Noticias de la República de las Letras, Gottfried von Leibniz

[Nouvelles de la republique des lettres]. Obra del filósofo y matemático alemán Gottfried von Leibniz (1646-1716), publicada en francés en 1684.

Es una de las obras de Leibniz en que se manifiestan las ideas que llevaron al autor a la crea­ción del cálculo infinitesimal. En la base de dichas ideas está el principio de continui­dad por el cual, cuando los casos se apro­ximan hasta el punto de confundirse uno con otro, también los sucesos que de ellos derivan han de hacer necesariamente lo mismo.

Así, Leibniz observa que un cuerpo en estado de quietud puede ser considerado dotado de un movimiento cuya velocidad esté reducida a un valor inferior respecto a cualquier cifra imaginable, es decir, a un infinitésimo; y del mismo modo, en el caso más particularmente geométrico, una parábola no es más que una forma especial de la elipse, pero una forma llevada al lí­mite. Así quedan sólidamente establecidos los conceptos de infinitésimo y de infinito a través de una extensión no interrumpida, es decir, «continua».

O. Bertoli

Noticias de la Europa no Bárbara, Lorenzo Magalotti

[Notizie dell’Europa non barbara]. Cartas de Lorenzo Magalotti (1637-1712), escritas con evidente fin artístico y publi­cadas en más de una colección; con su armónica selección de temas forman una pequeña obra digna de interés por la ma­nera con que el «postillón de Europa» inaugura un nuevo estilo de viajar, el de conocer a las gentes sin perder tiempo en antiguallas.

El espíritu de observación del famoso hombre de ciencia, junto con una despreocupación apenas velada por las conveniencias, le incita a escribir a Bettino Ricasoli sobre la manera con que hay que tratar a los franceses (que fastidian al pró­jimo con su altanería, pero que le tienen miedo a quien sabe replicarles con sutileza y vivacidad); al príncipe Leopoldo de Mé- dicis sobre la sociedad española, que es más ignorante de lo que se cree, con toda su jactancia doctrinal, o a Leone Strozzi sobre las peleas de gallos en Londres.

La originalidad de sus consideraciones y la independencia de su juicio hacen aparecer a su autor como un juez del mundo con­temporáneo, libre de prejuicios, apreciado y temido por su ciencia como naturalista, por sus cortesías de hombre de mundo y especialmente por su familiaridad con los poderosos. Cuando, en efecto, el príncipe heredero de Toscana, que fue más tarde Cosme III, hizo con él un célebre viaje de instrucción por distintas naciones, en Holanda le llamaban el «príncipe de Maga­lotti».

El sabio y el hombre de sociedad se encuentran frente a una Europa bárbara, aún no llena en sus hombres mejores del culto a lo antiguo y de la viva curiosidad por lo moderno; de capital a capital el autor observa así una espiritualidad co­mún. Todo el mundo es igual, parece decir Magalotti, y bajo todos los cielos; así como son casi iguales las constantes científicas sobre el agua y el fuego, también la natu­raleza muestra siempre ciertas leyes de euritmia y de simplicidad que no es lícito violar.

En este panorama de Europa hay varias y brillantes descripciones, en que Magalotti dejó un documento muy movido sobre una Europa .amanerada, aunque es­pléndida por su atmósfera de ciencia y vida cortesana; un siglo más tarde seguirá su ejemplo Baretti en sus Cartas familiares a sus hermanos (v.), mucho más famosas y vivas.

C. Cordié

Noticias de Ninguna Parte, William Morris

[News from Nowhere]. Novela del escritor inglés William Morris (1834-1896), publicada en Londres en 1891. Después de una animada discusión sostenida en el círculo sobre el porvenir de la sociedad, el autor se duer­me y despierta en la sociedad del año 2000.

El progreso de la civilización está conce­bido como una vuelta a la sencillez casi primordial de la vida, en la cual las má­quinas y la velocidad espasmódica de la época de Morris han sido abolidas y olvi­dadas en la serena paz de la vida cam­pestre. El urbanismo ha sido combatido, y se han demolido los barrios miserables.

La nivelación social es absoluta, pues to­dos trabajan por el solo gusto de crear lo que es necesario y todos disfrutan de la abundancia. La palabra «política» ha des­aparecido del idioma y las cuestiones in­ternas que pueden surgir se resuelven por medio de convenios amistosos en los que, más tarde o más temprano, todos se ponen de acuerdo.

