Murciélago, Johann Strauss

[Die Fiedermaus]. Opereta en tres actos de Johann Strauss, hijo (1825-1899), representada por vez pri­mera en Viena, en el teatro «An Der Wien», el 6 de abril de 1874.

La acción transcurre en un balneario termal junto a Viena, don­de una joven esposa, muy sensible a la corte de un tenor, lo recibe en su casa en ausencia del marido, y como al marido lo busca la policía, en su lugar detienen al tenor. Aclarado el equívoco que, a su vez, da lugar a otros divertidos quid pro quos, el asunto termina, como no podía menos, de la mejor manera posible. El tí­tulo deriva del apodo de «Murciélago» que le dan al director de prisiones, por haberse disfrazado de esta guisa para asistir a un baile de máscaras.

El Murciélago es la ope­reta más típicamente vienesa y, en la his­toria de esta forma teatral, marca efecti­vamente una fecha, por llevar a escena por primera vez hombres actuales y coti­dianos, que viven la vida de su tiempo cantando alegremente vestidos a la moda del día, en lugar de personajes imagi­narios, ataviados de manera fantástica, ya fuesen históricos, ya mitológicos. El Mur­ciélago debe además su importancia al he­cho de haber iniciado la opereta-vals, ca­racterística de Johann Strauss, hijo, y de sus sucesores, los operetistas vieneses y ale­manes en general.

En efecto, en El Mur­ciélago, el vals está elevado al nivel de generador lírico de la opereta entera, y so­bre todo en el segundo acto (la fiesta en el jardín) anima la escena con la inago­table riqueza de sus melodías, de ritmo «danzante» y siempre fuertemente acen­tuado.

L. Colacicchi

Los Murciélagos. Claroscuros, Robert de Montesquiou- Fézensac

[Les Chauves-Souris. Clairs-obscurs]. Libro de poemas del francés Robert de Montesquiou- Fézensac (1855-1921), publicado en 1892. En una forma abstractamente evocadora propia del autor, refinado hombre de mundo, can­ta lo que más precioso le parece en la vida: el sentido del misterio, la voluptuosidad de los suaves olores la morbidez de los terciopelos o de un rostro.

La obra parece aspirar a un significado alegórico, acentua­do por los epígrafes y por las notas del au­tor, el del paso de la claridad a la penum­bra nocturna, en una evolución que es comprensión de una más profunda reali­dad. En continua exigencia de sensaciones delicadas y nuevas, canta el autor con su­premo refinamiento de decadente la mor­bidez de un mundo incomprendido que se halla entre la realidad y la irrealidad, en una zona fabulosa, abandonándose a un ar­tificio continuo de sutilezas y elegancias. Después del elogio de la noche y de los murciélagos, señores del misterio, un grupo de composiciones humaniza los motivos más singulares del artista, cantando, por ejem­plo, en Luis II de Baviera, romántico so­berano amante de las artes y de la belleza, al verdadero «murciélago de los murciéla­gos».

Una tercera parte expresa la voluptuo­sidad de hallarse solo en el universo, en muda contemplación de la noche y de su vida misteriosa. Más que pertenecer a la escuela simbolista, Montesquiou, tan refi­nado y excéntrico como para servir de modelo a Des Esseintes (v.) de Huysmans (v. Al revés) y al barón de Charlus (v.) de Proust (v. En busca del tiempo perdido), saca partido de las enseñanzas de los par­nasianos, como indica también una carta de elogio y admiración a Leconte de Lisie, que encabeza el volumen. Efectivamente, en varios grupos de poemas cincela finas des­cripciones de la vida lujosa y de las cos­tumbres del gran mundo, entre piedras pre­ciosas y perfumes y flores exóticas y raras: así en «Zaimf», en «Medias tintas» [«Demi teintes»], en «Exvoto» y en otras partes.

El mundo está transfigurado en resplando­res nacarados, en susurros nocturnos, en éxtasis inmaculados, en una propia e in­comunicable fijeza. La obra es típicamente representativa por su refinamiento llevado a las extremas consecuencias del «dandysmo» y por el preciosismo de un moderno árbitro de las elegancias.

C. Cordié

Al-Mucrib can BacD Ayā Ib Al-Magrib, Abu Hāmid Muhammad al-Garnātī

[Colección de extrañas noticias acer­ca de algunas de las maravillas del Occi­dente]. Obra del viajero arabigoespañol Abu Hāmid Muhammad al-Garnātī (1080- 1169), del que puede decirse que pasó toda su vida viajando, desde que en 1117 partió de Granada: recorrió Egipto, el Pró­ximo Oriente, el sur de Rusia, Hungría, y luego, más al Este, estuvo en Irán, Jwarizm y Arabia, residiendo algún tiempo en El Cairo, Bagdad, Hungría, Bagdad de nue­vo, Mosul y Damasco.

En Bagdad, en 1160, y para el visir Awn al-dīn, compuso esta obra, de contenido parecido al de su Tuhfat al-albáb wa-nujbat al-acŷāb (v.), escrita dos años más tarde. Después del prólogo y de la dedicatoria, trata sucesivamente de las maravillas de al-Andalus; de las horas de oración (aportando datos sobre la medición de las horas solares, de la du­ración de los días, de las divisiones de años y meses según diversos cómputos); de las maravillas de algunas ciudades de Es­paña y del norte de África (desde Ceuta al Cairo); notas sobre astronomía, sobre todo acerca del problema de la orientación de las mezquitas (qibla); de los climas y montes, acabando con una relación del viaje a tierras eurasiáticas.

