Líricas de Goethe

[Lyrisches]. Poesías varias de Wolfgang Goethe (1749-1832), del último período de su vida, publicadas en la última edición de sus Poesías (v.). Este grupo de composiciones está caracterizado por su musicalidad. Entre las más conocidas hay que mencionar la trilogía titulada «Pa­ria» (1824) que pertenece al ciclo oriental de Goethe, pero sólo por el argumento de la leyenda, sacado de los Viajes a las Indias Orientales y a China (1783) de Sommerat.

La intención es muy distinta, y manifiesta la idea social de Goethe, que no se había expresado jamás en los dramas de la revo­lución, y que ya desde 1777 se revela en una carta a Charlotte von Stein: «Vuelvo otra vez a este punto oscuro, al amor hacia aquella clase de hombres que se llaman inferiores, pero que Dios, estoy se­guro de ello, considera los más altos». Este pensamiento no le abandonó ni siquiera en el período clásico, pero sólo aquí logró expresarlo despojado de todo sentido reli­gioso, moral o político, hecho poesía, en una sensibilidad exótica y fantástica. La Trilogía de la pasión (v.), el canto doloroso después de su ruptura con Ulrica von Levetzow, tiene un antecedente en «Arpas eolias» de 1822, dedicadas asimismo a Ulrica, es­crita a la manera de los diálogos del Diván occidental-oriental (v.) y musicada posteriormente por Tomaschek. Entre 1816 y 1820 nacieron las seis poesías líricas sobre la primavera, todavía frescas y juveniles: en «Abril» el poeta pide su secreto a los ojos de la muchacha: «Detrás de la claridad de esos ojos hay un corazón que se abandona al amor y a la verdad»; y en la delicia de «Mayo» el grupo de angelotes se pone alegremente a construir la cabaña para llevar solemnemente a ella a la amada del poeta; en «Junio» aparece y desaparece entre mon­tes y valles, en la llanura y en la colina, la sonriente doncella que se hace carne en los brazos del poeta, cuando finalmente la posee como «esposa» y ella le narra sus go­ces y sus penas.

Estas poesías figuran entre las últimas líricas de Goethe, que no acu­san el peso del pensamiento reflexivo pro­pio del período siguiente. Ya de esta época es «Para la eternidad», dedicada a Charlotte von Stein, recuerdo lleno de gratitud hacia la mujer que durante tantos años, con su espiritualidad alta y serena, lo había impul­sado hacia aquella interior armonía en que se inspiró su obra de poeta y pensador. Asimismo en «Medianoche» (1818) y «Vigilia de San Juan Nepomuceno» (1820) a pesar del tono popular, que recuerda al Goe­the de Estrasburgo, el viejo sabio se vis­lumbra en aquella particular atmósfera de cósmico misticismo que encontramos también en la Macaría de los Años de peregri­nación de Guillermo Meister (v.). [Trad. de Rafael Cansinos Assens, en Obras completas, tomo II (Madrid, 1950)].

G. F. Ajroldi