Noticias de Ninguna Parte, William Morris

[News from Nowhere]. Novela del escritor inglés William Morris (1834-1896), publicada en Londres en 1891. Después de una animada discusión sostenida en el círculo sobre el porvenir de la sociedad, el autor se duer­me y despierta en la sociedad del año 2000.

El progreso de la civilización está conce­bido como una vuelta a la sencillez casi primordial de la vida, en la cual las má­quinas y la velocidad espasmódica de la época de Morris han sido abolidas y olvi­dadas en la serena paz de la vida cam­pestre. El urbanismo ha sido combatido, y se han demolido los barrios miserables.

La nivelación social es absoluta, pues to­dos trabajan por el solo gusto de crear lo que es necesario y todos disfrutan de la abundancia. La palabra «política» ha des­aparecido del idioma y las cuestiones in­ternas que pueden surgir se resuelven por medio de convenios amistosos en los que, más tarde o más temprano, todos se ponen de acuerdo.

Hombres y mujeres son de una singular belleza y cortesía. Un joven, Dick, se ofrece como guía al forastero, extrañamente vestido, y le lleva a un co­mercio donde unos niños le dan una túnica y una capa de alegres colores. Él se en­cuentra con dificultades para pagar, pero nadie demuestra comprender sus gestos, pues ya no existe la moneda; a Dick se le ocurre entonces conducir al forastero al lado de un pariente suyo muy anciano, Hammond, que quizá pueda explicarse me­jor que él.

En el diálogo que sigue, se pasa revista a los principales problemas so­ciales y políticos. Morris expone, a través de las respuestas del viejo, sus soluciones utópicas y al mismo tiempo los defectos y males del siglo XIX. Admitido el princi­pio de que la recompensa del trabajo es la vida, la alegría de crear, y que la ne­cesidad de trabajar es natural como el ins­tinto de procreación, Hammond exalta la artesanía, en la que se afirma la indivi­dualidad artística, y recuerda con horror haber oído hablar a sus mayores de la existencia de inmensas fábricas donde la contribución humana era puramente mecá­nica.

Después de la visita a Hammond, el joven Dick y su novia Clara llevan a Mo­rris junto con algunos amigos suyos a las faenas y fiestas de la trilla. El viaje se hace en barca por el Támesis, donde en­cuentra intactos los antiguos nombres de los pequeños pueblos bien conocidos por él. Cada noche duermen en una de las al­deas a orillas del río y en todas partes son recibidos como antiguos amigos. En una de estas etapas, Morris se enamora de una muchacha, Ellen, que se siente atraída por el forastero, venido, según cree ella, de lejanas y misteriosas tierras.

Marchan los cuatro, felices; pero llegados a su des­tino cerca de Hammersmith, cuando Mo­rris se dirige a la cena, de repente ad­vierte que ve sin ser visto y lee en las facciones de la hermosa Ellen la tristeza por su desaparición; una nube obscura le envuelve y, al volver a la luz, se encuentra en su estancia de Hammersmith, precisa­mente donde se habían dirigido para la trilla. El autor se siente triste y solo, pero el recuerdo de la visión es tan neto y vivo, que piensa que debe darla a conocer para tratar de instaurar lentamente la nueva era de la nivelación, de la felicidad tran­quila y serena.

El presupuesto básico de dicha concepción utópica es la firme con­fianza, alimentada por Morris y por los principales escritores ingleses de utopías (Kendall, Huxley, etc.), en la bondad inna­ta del hombre. Esto es para los utopistas un lugar común; Morris se diferencia de los demás por el arte con que hace casi convincente la realización de su utopía, re­conociendo la necesidad de un largo pe­ríodo de transición para alcanzar dicha era de feliz ingenuidad, cuyos caracteres son delineados con magistral ligereza de toque.

N. Pucci