Muqtabis, Abū Marwān ibn Hayyān

Obra del historiador arábigo- español Abū Marwān ibn Hayyān (987- 1075), cuyo título completo es Kitāb al- muqtabis fī ta’rīj al-Andalus [Libro del que desea conocer la historia de al-Anda­lus]. Se trata de una obra de juventud que constaba de diez volúmenes, de los que has­ta hace poco tiempo sólo conocíamos dos fragmentos, a los cuales recientemente ha venido a añadirse otro más.

Constituye una historia del Islam español que abarca des­de la invasión de la Península por los mu­sulmanes al mando de Tāriq hasta la época del autor. En realidad, más que una obra original, resulta ser un centón o edición de crónicas anteriores. El fragmento cronoló­gicamente más antiguo es el que ha sido recientemente identificado por E. Lévi- Provençal: se refiere a los emiratos de al- Hakam I (796-821) y cAbd al-Rahmān II (821-852). Aunque el fragmento yace aún inédito, algunos pasajes ya han sido utili­zados por los historiadores — una parte de ellos ha sido editada y traducida (texto árabe por E. Lévi-Provençal y traducción castellana por E. García Gómez, en la re­vista «Al-Andalus», XIX (1954), págs. 296- 315) —.

A éste le sigue lo que se consi­dera que constituía el tomo III — que fue editado por el padre Melchor Antuña (Pa­rís, 1937) —, o sea, la parte correspondiente al gobierno del emir cAbd Allāh (888-912). El Muqtabis da a conocer los hechos de ese reinado y los expone por riguroso or­den cronológico, señalando la importancia histórica que tuvo la actuación de dicho emir (sobre todo en dos aspectos: sofocar el nacionalismo indígena y someter la aris­tocracia musulmana), con lo cual hizo po­sible la grandeza del Califato cordobés. Ibn Hayyān no se limita a indicarnos los sucesos políticos y militares, sino que tam­bién nos proporciona datos acerca del am­biente cultural de esos años, no sólo de autores, sino de sus obras e incluso inter­calando poesías.

En cuanto al tercer frag­mento, que abarca los años 970-974, es decir, la época del reinado del califa al-Hakam II, en su casi totalidad es una refun­dición de la obra o de un amplio frag­mento de una obra que había escrito cĪsà ibn Ahmad al-Rāzī — actualmente, Emilio García Gómez prepara la edición de este tercer fragmento —. De otra obra, poste­rior, de Ibn Hayyān, el Kitāb al-matīn [Li­bro de lo sólido], que, al parecer, constaba de sesenta tomos, sólo han sobrevivido al­gunos pasajes recogidos por historiadores posteriores, por ejemplo, por Ibn Bassām (v. Dajīra) y por Ibn al-Jatīb (v. Ihāta). Traducción española del Muqtabis, en cur­so de publicación, por José E. Guráieb, en la revista «Cuadernos de Historia de Es­paña» (Buenos Aires), XV (1951) y si­guientes.

D. Romano

Munera Pulveris, John Ruskin

Ensayos de crítica sobre el concepto vulgar de riqueza dominante en la economía política, de John Ruskin (1819-1900), publicados en el «Fraser’s Magazine» de 1862-63 y recopilados en un volumen con variantes y añadiduras en 1872. Forman junto con Hasta el final (v.) y con Tiempo y estación (v.) la trilogía del evangelio ético del gran crítico de arte y reformador social: un triple ataque con­tra el concepto de la riqueza, que «adora el polvo como realidad» (de ahí el título: los «dones del polvo»).

Para Ruskin, la economía política, aunque sea un sistema científico, resulta en general imposible, ex­cepto en especiales condiciones de cultura moral. Las riquezas consisten en cosas «que tienen un valor en sí mismas», sin depen­der de la demanda o ser objeto de deseo, ni del hecho de que pertenezcan a quien no puede usarlas. La riqueza de una na­ción se mide por el atesoramiento de me­dios que conducen, no a la muerte, sino a la vida. De dos naciones con idénticos recursos, es más rica la que tiene una po­blación mayor, siempre, que el nivel moral de la misma sea más elevado. En cuanto al dinero, podría ser eliminado sin que por ello el mundo se volviese más pobre ni más rico. Como el dinero confiere el dere­cho de escoger, por eso el comercio es el medio, de conseguirlo. Es un proceso ne­cesario, con tal de que el comerciante re­ciba solamente su retribución y no una plusvalía dependiente del estado y condi­ciones del mercado; esto es para Ruskin tan injusto como la usura.