Escrita con es­tilo llano y sencillo, a las veces incluso popular, viene a ser una especie de geo­grafía legendaria, dedicada especialmente, pero no exclusivamente, al Occidente. La narración es animada y pintoresca; está cuajada de datos geográficos (de geografía física, comercial y política) e históricos (ciudades, naciones, etc.), incluyendo da­tos sobre precios de los productos en di­versos países, sobre comunicaciones, etc. La parte correspondiente al viaje a tierras eurasiáticas ha sido editada, traducida y ampliamente comentada por César E. Dubler (Madrid, 1953).

D. Romano

Murasaki Shikibu Nikki, Murasaki Shikibu

[El diario de Murasaki Shikibu]. Obra de la literatura japonesa clásica. Es el diario de la famosa autora del Genji Monogatari (v.), limitado empero a los años 1007-1010. Dama de ho­nor de Fujiwara Akiko, segunda esposa («chügu») del emperador Ichijō (987-1011), la escritora traza un cuadro de la vida en la corte de la época, describiendo los acontecimientos que acompañaron el naci­miento de los dos futuros emperadores: Go Ichijō, que nació en 1008 y reinó de 1017 a 1036, y Go Suzaku, que nació en 1009 y reinó de 1037 a 1045, ambos hijos de Fu­jiwara Akiko. Aunque estilísticamente in­ferior al Genji Monogatari, este diario está considerado como uno de los mejores pro­ductos de la prosa clásica japonesa. Trad. inglesa de Annie Shepley Omori y de Kōchi Dōi con el título Diaries of Court Ladies of Japan (Londres, 1936).

M. Muccioli

Muqāddima, Ibn Jaldūn

Es el nombre árabe (li­teralmente «prefacio, introducción») con que se designa por antonomasia la primera parte, más famosa y de mayor importancia doctrinal, del Kitāb al-cibar [Libro de los ejemplos históricos] de Ibn Jaldūn, emi­nente historiador y jurista musulmán, na­cido en Túnez en 1332 y muerto en El Cai­ro en 1406.

El término comprensivo de Muqāddima suele extenderse de la intro­ducción propiamente dicha, en que Ibn Jaldūn diserta sobre el valor de la historia y los errores metódicos de los historiadores, al primero de los tres libros en que se divide la obra, dedicado a la civilización humana. Apresurémonos a decir que la construcción de Ibn Jaldūn, a despecho de sus pretensiones de universalidad, se basa de hecho sobre las particulares condiciones históricas, geográficas y sociales del am­biente en que vivió, es decir, el África septentrional musulmana del siglo XIV; a ella, a su presente y pasado, aplica sus teo­rías, y del examen de su historia extrae y formula sus leyes; teorías y leyes que conservan por analogía su valor dondequie­ra que se presente el fenómeno sobre el cual se basa la sociología jalduniana, es decir, el conflicto entre el elemento bedui­no y el sedentario y el devenir de la civi­lización en el tránsito de uno a otro.

Den­tro de tales límites, la agudeza y certera visión del historiador tunecino constituyen un fenómeno quizás único en la historia del pensamiento árabe-musulmán, y la co­herencia y concreción históricas de su vi­sión no tienen pareja en la literatura ára­be ni en ninguna otra contemporánea del mismo Occidente. Las creadoras de la his­toria son las fuerzas vírgenes de los nó­madas, donde la misma energía del «espí­ritu de cuerpo o de tribu» («asabiyya») que las impulsa en su estado elemental a consumirse en luchas anárquicas, una vez sublimadas y ampliadas, actúa como valor decisivo para la creación de hegemonías cada vez más amplias, que desembocan en capacidad de imperio.

Pero imperio signi­fica civilización y sedentarismo, y he aquí que de la misma plenitud del éxito nacen los gérmenes de decadencia y muerte que conducirán a una hegemonía madura a deshacerse por proceso interno y a some­terse al choque de nuevas fuerzas. Esta línea de desarrollo nos explica tanto la historia entera del imperio árabe, desde los desiertos de la península hasta el do­minio del Asia Anterior y del África del Norte, como, en la misma África, las vici­situdes del conflicto entre árabes invaso­res y bereberes indígenas, y el surgir y decaer de grandes imperios africanos arabe- bereberes, fatimíes, almorávides y almo­hades.

A la luz de este pensamiento fun­damental, Ibn Jaldūn examina todo el pa­sado de su tierra y de la civilización musulmana, analiza los problemas más discu­tidos y traza un cuadro general de las dis­tintas ciencias y artes, de las instituciones políticas, de los movimientos intelectuales, artísticos y religiosos islámicos, que poseen una importancia fundamental, sobre todo para el Islam marroquí. Los libros segundo y tercero de la obra de Ibn Jaldūn, que siguen a los prolegómenos y están dedi­cados respectivamente a la historia siste­mática de los árabes y de los bereberes, decepcionaron en cierto modo a los estu­diosos en cuanto no aparecen aplicadas, co­mo era de esperar, las ideas audaces y bri­llantes del primer libro y ofrecen más que nada una crónica que sigue la falsilla de la historiografía arabigoislámica corrien­te.

Pese a ello, el libro tercero contiene materiales preciosos para la historia me­dieval del África del Norte. Imperfecta­mente publicada y traducida (al francés por M. Guckin De Slane, París, 1862-68, Notices et extraits des manuscrits,_ XIX- XXI), los Muqāddima de Ibn Jaldūn es­peran todavía un estudio exhaustivo que no se limite a inexactas y unilaterales ge­neralizaciones sociológicas, sino que ponga a plena luz su concreta importancia his­tórica.

F. Gabrieli

Ibn Jaldūn sugiere y plantea casi todos los problemas que más tarde, entendidos de modo muy distinto, han venido a cons­tituir la preocupación principal de los historiadores modernos. (Altamira)