Evgeni Abramovich Boratynski

Nació el 19 de febrero de 1800 en Vezlo (gobierno de Tambov) y murió el 29 de junio de 1844 en Nápoles.

Fue uno de los poetas líricos más ilustres de la época de Pushkin, y con éste pareció competir a veces en cuanto a la per­fección y armonía del verso; sin embargo, a diferencia de él, quedó encerrado en un reducido círculo de intereses artísticos, aun cuando en el segundo período de su produc­ción alcanzara, como poeta filósofo o del pensamiento, elevados niveles de originali­dad.

Ingresado muy joven en la escuela mi­litar del «Cuerpo de los pajes», fue expul­sado de ella por mala conducta y enviado como soldado raso a un regimiento de in­fantería de San Petersburgo. Allí empezó a frecuentar el mundo literario, del que no tardó en alejarle su traslado a Finlandia, donde permaneció durante seis años, de 1820 a 1825.

Vuelto a Moscú se retiró de la milicia y pudo consagrarse a la vida de fa­milia y a la literatura, a la que siguieron las composiciones poéticas de la colección titulada Crepúsculo de los años 1835-42. canto del cisne de la generación pushkinia- na, de la que Boratynski había quedado como único superviviente. Viajó por Francia e Italia, donde murió inesperadamente.

E. Lo Gatto

Bonvesin da la Riva

Nació entre 1240 y 1243 en Milán, donde murió en el período 1313- 1315. Fue, como dice su epitafio, «doctor et magister» en la metrópoli lombarda, que en él tuvo un magnífico y diligente difusor de su aspecto y su importancia durante la Edad Media (v. Las maravillas de Milán, 1288).

El nombre Da o De la Riva o Ripa, abreviado en «da Riva», se debe posible­mente a la localidad donde Bonvesin o Buonvicino tenía una escuela de gramática y exponía su doctrina en obras latinas y traducciones (como la de los Disticha de moribus, de Catón).

Fruto de su experien­cia de maestro es un tratado pedagógico (v. Vida escolar). Dado al bien y de espíritu religioso, consagró a la edificación moral una fecunda actividad literaria en lengua vulgar, en la que reunió los argu­mentos y ejemplos más eficaces de la pre­dicación de su tiempo, junto con anécdotas, leyendas, descripciones de las penas y pre­mios de la otra vida (v. El libro de las tres escrituras), y razonamientos en una forma viva y popular de diálogo y debate, y pres­tando voz a animales, flores y meses y una patética humanidad a Satanás en debate con la Virgen.

Estas páginas, a veces pesa­das y prolijas, revelan, sin embargo, una atenta observación de la naturaleza y de los sentimientos humanos. Pintura de cos­tumbres puede considerarse el notable poe­ma didáctico Las cortesías en la mesa (v.), curioso tratado de buenos modales.

P. Onnis

Adolfo Bonilla y San Martín

Po­lígrafo español. Nació en Madrid en 1875, murió en 1926. Fue catedrático de Historia de la Filo­sofía en la Universidad Central y desplegó una extraordinaria y diversa actividad en los’ campos del Derecho, la Filosofía y las Letras.

En su extensa obra revela un espí­ritu sagaz y agudo, un acertado sentido crítico. Obras principales: Luis Vives y la filosofía del Renacimiento (1903), Fernando de Córdoba y los orígenes del renacimiento filosófico en España (1911), Las leyendas de Wagner en la literatura española (1913), Las Bacantes o los orígenes del teatro (1921).

Comenzó una monumental Historia de la Filosofía española (1908), interrumpida en la Edad Media. En colaboración con R. Schavill publicó las obras completas de Cer­vantes. Fue director de la Revista crítica Hispanoamericana. Como crítico literario fue mordaz y desenfadado.

San Bonifacio

Nació en Wessex entre 672 y 675 y murió en Frisia el 5 de, junio de 754. Su nombre de origen fue Wynfredo.