Considerando luego el sufragio político y su capacidad o incapacidad de formar un verdadero gobierno, y la esclavitud, su función y su peor forma — la venta del cuerpo y del alma —, Ruskin afirma que la desigualdad de la riqueza, en teoría, es justa, con tal que sea distribuida de modo que vaya al mérito y a quien pueda usarla («¿eran los lidios más ricos, como nación, porque su rey fuera Creso?»). La clave del pro­blema es una clara visión de la diferencia entre gastos egoístas y gastos altruistas; por lo que, por ejemplo, hacer un emprés­tito a la patria con alegría, sin intereses, como obra de paz, habría de parecer más razonable que dar la propia vida y arruinar a la propia familia en una guerra. Al em­plear la actividad de un hombre hay que procurar que produzca con seguridad y con alegría; concepto repetido con insistencia en las otras-dos obras que forman su trilo­gía economicosocial.

De las riquezas así producidas, la conciencia dirá lo que sea posible quedarnos para nosotros y lo que hay que dejar a los demás (como el mismo Ruskin hizo con su rico patrimonio pater­no). «Pero, entonces, ¿qué fruto sacaréis de vuestro trabajo? No mayor que el que recibís de quitar el polvo a vuestra habi­tación… en términos, no de dinero, sino de vida (que produce también dinero en abun­dancia); y más aún, de luz, cuyo valor no ha sido traducido todavía a moneda». No hay otra alternativa: o tomar al «polvo» por divinidad, los sueños por vida, o ate­sorar el sol de justicia, la genuina sustancia del bien. La economía política idealista de Ruskin es susceptible, en todos sus princi­pios, de ser tachada de utopía y sueño; pero se trata quizá de la utopía y el sueño a propósito de los cuales escribió Walt Whitman: «¿Es un sueño? No: su carencia es un sueño. / Y si se desvanece, la poesía y la riqueza de la vida se convierten en un sueño. ‘/ Y todo el mundo es un sueño».

G. Pioli

Dijo constantemente los absurdos más asombrosos a propósito del paisaje y de la historia natural, que era su deber com­prender. Dentro de ciertos límites, habló con el más frío sentido común de economía política, que no era de ningún modo su deber comprender.              (Chesterton)

Muñoz, Visitador de México, Rodríguez Galván

Dra­ma del poeta romántico mexicano Ignacio Rodríguez Galván (1816-1842), cuyas obras publicó en 1851, en dos volúmenes (el pri­mero con las composiciones líricas origina­les y traducidas, y el segundo con las dra­máticas), su hermano Antonio.

La imagen del protagonista — pintada con los más sombríos tonos — nada tiene que ver con la historia del célebre visitador – Alonso de Muñoz, llegado a México en agosto de 1567 para averiguar lo ocurrido en el mo­vimiento separatista encabezado por Martín Cortés. La acción se desarrolla en la ca­pital de la Nueva España en el año antes indicado. Muñoz se propone conquistar a doña Celestina de Albornoz, esposa del no­ble don Baltasar de Sotelo, la cual tiene por confidente, y como si fuese su hija, a la joven Berta.

Gonzalo Núñez, hombre de confianza de Muñoz, enamora a Berta por conveniencia de su amo, pero acaba por prendarse sinceramente de ella. Asal­ta el tirano la casa de Celestina, y al ver que le rechazan y que Sotelo llega, se re­tira, no sin dejar escondido a su criado Tristán con orden de dar muerte al ma­rido si ella pronunciara su nombre. Al en­trar Sotelo, alcanza a ver de espaldas al fugitivo, pero negándose Celestina a reve­lar quién es el que ha escapado, se ve ca­lificada de infiel y rechazada por su es­poso. Berta cita a Sotelo en un paraje apartado, le revela todo lo ocurrido y le comunica que Muñoz ha encerrado a su mujer en un aposento de su propio palacio.

Los nobles, cansados de las arbitrariedades del visitador, deciden darle muerte y ata­can al criado Tristán, al cual defienden ca­ballerosamente Sotelo y Núñez, al verlo solo. En una escena borrascosa entre Mu­ñoz y Celestina, ésta amenaza con poner fin a su vida. Al irse el tirano, llega Sotelo y a poco Tristán, que, agradecido, lo hace salir con su esposa por una puerta secreta. Berta no quiere huir y muere a manos de Muñoz y de los suyos. Núñez ansia vengarse. Reúnense los conjurados y cuando Celestina confía en el triunfo de su amado, Muñoz — otra vez repudia­do— hace su entrada y ordena que traigan el cadáver de Sotelo, sobre el cual se des­ploma muerta Celestina. Termina el drama con los acentos de desesperación de Muñoz. A. Millares Carlo

El drama está escrito con una intuición muy clara de los recursos dramáticos, con un sentido de lo que es la acción, en ver­sos fluidos y sonoros, como corresponde a la técnica de la época, con un lirismo apa­sionado que llegó fácilmente a conmover al espectador. (Jiménez Rueda)

Muñeca, Boleslaw Prus

[Lalka]. Novela polaca de Boleslaw Prus (Aleksander Glowacki, 1847- 1912), publicada en 1890. Desde aquel ob­servatorio de la vida social que es el pe­riodismo, durante el período de trabajo orgánico que en Polonia siguió al fracaso de la rebelión de 1863, Prus tuvo manera de estudiar a fondo las diferentes clases de la sociedad polaca, de agitar ideas, diagnosti­car males y sugerir remedios, tanto que pudo darnos en la novela Muñeca un cua­dro completo de la vida de Varsovia en 1880.

