Noches Blancas, Fedor Dostoievski

[Belye noči]. Cuento de Fedor Dostoievski (Fëdor Michajlovič Dostoevskij, 1821-1881), publicado en 1848.

Es la segunda obra del gran escritor ruso que, en una carta, la definió como «novela sentimental». Pero dada la irrealidad de la trama, más que novela pudiera llamársela fantasía. Un joven, hipersensible y soñador, encuentra en la calle a una muchacha y se siente irresistiblemente atraído por ella.

Al principio, dicha atracción no sale de los límites de la simpatía que un solitario puede experimentar por una persona que le escucha con placer. Pasadas algunas no­ches, durante las cuales han estado conver­sando él y su amiga, el joven siente trans­formarse la simpatía en atracción de los sentidos. Se encarga de contestar a las cartas del prometido de la muchacha, un estudiante, ilusionándose con que ella le ame a él y no al otro. Pero cuando el no­vio vuelve, la muchacha se precipita en sus brazos, destruyendo de golpe la inexis­tente felicidad del iluso enamorado, quien, despertando de su sueño, vuelve a su so­ledad.

Dostoievski describe con conmovida fuerza el vacío que rodea a su héroe, in­capaz de adaptarse a la realidad y desti­nado a sumirse en el aislamiento. El estilo, sencillo y al mismo tiempo sólido y sensi­ble, recoge todas las vibraciones de la an­gustia interior que aflige al autor y a sus personajes. [Trad. castellana, junto con otras novelas cortas, de A. Nadal, Madrid, 1932].

G. Kraisky

Las Noches de Fondi, Isolde Kurz

[Die Nächte von Fondi]. Cuento de Isolde Kurz (1853- 1944), publicado en 1922. De los versos latinos e italianos de Molza, de las historias de Paolo Giovio y de Ridolfi, la escritora alemana ha sacado los rasgos de esta paté­tica historia de amor.

Hipólito de Médicis ama y es correspondido por la mujer más hermosa de Italia, Julia Gonzaga, viuda de un riquísimo Colenna con quien fue des­posada sin amor a los trece años. Pero las bodas les están prohibidas: Hipólito es cardenal, además ambiciosísimo y dispuesto a derribar de la señoría de Florencia a su primo Alejandro. La riqueza de Julia está vinculada a su viudedad. Pura y virtuosa, Julia resiste al ardiente amor del joven y ambos sufren de la renuncia. Hasta que, en vísperas de partir a una cruzada con­tra los berberiscos, Hipólito muere enve­nenado por su primo, que sospecha de él, y sólo la proximidad de Julia, que acude a asistirle, transformará en resignación fi­nal su indignación contra la muerte que trunca todos sus sueños.

La obra no pre­senta demasiada originalidad: retrata la Italia del siglo XVI que ya había ofrecido argumento a otros novelistas alemanes, so­bre todo al suizo C. F. Meyer. Pero la es­critora ha recurrido directamente y con cuidado a las fuentes históricas; las fi­guras de ambos amantes se mueven con bastante humanidad y son conmovedoras sobre el fondo de la campiña comprendida entre Roma y Terracina, que la señoría de los Colonna sembró de castillos y burgos, y el cuento transcurre entre cuadros deco­rativos e interesantes.

En el centro del li­bro están el asalto de Fondi por obra de los corsarios de Khair-Eddin, el Barbarro- ja de los mares, y la fuga de Julia del cas­tillo por él sitiado, su huida por entre los bosques y quebradas de las montañas y su salvación final, fielmente entresacadas de las crónicas de la época.

B. Allason

Noches Áticas, Aulo Gelio

[Noctes Atticae}. En veinte libros, en parte mutilados, Aulo Gelio (130-175 d. de C.) recopiló, para su uso y el de sus hijos, el fruto de sus inves­tigaciones, lecturas, anotaciones, y les puso este título porque había estudiado larga­mente en Atenas y, durante las largas ve­ladas invernales, había empezado a com­poner la obra, deliberadamente desordenada y fragmentaria.

