Lourdes, Émile Zola

Novela de Émile Zola (1840- 1902), publicada en 1894; la primera en orden de tiempo y, artísticamente, la mejor en la trilogía «Las tres ciudades» (v. más adelante Roma y París).

Es la historia, di­vidida en cinco jornadas, de una peregrina­ción a Lourdes con la cual coincide la crisis espiritual del joven sacerdote Pierre Froment. Huérfano de un químico ilustre, muerto en un accidente de laboratorio, y de una madre mística, ha seguido la carrera eclesiástica por voluntad de ella, la cual había visto en la muerte de su esposo el castigo divino por su incredulidad. Pero un amor puro y fresco de adolescente ha bro­tado entre Pierre y su amiga de la infancia Marie de Guersaint; y la doncella se ve pronto atacada de un mal que la condena a la inmovilidad y que parece misterioso a los médicos, que emiten acerca de él los más discordes dictámenes. Pierre acepta entonces con viril resignación el destino que le ha señalado su carrera, aunque guar­dando en su corazón el recuerdo de la muchacha, para la cual sigue viviendo, con­solándola con su fraternal palabra. Pero una tremenda crisis devasta su espíritu, en el cual la necesidad de análisis racionalista destruye la fe.

Le queda una sola esperan­za: Marie, animada de una fe profunda, se va a Lourdes con su padre para pedir la gracia de su curación; Pierre la acompaña y confía en que, si el milagro se cumple, su espíritu recuperará la luz divina, y en Lourdes, entre una riada humana de gente ebria de fe, el milagro se cumple; Marie se cura, pero Pierre no recupera la fe per­dida; sólo ve en el milagro la feliz resolu­ción de un caso de histerismo, según las previsiones de un joven médico ya consul­tado anteriormente. Si por un elevado sen­tido del deber y de dignidad él se había resignado, a la castidad, ahora, ante el nuevo florecer de la belleza de su amiga, experimenta un sentido egoísta y perverso que casi le causa miedo. Sólo cuando Marie, que adivina su crisis, le revela que ha consagrado su virginidad a la Virgen, él recu­pera las fuerzas para seguir el camino que el destino le ha señalado. La novela afirma vigorosamente las cualidades ya expresa­das en Germinal (v.) y en la Taberna (v.). Las masas de fieles en Lourdes dan lugar a cuadros memorables, típicos de Zola. También es notable, por menos frecuente en el autor, el acierto psicológico al trazar la crisis del protagonista, el cual si no halla en Lourdes la fe perdida, no consigue tam­poco vencer la duda que le tortura: si se tiene derecho a quitar a la fatigada huma­nidad la única ilusión, la esperanza de la que puede vivir. De manera que, a pesar de sus repetidas afirmaciones de fe raciona­lista parece captarse aquí una incertidumbre en el escritor, que se encamina al ocaso de su vida.

En la .segunda novela, Roma [Rome], publicada en 1896, Pierre Froment, advertido de que la congregación del índice está a punto de condenar un libro suyo escrito después de la desastrosa experien­cia de Lourdes, va a Roma confiando en el catolicismo democrático de León XIII. Tam­bién aquí hay una serie de desilusiones, hasta la última y definitiva, que le viene de su anhelado coloquio con el Pontífice, después del cual regresa a París. Aquí se muestra demasiado incierta la psicología del protagonista, y no se comprende cómo él, después de la explícita condena que ha lanzado contra el catolicismo, puede todavía soñar en un mundo renovado, del cual la Iglesia y el Pontífice romano serían su centro. De manera que su nueva aventura parece un pretexto para retratar Roma, la aristocracia pontificia y el ambiente vati­cano, con una superficialidad ideológica, que pronto fueron denunciadas. La trilogía se concluye con el tercer volumen, París, de 1897, en que Pierre, cansado y desenga­ñado, sin fe ya ni en Dios ni en los hom­bres, recupera el amor a la vida por el afecto de un hermano a quien ha vuelto a encontrar, Guillaume, que le cede la muchacha con quien se iba a casar, al ad­vertir la simpatía que había surgido entre los dos, y Pierre, abandonando su hábito de sacerdote y su fe, ya esposo y padre, proseguirá, en contacto con el mundo, el camino hacia la justicia.