Hombres y mujeres son de una singular belleza y cortesía. Un joven, Dick, se ofrece como guía al forastero, extrañamente vestido, y le lleva a un co­mercio donde unos niños le dan una túnica y una capa de alegres colores. Él se en­cuentra con dificultades para pagar, pero nadie demuestra comprender sus gestos, pues ya no existe la moneda; a Dick se le ocurre entonces conducir al forastero al lado de un pariente suyo muy anciano, Hammond, que quizá pueda explicarse me­jor que él.

En el diálogo que sigue, se pasa revista a los principales problemas so­ciales y políticos. Morris expone, a través de las respuestas del viejo, sus soluciones utópicas y al mismo tiempo los defectos y males del siglo XIX. Admitido el princi­pio de que la recompensa del trabajo es la vida, la alegría de crear, y que la ne­cesidad de trabajar es natural como el ins­tinto de procreación, Hammond exalta la artesanía, en la que se afirma la indivi­dualidad artística, y recuerda con horror haber oído hablar a sus mayores de la existencia de inmensas fábricas donde la contribución humana era puramente mecá­nica.

Después de la visita a Hammond, el joven Dick y su novia Clara llevan a Mo­rris junto con algunos amigos suyos a las faenas y fiestas de la trilla. El viaje se hace en barca por el Támesis, donde en­cuentra intactos los antiguos nombres de los pequeños pueblos bien conocidos por él. Cada noche duermen en una de las al­deas a orillas del río y en todas partes son recibidos como antiguos amigos. En una de estas etapas, Morris se enamora de una muchacha, Ellen, que se siente atraída por el forastero, venido, según cree ella, de lejanas y misteriosas tierras.

Marchan los cuatro, felices; pero llegados a su des­tino cerca de Hammersmith, cuando Mo­rris se dirige a la cena, de repente ad­vierte que ve sin ser visto y lee en las facciones de la hermosa Ellen la tristeza por su desaparición; una nube obscura le envuelve y, al volver a la luz, se encuentra en su estancia de Hammersmith, precisa­mente donde se habían dirigido para la trilla. El autor se siente triste y solo, pero el recuerdo de la visión es tan neto y vivo, que piensa que debe darla a conocer para tratar de instaurar lentamente la nueva era de la nivelación, de la felicidad tran­quila y serena.

El presupuesto básico de dicha concepción utópica es la firme con­fianza, alimentada por Morris y por los principales escritores ingleses de utopías (Kendall, Huxley, etc.), en la bondad inna­ta del hombre. Esto es para los utopistas un lugar común; Morris se diferencia de los demás por el arte con que hace casi convincente la realización de su utopía, re­conociendo la necesidad de un largo pe­ríodo de transición para alcanzar dicha era de feliz ingenuidad, cuyos caracteres son delineados con magistral ligereza de toque.

N. Pucci

Noticia Acerca del Clérigo Dídimo, Ugo Foscolo

[Notizia intorno a Didimo Chierico]. Ficción literaria con la que Ugo Foscolo (1778-1827) presentó por primera vez la traducción, también bajo dicho pseudóni­mo, del Viaje sentimental (v.) de Sterne, publicada en Pisa en 1813.

Después de una carta de Didimo a los lectores, fechada en 1805, en Calais, en elogio de la obra del párroco inglés, un desconocido, en una «Noticia» de tipo editorial, dice que conoció al traductor durante su servicio militar fuera de Italia y recibió de él algunos ma­nuscritos para publicarlos en su patria. Con fina discreción, velada de ironía al modo del autor traducido, Foscolo habla de su vida y de sus ideales de poeta y hombre.

Didimo, tras abandonar los estudios de clé­rigo por falta de vocación, no había to­mado las sagradas órdenes. Por desprecio hacia quien cambia de estilo de vida, con­tinuaba empero usando la tonsura y el vestido talar. Así, podía aún casarse o as­pirar a un obispado, pero añadía con amargura que, para quien no tiene patria, «no le está bien ser sacerdote ni padre». Dada su juventud, se complacía en la compañía de militares y en viajar; evitaba las sectas, las cofradías y las academias.

Apreciaba a las mujeres, a quienes decía que «la natu­raleza las había dotado más liberalmente de compasión y de pudor». Conversaba agradablemente y con reflexión. Recorría el mundo en busca de una cultura que ins­truyese sin corromper; benévolo ante los males del mundo, intentaba comprenderlo todo, con una sonrisa no exenta de triste­za; «estimaba entre las dotes naturales del hombre, en primer lugar, la belleza, luego la fuerza de ánimo y por último el ingenio».

De dicha actitud, Didimo sacaba motivo de «acciones sentencias dignas de risa»; celebraba como bienaventurado a Don Qui­jote por sus ilusiones, le repelían los gatos por taciturnos, pero los encomiaba porque eran al mismo tiempo sociables y solitarios; consideraba a los mendigos más elocuentes que Cicerón y más fisonomistas que Lavater.