Hecho extraño éste, en la historia de la literatura polaca, que generalmente es­cogió sus temas y su ambiente en la vida del campo, entre nobles y campesinos. La acción compleja y variada de Muñeca en el entrelazarse de ambientes diversos, tiene dos principales protagonistas: la ciudad de Varsovia y Estanislao Wokulski, un rico comerciante. Hombre casi de dos épocas, romántico y moderno, espíritu eminente­mente práctico y al mismo tiempo idealis­ta, clarividente e ingenuo, Wokulski re­fleja probablemente muchas de las cuali­dades y de las tendencias del mismo autor. Él gasta en vano reservas extraordinarias de energía e inteligencia sin poder romper la muralla de costumbres mentales y de prejuicios que separa la burguesía de la aristocracia.

Nudo central de la acción son los múltiples intentos de Wokulski para conquistar el amor de la condesa Isabel Lencka, a quien ama desesperadamente, a pesar de la estrechez de ideas y la medio­cridad de conciencia de la joven aristó­crata. Consigue atraer su atención, pero no despertar en la «muñeca» un verdadero sen­timiento. Alrededor de los protagonistas la novela recoge otros numerosos personajes y enfrenta diferentes problemas: las relaciones entre aristocracia y burguesía; las rivalidades y contrastes entre los distintos elementos étnicos: polacos católicos y judíos.

La originalidad del pensamiento, el fino humorismo, una gran riqueza de obser­vaciones exactas y agudas hacen de Muñeca la mejor novela polaca de costumbres del siglo XIX, verdadera epopeya de la vida de una capital.

C. A. Garosci

Mundo Moral, Gasparo Gozzi

[Il mondo morale: Conversazioni della Congrega dei pellegrini]. Obra de Gasparo Gozzi (1713-1786), publicada primero por entregas en la «Gazzetta Veneta» (v.) e, inmediatamente des­pués, en 3 volúmenes por Colombani (Ve- necia, 1760).

El autor, en su intento mora­lizados recurre a, un «cuadro» análogo al del Decamerón (v.) y los Cuentos de Can­terbury (v.), imaginando que unos peregri­nos se reúnen para discurrir acerca de va­rios temas bajo la guía de una docta pe­regrina, que entra en escena presentando el primer capítulo de una novela alegórica propia, cuyos personajes son personifica­ciones de virtudes y vicios.

La Inocencia fue la primera en reinar en el corazón, parte noble del hombre. Las Pasiones intentaron echarla de allí. El Fraude inten­tó la empresa estimulando la curiosidad, engañando a Céfalos, la cabeza humana, etc.; y así durante once capítulos más. En el primer volumen nos son presentados los diversos caracteres de los vicios y de las virtudes, y las tendencias de las pasiones por las cuales es tiranizado el corazón. La novela, fastidiosa, está de vez en cuando interrumpida por alguna refle­xión o razonamiento por parte de los pe­regrinos, que unas veces aplauden y otras comentan la narración.

El discurso de un peregrino expone «el plan de una retórica para guiar a un jovencito a la elocuencia por medio de las pasiones», al paso que las versiones de los diálogos de Luciano, Prometeo (v.) y el Sueño (v.), obras hábi­les y agudas, rompen aquel tedio abruma­dor. La primera parte se cierra con un ín­dice de «explicación de nombres griegos que se hallan en la novela alegórica»: me­lancólico documento de la buena intención del autor de hacer a los hombres «si no bue­nos del todo, por lo menos mejores» y sin otro sistema que el que le dicta su «propia feraz fantasía».

En las otras dos partes, la novela alegórica se enriquece sólo con otras tres entregas; la parte más extensa está ocupada por un sermón en verso, imitación de la sátira de Horacio, publicado en 1763, junto con otros (v. Sermones poéticos), con varios razonamientos de peregrinos, en­tre ellos uno contra un ignorante compra­dor de muchos libros, y por la versión de otros seis diálogos de Luciano y de la Muerte de Adán (v.) de Klopstock. De esta última el traductor pone en evidencia, en­tre otras cosas, la sencillez de su estilo, con el uso de vocablos que revisten la pasión de nobleza y grandeza.

Entre las nume­rosas obras de Gozzi ésta es la más des­igual, pues acumula bien logradas traducciones con la interminable «monótona e insulsa» novela alegórica. Y a pesar de unir el propósito de Addison y Steele en el «Spectator» (v.) con el de Baretti en su posterior «Frusta Letteraria» (v.), no tuvo el éxito ni del uno ni del otro. Se la con­sidera, sobre todo, como preparación del «Osservatore» (v. ).

G. Pioli