Líricas Humanas, Giovanni Bertacchi

[Liriche umane]. Libro de Giovanni Bertacchi (1869-1943), pu­blicado en 1903. El autor del Cancionero de los Alpes vuelve gustosamente a recor­dar sus montañas, cantando sus severas bellezas, sus pastos, sus peñas.

En los «sone­tos réticos» [«Sonetti retici»], que dedica a la memoria de Giovanni Segantini, saluda a la nueva «juventud de los montes». En «La casa del pasado» [«La casa del passato»] el poeta habla a María de Vertemate, dama aristocrática del siglo XVI; admira su anti­gua morada, su fastuoso salón, su jardín; recuerda el vecino arrabal de Piuro «pe­queña Pompeya», sepultada en agosto de 1618 por un deslizamiento de tierras. En «A lo largo del blanco camino» [«Lungo la bianca via»] el autor se detiene a describir el nacimiento del camino, primero, sobre los montes, rastro apenas perceptible o an­gosto sendero, después más ancho a medida que se aproxima a las zonas habitadas. Pero la poesía de Bertacchi se orienta también a campos más vastos. Celebra las obras de la fragua en «Épica mínima» y las del cam­po en la «Potencia de la tierra» [«Potenza della terra»].

En la serenidad de la vida campestre comprende la belleza de la sen­cilla religión de los agricultores. Un angus­tiado y vago deseo de fe parece inspirar «El despertar del padre Hilario» [«La mattinata di padre Hilario»] de entonación franciscana, así como la nostalgia de los tiempos antiguos sugiere conmovidas evoca­ciones en «Mientras el siglo muere» [«Mentre il secolo muore»] : la añoranza de los viejos caminos y las alegres hogueras. Son pocos sus poemas de amor. No faltan, en cambio, evocaciones históricas, «El 2 de junio de 1882» [«2 giugno 1882»]; «En el trigésimo aniversario de la muerte de Hum­berto I» [«Nel trigésimo della morte di Umberto I»]. Es poesía reflexiva hecha de nostalgias y esperanzas, viva en el pasado y en el futuro más que en el presente. El amor a la naturaleza y 4a constante aspi­ración al bien son su tema dominante; la musa de Bertacchi es serena y sincera, ins­pirada por un optimismo, a pesar de todo melancólico, nítida siempre en su expre­sión.

G. Seregni