Escribía siempre en prosa, hacía aren­gas cual «defensor oficioso de soldados cul­pables» y buscaba un justo equilibrio en­tre sus pasiones y las durezas de la so­ciedad. Era hermosa su actividad de lite­rato, humano y reflexivo pese a las extra­vagancias de su carácter, como indicaban los manuscritos inéditos, y sobre todo, ade­más de la traducción del Viaje sentimental, la nueva ficción del clérigo Didimo, la Hipercalipsis (v.).

La noticia también fue pu­blicada en 1815, con el texto latino del Hipercalipsis, tanto en la edición privada como en la corriente. Es probablemente un esbozo de la «Noticia» el fragmento de las Confesiones de Didimo clérigo, publicado por Giuseppe Chiarini en 1890 en el apén­dice a las Obras editadas y póstumas del poeta, narración autobiográfica en la que se hablaba ya del anciano párroco lom­bardo.

Entre los testimonios en torno a dicha ficción artística, la Noticia tiene un excepcional interés en la biografía foscoliana y puede interpretarse como un enlace entre la inspiración de los Sepulcros (v.) y la de ,1a llamada Gacetilla del mundo ele­gante (v.). Recientemente Mario Fubini lo ha completado con fragmentos inéditos. Hay notables diferencias entre el texto de la «Noticia» de 1813 y el añadido al Hiper­calipsis en la edición suiza de 1816.

C. Cordié

La Noticia de Obras de Dibujo, Marcantonio Michiel

[La notizia d’opere del disegno]. Obra del veneciano Marcantonio Michiel (1486-1552 aprox.), conocido bajo la denominación de «Anónimo morelliano» que le provino del abate Jacopo Morelli, primer editor de la Noticia (Bassano, 1800).

Incompleta hasta el punto de hacer suponer que el autor no la destinaba a la publicación, selecciona las obras de arte de las ciudades de Padua, Cremona, Milán, Pavía, Bérgamo, Cre­ma y Venecia, tomando también en consi­deración las colecciones privadas, numero­sísimas en el siglo XVI, particularmente en Venecia.

Constituye por ello una importan­te fuente de información para el arte de Lombardía y el Véneto, anterior a la de Va- sari, que la conoció. Michiel, que fue un ciudadano eminente, tanto por su naci­miento como por los altos cargos públicos con que la Serenísima le invistió, aparece en conjunto como personalidad de sólida cultura artística, apasionado por su tema, en relación personal y epistolar con mu­chos artistas y personajes de la época (Are- tino, Serlio, Riccio, Summonte, Celere, etc.); poco inclinado, en cambio, a dar a conocer lo que durante años fue meditando.

Sólo una obra suya fue publicada, viviendo él, en 1532: una descripción de Bérgamo (Agri et urbis Bergomatis descriptio anno 1516); no lo fue, en cambio, una recopilación de Vidas de pintores y escultores modernos [Vite de’ pittori e scultori moderni], cuya edición fue suspendida, se supone, por la aparición de las Vidas (v.) de Vasari.

La Noticia, aunque en estado de esbozo, mues­tra una información segura, inspirada casi siempre en fuentes directas, bien compro­badas, orientadas según un juicio libre y un agudo espíritu de observación que se manifiesta incluso a través de la particular exactitud y precisión del lenguaje.

Son es­pecialmente notables las referencias a las colecciones particulares; referencias rela­tivas, algunas veces, a obras de artistas de gran renombre, algunas llegadas y otras no, hasta nosotros. Coleccionista él mismo, Michiel alude en cierto lugar a unas pin­turas de Giorgione que él poseía; la con­dición de coleccionista contribuye por otra parte a hacer más completa esta figura de señor y «dilettante culto en el mejor sen­tido goethiano de la palabra» (Schlosser).

La primera edición de la Noticia es debida al ya citado abate Jacopo Morelli, que se sirvió del manuscrito de la Marciana, al que añadió un largo comentario; la se­gunda (Bolonia, 1884), corrió a cargo de Gustavo Frizzoni, que completó las notas de Morelli con adiciones sacadas del manuscrito original, desconocido por Morelli.

El de la Marciana fue publicado de nuevo por Teodoro Frimmel, en Viena, en 1888, en las «Eitelbergers Quellenschriften», y traducido al alemán; está precedido de un erudito prólogo que reproduce la introduc­ción de la edición de Morelli. También exis­te una traducción inglesa de Williamson, ilustrada (Londres, 1903). .

M. Pittaluga