No quiso dar a sus veinte libros un plan más ceñido y que abarcase por completo el informe material. Confesa­ba haber mantenido el orden casual de sus lecturas y conversaciones, pues no se fia­ba de su memoria y cuanto leía o escu­chaba lo ponía por escrito. Son numerosos los temas tratados: además de la literatu­ra, la lógica, la geometría, el derecho, en­contramos noticias astronómicas y meteorológicas, de medicina, geografía, historia na­tural y de modo particular historia política. El interés de Gelio se dirigió a la litera­tura, revelando un gusto arcaizante que le hacía preferir, entre los griegos, a los es­critores de la edad antigua y, entre los latinos, a los de la época republicana.

Pero era hombre de ingenio mediocre y le inte­resaban infinitas y mínimas curiosidades de léxico, gramaticales, literarias, anticuarlas, jurídicas, religiosas, cada una de ellas por sí misma y sin ningún plan orgánico ni unitario. Con todo ello y por todo ello, su obra, especialmente por las noticias que nos da y los pasajes que cita de autores poco conocidos, desconocidos o perdidos, es preciosísima para nosotros. F. Della Corte

Espíritu sagaz y fino, pero escritor su­mido en un limo pegajoso. (Huysmans)

Las Noches Agradables, Giovan Francesco Straparola

[Le piacevoli notti]. Recopilación de novelas bre­ves de Giovan Francesco Straparola (1480?- 1557?), de Caravaggio, dividida en dos par­tes, publicadas la primera en 1550 y la se­gunda en 1554.

El título proviene del mar­co en que son presentadas las novelas, que el autor finge narradas en Murano, en el palacio de Ottaviano Maria Sforza durante trece noches de carnaval por cinco doncellas en las doce primeras y por todos los componentes de la noble reunión (entre quienes están Bembo, Bernardo Capello, etc.) en la última. Al final de cada novela el narrador propone un enigma en verso.

Con dichos enigmas y otros detalles de su marco narrativo, Straparola trató de variar una ficción cara a los novelistas italianos de Boccaccio en adelante, atrayendo al lec­tor con la novedad; pero el marco de Las noches agradables resulta bastante pobre, artificioso y carente de originalidad y los personajes reales o imaginarios que apare­cen son puras sombras.

Más feliz estuvo el autor al buscar, siempre por deseos de no­vedad, el asunto de más de una de sus fá­bulas en los cuentos populares, que con anterioridad a él quedaban fuera de la tra­dición literaria: recogiéndolas de la tradi­ción oral, tal como desde tiempos remotos el pueblo las narraba, las cuenta en estilo llano y desenvuelto, sin marcarlas con un tono personal, como hará en el Cuento de cuentos (v.) Basile, ni extraer pretextos polémicos, como hará Carlo Gozzi en sus fábulas escénicas.

En las fábulas del Rey puerco (II, 1), de Pedro el loco (III, 1), del Pajarito Belverde (IV, 3), de la «piavola» (V, 2) se puede captar algún de­talle gracioso, pero en general Straparo­la narra las aventuras maravillosas, cómi­cas o conmovedoras, de sus personajes sin mostrar emoción personal. Aunque neta­mente inferior, triunfa en las novelas de argumento no fabuloso, para las que uti­liza fuentes escritas, alguna vez incluso reproduciendo enteras sin escrúpulos no­velas ajenas, como las veintidós traducidas del latín por el napolitano Morlini, que se leen en la segunda parte, compuesta a lo que parece precipitadamente después del éxito de la primera.

La propensión de Stra­parola por el asunto y los procedimientos narrativos preferidos por el pueblo se ma­nifiesta, además de en las fábulas, en dos novelas, una de ellas en dialecto de Bérgamo (V, 3) y la otra en dialecto de Padua (V, 4), donde estas formas se emplean probablemente para marcar el carácter plebeyo de la fábula, y que contribuyen al interés de esta recopilación, distinta en varios as­pectos de las demás de su época y, preci­samente por ello, mucho más afortunada de lo que merecía su intrínseco valor artístico. Las noches agradables consiguieron 32 edi­ciones en el espacio de cincuenta años.

