Mutrib Fī Ašar Ahl Al-Magrib, ‘Umar ibn al- Hasan ibn Dihya

[El libro divertido acerca de las poesías de la gente de Occidente]. Obra del tradicionero arabigoespañol  cUmar ibn al- Hasan ibn Dihya (1153-1235), natural de Denia, quien, depuesto por dos veces de su cargo de cadí, salió de España, y tras via­jar por el norte de África y Oriente, se estableció como maestro en Egipto, llegan­do a serlo del príncipe heredero. La im­portancia de Ibn Dihya estriba en el hecho de que difundió por Oriente la ciencia — en la más amplia acepción de la palabra — arabigoespañola. En el Mutrib recoge, sin orden ni concierto, tal como le venían a la memoria hallándose lejos de su país na­tal, una serie de noticias acerca de los poe­tas de al-Andalus.

D. Romano

Mu’ŷam mā ista’ŷama, Abū ‘Ubayd’Abd Allāh al-Bakrī

[Diccionario de nombres difíciles] Compilación del geógrafo arabigoespañol Abū cUbayd cAbd Allāh al-Bakrī (m. 1094), que tiene la gran cualidad de que a pesar de que el autor viajó mucho por España, residiendo en diversas ciudades, a veces por breve tiempo, como en la corte taifa de Sevilla, junto al Muctamid (v. Poesías), nunca salió de la península. Pero aunque sus obras (v. Kitāb al-mamālik wa-l-masālik) son tan solo compilaciones, tienen el mérito de estar hechas con talento y, cosa no frecuente, con orden. El Mucŷam es un vasto repertorio de topónimos, en su  mayoría referentes a Arabia, precedido de una introducción sobre la geografía antigua de aquella península. Los datos que recoge son claros, explícitos y, sobre todo, verídicos. Edición del texto árabe por Ferdinand Wüstenfeld (Göttingen, 1876-1877).

D. Romano

Mu Tan T’ing, T’ang Hsien- tsu

[El pabellón de la peo­nía]. Drama poético chino de T’ang Hsien- tsu (1550-1611), dividido en 55 actos.

Una jovencita de 16 años, Tu Li-niang, hija del gobernador de la ciudad de Nangan y des­cendiente del gran poeta Tu Fu, sueña un día con un joven literato bajo el pabellón de la peonía en su jardín; él le sonríe y le entrega una rama de sauce llorón. Al despertarse, Tu Li-niang siente brotar en su alma un gran amor hacia el joven de su sueño y cae enferma. Antes de morir, manda pintar su retrato y en el testamento pide que la entierren bajo la torre de la peonía.

Por otro lado, en la provincia de Kuangtung hay un joven, descendiente del gran literato Liu Tsung-yüan, que ha visto en sueños, bajo el árbol Mei, a una joven que ha prometido casarse con él. Desde entonces, él se ha llamado «Liu Mêng-Mei» (es decir, «Liu ha soñado con Mei»). Durante su viaje hacia la ciudad imperial para tomar parte en el concurso, el joven se detiene en casa del gobernador de Nan­gan, que, enviado por el emperador al Nor­te para rechazar una invasión de tártaros, la ha transformado en un monasterio.

Pa­seando por el jardín, Liu Mêng -Mei en­cuentra bajo el pabellón de la peonía el retrato de Tu Li-niang y reconoce a la muchacha de su sueño. Entretanto, el alma de la muchacha, que vagaba por el jardín — ya que, según la ley del dios de la vida, ella tendrá que resucitar cuando vea al joven de su sueño —, se le aparece y le dice que abra su tumba. Así Tu Li-niang vuelve a la vida y celebra su boda con el joven Liu Mêng -Mei.

Después de la boda, el jo­ven participa en el concurso y luego va a ver al gobernador, su suegro, quien, to­mándolo por un brujo, lo somete a tormen­tos. Llega el decreto imperial que anun­cia que el literato Liu Mêng -Mei ha gana­do el concurso; el suegro lo libera, lo lleva consigo a su casa y reconoce el matrimo­nio.