La heroica gene­rosidad de Guillaume, su perfección moral de padre amoroso para los hijos que han nacido de su libre unión con la mujer que después muere, su exaltación, que llega hasta el punto de meditar un atentado, no son los únicos indicios del ingenuo roman­ticismo de esta obra, en que la ciudad es presentada abstractamente, como en vastos cuadros simbólicos, mientras la voz gene­rosa y declamatoria del tribuno supera la del artista. Escenas de realidad y figuras vivas no faltan en este libro, que es el más débil de los tres, como no faltaban en el segundo; pero sólo en Lourdes el arte del escritor había brillado con su pos­trera luz.

F. Ámpola

Lotario, Benjamín Disraeli

[Lothair]. Novela del inglés Benjamín Disraeli, primer conde de Beaconsfield (1804-1881), publicada en 1870.

Lotario, joven huérfano, noble e inmensamente rico, ha sido confiado a un noble escocés, Lord Culloden, y a un genial sacerdote, el cual, tras haber sido nombrado tutor de Lotario, deja el protestantismo por la Igle­sia Romana y se convierte en el Cardenal Grandison. Lotario, ,que ha sido educado en Escocia, dentro de la rígida disciplina protestante, es mayor de edad en 1866, cuando las fuerzas de Garibaldi amenazan el poder temporal de los papas. La novela cuenta sobre todo los esfuerzos del Carde­nal Grandison y de su secretario Monseñor Catesby, ayudados por Clara Arundel, be­llísima y devota católica, para inclinar en favor de la Iglesia de Roma la influencia y la riqueza de Lotario. Se les oponen, además de Lord Culloden, Lady Corisande, con la que Lotario quería casarse siendo estudiante en Oxford, y la heroica Teodora, partidaria de la libertad de Italia. Lotario toma parte en la campaña contra las fuer­zas papales, durante la cual es asesinada Teodora. Ella se hace prometer, en su lecho de muerte, que Lotario no se convertirá nunca a la religión católica.  Lotario es he­rido en Mentana, y los sacerdotes tratan de nuevo de hacerlo participar en su causa. Los esfuerzos de los sacerdotes son narrados humorísticamente; hay un pasaje bastante divertido en el que el Cardenal Grandison está a punto de persuadir a Lotario, que se ilusiona creyendo haber combatido en Mentana, como se engañaba Jorge IV, que creía haber combatido en la batalla de Waterloo. Lotario logra sustraerse al influjo del Cardenal, y vuelve a Inglaterra, donde se casa con Lady Corisande.

La novela abunda en tipos variados y curiosos perso­najes, entre los que se cuentan Lord St. Aldegonde, republicano que se opone a todos los privilegios, menos a los de los duques, y que es partidario de repartir todas las propiedades, excepto la propiedad de la tierra. Aunque Disraeli trata de muchos acontecimientos contemporáneos, Lotario no es una novela política. El juego epigramá­tico es centelleante, y el estilo más exqui­sitamente brillante que en las demás no­velas de Disraeli. Una viva agilidad está al servicio de una inteligencia clara, pronta y llena de recursos, más bien preocupada de minucias, pero con una exacta visión del conjunto, de la vida, de los personajes y de su tiempo.

A.Camerino

Lotti la Relojera, Marie von Ebner Eschenbach

[Lotti die Uhrmacherin]. Es la primera novela corta de Marie von Ebner Eschenbach (1830-1916), pu­blicada en 1881 en Viena.

