Las Mujeres de su Casa, Carlo Goldoni

[Le donne de casa soa]. Comedia en cinco actos, en dialecto veneciano, de Carlo Goldoni (1707- 1793), representada en 1755.

Es una come­dia de habladurías femeninas, que antece­de a los Chismorreos de las mujeres (v.), El huertecillo (v.) y Riñas en Chioggia (v.) y a tantas otras del mismo autor, quien renovó este género ennobleciendo la comedia «poissarde» francesa. Checchina quiere a Tonino, a quien su cuñada Angiola decide darle como esposo sin saber que se aman. Por su parte, Checchina ignora que el esposo será, precisamente, su amado, y se niega; de aquí surgen incomprensiones, intrigas, chismorrerías y celos. Isidoro, tío de Tonino, se enamora entretanto de Chec­china, y acabaría por desposarla si Tonino no la pusiera en guardia. El anciano re­flexiona y el embrollo termina felizmente.

No faltan en esta comedia agitación, mo­vimiento y sentido del ambiente, pero el colorido de la murmuración mujeriega no alcanza la intensidad ambiental de las Ri­ñas en Chioggia, y se mantiene todavía en lo genérico.

U. Dèttore

Las Mujeres Desconfíen de las Mujeres, Thomas Middleton

[Wornen beware Wornen]. Tra­gedia de Thomas Middleton (1570-1627), dramaturgo inglés del período elisabetiano. El argumento, como muchos de Middleton, está sacado de un motivo italiano y narra la trágica historia de Bianca Capello y de Francesco de Medici.

Bianca, la bella ve­neciana que se casó en la rica Corte floren­tina, llega a ser la amante del duque, des­pués de haber abandonado a su marido, y, tras el trágico asesinato de éste, acaba ca­sándose con Francesco contra la voluntad de toda la Corte. La noche de las bodas un terrible drama tiene lugar en el palacio ducal; durante una fiesta en honor de los novios, una sombría intriga de pasiones y de venganzas provoca la muerte del duque, debido al fatal cambio de una copa llena de veneno; Bianca bebe de la misma copa, y fallece junto a su amado.

Paralelos a este motivo principal, se desarrollan otros re­lativos a las intrigas y a los amores de distintos personajes de la Corte; no faltan, en medio de tan oscura tragedia, escenas có­micas y graciosas de carácter familiar, agu­das y movidas. Entre los numerosos dramas de colores sombríos que llenan el fecundo siglo de Shakespeare, esta tragedia de Bian­ca Capello es una de las más vigorosas y tiene trozos de verdadera poesía. Sin em­bargo, los personajes carecen de relieve y de personalidad, agitándose en un clima tru­culento y completamente desprovisto de sentido moral.

M. Samaden

Las Mujeres de Amigos, George Courteline

[Les femmes d’amis]. Relatos de George Courteline (George Moineaux, 1860-1929), publicados en 1888.

La colección es bastante desigual; si bien se afirman en ella las cualidades ya conocidas del escritor — su brillante diá­logo, su lengua amena y llena de color—, se resiente en su conjunto de ciertos mo­tivos y tonos del Maupassant inferior, el de algunos cuentos de ambiente mundano, que no siempre está a su habitual altura. Algunos de los cuentos son rápidos esbozos de figuras femeninas poco profundizadas y carentes de verdadero relieve, o que inte­resan más a la patología que al arte; tal la de Henriette, que en el fondo no es más que un tipo de histérica, irritable y quisquillosa.

Ha de considerarse aparte, en esta obra, bien lejana en su conjunto y por su valor a otras del mismo autor, el cuento «El hijo», cuya situación, aparentemente paradójica, y sin embargo angustiosamente humana de un muchacho de dieciocho años, que pide al amante de su madre que vuelva de nuevo a ella, desolada y deshecha des­pués que él la abandonó, está representada con un vigor digno del inolvidable autor de Boubouroche (v.).

E. ámpola

Sobre las Mujeres, Denis Diderot

[Sur les femmes]. Breve escrito de Denis Diderot (1713-1784), aparecido en 1772 en la Correspondencia (v.) de Melchior Grimm, y que se ha hecho merecidamente famoso por su genial agu­deza y extraordinaria agilidad de estilo.

Resumiendo un libro del académico A.-L. Thomas (Éssais sur les femmes), Diderot aprovecha la ocasión para concentrar en una quincena de páginas densas y chispean­tes la materia de un tratado propiamente dicho. Con un imponente aparato de citas y alusiones históricas, de referencias al arte y a la literatura, a sus recuerdos persona­les y a la experiencia tradicional, pasa re­vista a los caracteres típicos de la natura­leza femenina en sus manifestaciones sobre­salientes, habla sucesiva y simultáneamente como un fisiólogo, un naturalista, un árido moralista y un poeta enamorado.

Después de haber dibujado, con eficacia impresio­nante, un completo cuadro fisiopsicológico, hace seguir una impetuosa y compasiva di­sertación sobre las condiciones sociales de la mujer en su época, en la que encontra­mos el eco de muchas ideas y teorías agi­tadas entonces corrientemente; al mismo tiempo, reconocemos en cada línea una justeza de toque y un mesurado rigor en el mismo calor de la declamación, que son los méritos más evidentes del genio de Di­derot. La originalidad de este raro escritor brilla aquí con viveza tan milagrosa, que puede decirse que bastan estas pocas pá­ginas, junto con las de la Conversación de D’Alembert y Diderot (v.), para dar idea de su arte y de su ingenio.

M. Bonfantini

Las Mujeres Curiosas, Carlo Goldoni

[Le donne curióse]. Comedia en tres actos de Carlo Goldoni (1707-1793), estrenada en 1753. El asunto parece inspirado en un aconteci­miento político contemporáneo. Cierto es que Goldoni tuvo presentes los círculos, políticos o intelectuales, que se pusieron de moda en aquella época: Pantalone (v.) ha alquilado una casita en la que reúne al­gunos amigos para charlar, cenar y tratar de negocios.

De tal círculo quedan exclui­das las mujeres, esposas, hijas y novias, las cuales, llenas de curiosidad, consiguen que Brighella (v.), criado de Pantalone, las introduzca a hurtadillas. Logran apagar así su curiosidad y aclarar las sospechas, de forma que el asunto termina con la con­cordia general. Un poco novelesca en el motivo y no muy feliz, esta comedia está animada, no obstante, por el juego de las mujeres, en que se repite un tema muy caro a Goldoni.

U. Déttore