M. Fubini

Le falta a Straparola el calor de la pro­ducción y os resulta prosaico y material incluso en lo más vivo de una situación cómic’a o en los mayores excesos de la obscenidad o en los momentos más curio­sos de lo fantástico. (De Sanctis)

Noches, Alfred de Musset

[Les Nuits]. Cuatro gran­des poesías, las más conocidas, de Alfred de Musset (1810-1857). Extendiéndose de mayo de 1835 a octubre de 1837, reflejan diversos momentos de la vida sentimental del poeta y no siempre la mujer por la que sufre es George Sand; pero todas han nacido de la profunda agitación producida en su ánimo por la aventura veneciana, por aquel dolor que ahora le arranca los acen­tos más desgarradores y lentamente se cal­ma con el consuelo de la poesía.

En la Nuit de mai (1835), la Musa consuela al poeta y le incita a vencer el dolor con el canto; si en él sólo el corazón está vivo, que lo explique su pluma, que de su he­rida extraiga la poesía, el bálsamo para los mortales, como el pelícano que con su sangre alimenta a sus hijos. En la Nuit de décembre (1835) recuerda que siempre, en los momentos más graves de su vida, se le ha aparecido una visión, un huérfano ves­tido de luto que se le parecía como un her­mano.

Ahora, mientras llora a la mujer que le ha abandonado, la orgullosa que no ha sabido perdonar, he aquí a la visión que habla: es la Soledad. Vuelve la Musa en la Nuit d’aoüt (1836), y le reprocha por abandonarse todavía a las pasiones que marchitan su alma y su cuerpo; pero él grita su necesidad, su propósito de seguir sufriendo y amando. La Nuit d’octobre (1837) se enlaza directamente con la pri­mera; el poeta recuerda la traición lejana y el dolor renace; la Musa le persuade de que no maldiga a quien, al hacerle sufrir, le ha revelado el valor de la vida, y de que la compadezca por no haber sabido amar como él.

Aunque el escritor no haya vencido todos los defectos de su poesía’, fácil, abandonada y oratoria, ha recogido notas y vibraciones francas y ha dado lo mejor de su alma y de su arte. A las No­ches puede unirse Recuerdo [Souvenir] (1841): el recuerdo del gran amor que le asalta en el bosque de Fontainebleau, don­de conoció la felicidad. Pero, contrariamen­te al dantesco «Nessun maggior dolore…», el recuerdo le es dulce, es un tesoro que conserva en su ánimo, consciente de haber amado, de haber sido amado. Poesía senci­lla, difusa y, sin embargo, intensa, que re­cuerda otros cantos del recuerdo, el lamartiniano Lac y la suntuosa Tristesse d’Olympió de Victor Hugo. [Trad. castellana de G. Velmonte, Madrid, 1889].

V. Lugli

Poemas breves compuestos y meditados, que señalan el punto más alto de su genio lírico. (Sainte-Beuve)

Musset, barbero sentimental. (Flaubert)

Es poesía de decadencia y, más aún, de decrepitud, que no puede escucharse sin malestar. Nada choca más que estos lamen­tos y estas confidencias públicas. La reacción parnasiana fue un movimiento de pudor. (Gourmont )

Musset, a pesar de todo, es un poeta de segundo orden y sus admiradores lo comprenden tanto, que siempre dejan reposar una parte de su obra y vuelven a ella cuan­do se cansan de cultivar la otra. (Proust)

Como poeta del amor desgraciado, autor de los versos de amor más sinceros, más discretos, más sencillos, más desesperados de su época, en las Noches, en el Recuerdo, y en muchas otras poesías breves de las Nuevas Poesías, [Musset] ocupa entre los románticos un papel de testigo del corazón humano análogo al que ocupó Racine entre los poetas clásicos. (Thibaudet)