El relato gira por completo en torno a la protagonista, noble, firme y hermosa figura de mujer, amante, inteligente, activa, con una manía por los relojes que corresponde a una predilección de la misma autora, cuya famosa colección de relojes fue cedida por sus herederos al Museo de Viena. Pero también la vida de aquella mujer serena y tan dueña de sí encierra un drama: Lotti ha amado al es­critor Hallwig, quien, después de corresponderle por breve tiempo, ya por sorpresa de los sentidos, ya por refinamiento esté­tico, la ha abandonado para casarse con una elegante muchacha mundana, sin aspi­raciones intelectuales, deportiva y aparente­mente apasionada pero en realidad una di­letante del amor como del deporte y, en resumen, una mujer destinada toda la vida a aburrirse y a aburrir. Hallwig, que por naturaleza está llamado a escribir cosas hermosas y elevadas, para ganar cuanto ne­cesita su mujer y el frívolo ambiente en que vive, se dedica a la novela sensacionalista del tipo naturalista (a la que la Es­chenbach fue contraria, sobre todo cuando se amaneraba y sólo buscaba el éxito). Para salvarlo de una caída aún más profunda, Lotti sacrifica su colección de relojes.

Junto a pasajes hermosos y sólidos, la novela tiene ingenuidades (por ejemplo la manera como el sacrificio de Lotti es ocultado a Hallwig), pero en conjunto posee una sinceridad sen­cilla y conmovedora. La crítica, unánime, y el mismo Paul Heyse, exaltaron la obra, y de entonces en adelante la autora se atuvo a este género, continuando la gran tradición del siglo XIX alemán.

B. Allason

Los Lotófagos , Alfred Tennyson

[The Lotos-Eaters]. Poesía de Alfred Tennyson (18Q9-1892), pu­blicada en 1832 (con fecha de 1833), junto con otras composiciones. Inspirada en el libro IX de la Odisea (v.), se divide en dos partes. En la primera, en estrofas a lo Spenser, se cuenta la llegada de Ulises (v.) con sus marineros a la isla de los Lotófagos, donde fueron acogidos por sus habitan­tes. La segunda parte es un coro en el que los Lotófagos describen las bellezas de su isla y hacen el elogio de la vida que en ella llevan. A este coro contestan los ma­rineros lamentando su triste suerte, bien distinta de la de los afortunados habitan­tes de la isla. Es ésta una de las primeras poesías publicadas por Tennyson; pero en ella se afirman ya decididamente el poder evocador de su arte y la musicalidad de su verso. Comparado con sus obras siguientes, queda también Los Lotófagos como una de las obras maestras de la producción poética de Tennyson, por las descripciones de un mundo ardiente y sensual y por las delica­das variaciones de los versos, cuyo ritmo cambia con los sentimientos expresados, pa­sando de las lánguidas y estáticas descrip­ciones que hacen los Lotófagos de su isla encantadora, al agitado y casi sollozante lamento de los marineros.

S. Rosati

Lorna Doone, Richard Doddridge Blackmore

Novela inglesa de Richard Doddridge Blackmore (1825-1900), pu­blicada en Londres en 1869. El padre de John Ridd, joven campesino del Exmoor, ha sido muerto por los Doone, una banda de ladrones y asesinos que vive en el valle vecino. John se enamora de Lorna Doone y logra raptársela a sus compañeros, pero se opone a su matrimonio el hecho de que el padre de Loma es el asesino del viejo Ridd. Se descubre, empero, que Loma no es hija de Doone, sino de un noble escocés al que fue robada de niña. Los servicios que John presta al rey y a un viejo pa­riente de Lorna y sobre todo el amor de esta última, permiten superar la nueva di­ficultad de la diferente posición social que se opone al matrimonio de los jóvenes. Se casan, por fin, no sin que antes John y sus vecinos hayan vengado los numerosos delitos cometidos por los Doone. La novela, que se desarrolla en la época de Carlos II y de Jacobo II, tiene fondo histórico, en el que aparecen fugazmente algunos persona­jes notables, como Jeffrey y Monmouth; además, una parte del material está tomado de manuscritos existentes o de la tradición oral, pero el argumento principal se debe a la fantasía del escritor.

Con Loma Doone, Blackmore continúa la tradición de la no­vela histórica, que después de Scott había decaído aunque sin desaparecer del todo, transformando sus principales característi­cas y dejando más libertad para la invención y para lo novelesco. El mérito de la novela reside en su viva poesía y en la fértil y es­pontánea imaginación; la perjudican los convencionalismos de las situaciones y de los personajes, y el estilo recargado con demasiados ornamentos, entre ellos el insis­tente ritmo de la frase.

R. Barocas