Ingresado muy joven todavía en el con­vento de Adescancastre y pasado luego a Nhutschelle, donde completó su formación bajo la guía del abad Wynberto, pareció al principio destinado a convertirse en uno de los maestros que iban estableciendo la só­lida tradición cultural sobre la que poste­riormente habría de fundarse el renacimien­to carolingio.

No obstante, el ansia de di­fundir la luz del Evangelio por Germania, entre las gentes de su misma raza, llevóle al continente, donde el docto Wynfredo transformóse en San Bonifacio, el apóstol de los germanos.

En una primera etapa es­tuvo entre los frisones (716); vuelto a la pa­tria sin haber obtenido resultados notables, la abandonó después nuevamente (719) y para siempre. En 719 se hallaba en Roma, y allí recibió del papa Gregorio II plenos poderes para la evangelización de los pue­blos germánicos.

Este año inicióse de ma­nera oficial su misión entre los «immanissimi Germaniae populi», como él mismo de­nomina a aquéllos. Citaremos ahora aquí, a través de unas cuantas fechas, los perío­dos más importantes de tal actividad: en 722 fue consagrado obispo en Roma, y en­tre 724 y 731 recorrió Turingia, donde, ade­más de predicar, reorganizó y fundó obis­pados y conventos de hombres y mujeres; Gregorio III elevóle en 732 a la dignidad de arzobispo, y, a partir de 745, ocupó en calidad de tal la sede de Maguncia; en 754, ya muy anciano, vuelve a Frisia, ámbito de su apostolado juvenil, y allí es muerto por los paganos, enfurecidos por su predica­ción.

La magnitud de la obra de Bonifacio en Ger­mania puede inferirse de sus Epístolas (v.), uno de los documentos más interesantes para la historia de Europa en el s. VIII. Gracias al Santo fueron incorporados a la civilización del Occidente latino los germa­nos, destinados a llegar a ser en el seno de ésta una de sus fuerzas más vivas.

El monasterio de Fulda, que fundó en 744 y donde reposan sus restos, convirtióse, efec­tivamente, en el más poderoso centro de la vida religiosa, intelectual y cultural de Ger­mania; en él cabe buscar la cuna del pue­blo alemán como colectividad católica y europea.

E. Franceschini

Charles-Victor de Bonstetten

Nació en Berna el 3 de septiembre de 1745 y murió en Gi­nebra el 3 de febrero de 1832. Descendien­te de una familia de barones del Sacro Im­perio Romano, inclinóse al principio hacia la vida pública y aceptó importantes cargos administrativos, entre ellos el de inspector de los municipios del Tesino (1795-97).

Sin embargo, la caída de Berna en poder de los franceses le indujo a abandonar tales actividades (1798); y así dejó Suiza y mar­chó a Copenhague, donde permaneció has­ta 1801. En 1802 y 1803 acompañó a F. Brun por alemania e Italia, y luego fijó su resi­dencia en Ginebra.

La proximidad del casti­llo de Coppet le atrajo definitivamente al reino de las letras y a la órbita de Mme. de Staël. Cuando joven, había sido discípulo del naturalista y filósofo Bonnet, y, a causa de ello, nunca viose completamente libre del naturalismo; lo manifiestan aún los Études de l’homme (1821), que resultan, no obs­tante, un intento espiritualista.

A pesar de los numerosos vínculos con la tradición, entran cada vez más en la nueva atmósfera romántica Voyage sur le scéne des six derniers livres de l’«Énéide» (1804), cuyos vi­gorosos fragmentos poéticos sobre el cam­po romano anticipan hasta cierto punto la célebre carta de Chateaubriand; El hombre meridional y el hombre nórdico (1824, v.). y La Scandinavie et les Alpes (1826), posi­blemente la primera revelación del mundo lírico y mitológico escandinavo ofrecida a los latinos.

Se trata de obras que, si bien no llegan nunca a la categoría de síntesis geniales y originales, documentan feliz­mente el tránsito del mundo racionalista y clasicista del siglo XVIII al romántico del siglo XIX.

C. Falconi