras. Son pocos sus poemas de amor. No faltan, en cambio, evocaciones históricas, «El 2 de junio de 1882» [«2 giugno 1882»]; «En el trigésimo aniversario de la muerte de Hum­berto I» [«Nel trigésimo della morte di Umberto I»]. Es poesía reflexiva hecha de nostalgias y esperanzas, viva en el pasado y en el futuro más que en el presente. El amor a la naturaleza y 4a constante aspi­ración al bien son su tema dominante; la musa de Bertacchi es serena y sincera, ins­pirada por un optimismo, a pesar de todo melancólico, nítida siempre en su expre­sión.

G. Seregni

Líricas de Goethe

[Lyrisches]. Poesías varias de Wolfgang Goethe (1749-1832), del último período de su vida, publicadas en la última edición de sus Poesías (v.). Este grupo de composiciones está caracterizado por su musicalidad. Entre las más conocidas hay que mencionar la trilogía titulada «Pa­ria» (1824) que pertenece al ciclo oriental de Goethe, pero sólo por el argumento de la leyenda, sacado de los Viajes a las Indias Orientales y a China (1783) de Sommerat.

La intención es muy distinta, y manifiesta la idea social de Goethe, que no se había expresado jamás en los dramas de la revo­lución, y que ya desde 1777 se revela en una carta a Charlotte von Stein: «Vuelvo otra vez a este punto oscuro, al amor hacia aquella clase de hombres que se llaman inferiores, pero que Dios, estoy se­guro de ello, considera los más altos». Este pensamiento no le abandonó ni siquiera en el período clásico, pero sólo aquí logró expresarlo despojado de todo sentido reli­gioso, moral o político, hecho poesía, en una sensibilidad exótica y fantástica. La Trilogía de la pasión (v.), el canto doloroso después de su ruptura con Ulrica von Levetzow, tiene un antecedente en «Arpas eolias» de 1822, dedicadas asimismo a Ulrica, es­crita a la manera de los diálogos del Diván occidental-oriental (v.) y musicada posteriormente por Tomaschek. Entre 1816 y 1820 nacieron las seis poesías líricas sobre la primavera, todavía frescas y juveniles: en «Abril» el poeta pide su secreto a los ojos de la muchacha: «Detrás de la claridad de esos ojos hay un corazón que se abandona al amor y a la verdad»; y en la delicia de «Mayo» el grupo de angelotes se pone alegremente a construir la cabaña para llevar solemnemente a ella a la amada del poeta; en «Junio» aparece y desaparece entre mon­tes y valles, en la llanura y en la colina, la sonriente doncella que se hace carne en los brazos del poeta, cuando finalmente la posee como «esposa» y ella le narra sus go­ces y sus penas.

Estas poesías figuran entre las últimas líricas de Goethe, que no acu­san el peso del pensamiento reflexivo pro­pio del período siguiente. Ya de esta época es «Para la eternidad», dedicada a Charlotte von Stein, recuerdo lleno de gratitud hacia la mujer que durante tantos años, con su espiritualidad alta y serena, lo había impul­sado hacia aquella interior armonía en que se inspiró su obra de poeta y pensador. Asimismo en «Medianoche» (1818) y «Vigilia de San Juan Nepomuceno» (1820) a pesar del tono popular, que recuerda al Goe­the de Estrasburgo, el viejo sabio se vis­lumbra en aquella particular atmósfera de cósmico misticismo que encontramos también en la Macaría de los Años de peregri­nación de Guillermo Meister (v.). [Trad. de Rafael Cansinos Assens, en Obras completas, tomo II (Madrid, 1950)].

G. F. Ajroldi