T’ang Hsien-tsu puede llamarse el príncipe de la escuela meridional del tea­tro chino, que empezó con la dinastía Ming (1368-1643) y se dedicó a la sutil y va­riada representación de los sentimientos. Sus obras rivalizan con las de los más célebres escritores de la escuela septentrio­nal mongol, que descuida la acción acen­tuando los motivos líricos, y abren camino a los escritores posteriores. El pabellón de la peonía es uno de los dramas chinos más conocidos, y si el argumento rebosa de un amor demasiado sensual, sus versos tienen una singular belleza de expresión y de ritmo y una preciosa delicadeza.

S. Lokwang

Los Músicos de Brema, Jacob y Wilhelm Grimm

[Die Bremer Stadtmusikanten]. Cuento de Jacob (1785- 1863) y de Wilhelm (1786-1859) Grimm (v. Cuentos para niños y familias). Uno de los rasgos característicos de la poesía popular era, según los Grimm, la parte que en el cuento toman los animales, las plantas, las cosas, todos animados y provistos del don de la palabra.

En éste hallamos cuatro ani­males domésticos: el asno, el perro, el gato y el gallo, que, después de haber servido toda su vida al hombre, cuando llegan a viejos advierten que sus respectivos amos quieren deshacerse de ellos. Toman el ca­mino del campo y piensan irse a Brema y hacer que los tomen a sueldo en la ban­da municipal.

Pero no es menester ir tan lejos para dar muestras de su voz. En me­dio de la noche brilla una lucecita. Se aso­man a una ventana los cuatro compadres y ven a unos bandidos celebrando un festín. Los cuatro viajeros se ponen uno encima del otro, y, tras una bulla infernal, se preci­pitan en la habitación, mientras los ban­didos, aterrorizados, huyen dejando su cena a los recién llegados. La Edad Media nór­dica, desde el Román de Renart (v.) a las gárgolas de las catedrales góticas, tenía predilección por los animales sabios y pru­dentes, que tenían más astucia que el campesino, así como por los animales imagi­narios, encarnación, a veces, del diablo, que atormentaban a los pobres hombres.

Pero esta vez los alegres compadres se contentan con aprovecharse de la ocasión según sus necesidades; se procuran un buen alojamiento para el resto de sus días y restablecen el equilibrio que la injusticia de los hombres había intentado quebrantar en perjuicio de ellos.

F. Fano

La Musogonia, Vincenzo Monti

Poema en octavas de Vincenzo Monti (1754-1828), empezado en 1793, acabado en 1797 y modificado y corregido en 1826. Se propone exaltar la obra de las Musas, civilizadoras de las costum­bres humanas, y contemplar de este modo en una síntesis poética la historia de la humanidad.

La intención queda, sin em­bargo, lejos de la realización, ya que el argumento se detiene en el material mera­mente mitológico. Se narra en él que Jú­piter, transformado en pastorcillo, se enamora de Mnemosine, hermana de los Ti­tanes, y que de este amor nacen las Musas, acogidas en la más luminosa zona del Olimpo; ellas cantan las obras del Amor, los orígenes de la vida, el nacimiento de los ríos, de los montes, de las ninfas, la lucha de los Titanes. El primer canto terminaba, en la primera redacción, con la invoca­ción al «César alemán» para que rechazara al «Galo felón»; pero en 1797 esta invoca­ción fue substituida por otra, dirigida a Napoleón. El segundo canto, que debía des­cribir la obra civilizadora de las Musas, a través de la literatura griega, latina e italiana, no fue escrito nunca.

La mitología heló el estro del poeta, y sólo destacan unos pocos trozos, como la tétrica imagen de los Gigantes abatidos y, por contraste, la deliciosa imagen de Mnemosine y de la llanura Eleutera, donde ella pasea. Hay resonancias del «Purgatorio» (v. Divina Co­media) dantesco; algunas escenas están también inspiradas en Dante, aunque el breve poema, en conjunto, quiera mantenerse fiel a los esquemas del estilo didáctico. M. Maggi

… Tengo que decir, además, que el poema no tiene ninguna finalidad satisfactoria, que es tan sólo una poco feliz adaptación a las circunstancias de entonces; y en verdad que un centón de piezas antiguas para can­tar lo que cantaron los mismos antiguos es cosa bien lamentable. (Leopardi)

Es una de las más francas voces del tem­peramento de Monti…; aquí efectivamente el mito se agita y se mueve como algo vivo. (F. Flora)