Obras Poéticas, Pedro Antonio de Correa Garção

Colección incompleta de las obras del portugués Pedro Antonio de Correa Garção (1724-1772), publicada en 1778, en Lisboa, por su hermano Joáo Antonio.

Las «opera omnia» de Garção [Obras poéticas e oratorias] no fueron editadas hasta 1888, por Azevedo Castro. Comprenden sonetos, odas, epístolas, sáti­ras, ditirambos, canciones, disertaciones, oraciones arcádicas y dos comedias en verso: Teatro Nuevo y Asamblea o Partida (v.).

El ideal estético expresado en estas poesías es el acariciado por la Arcadia Lusitana o Ulissiponense, de la cual Garção fue uno de los fundadores y su mayor exponente. Re­chazan la imitación extranjera y se propo­nen la de los modelos griegos y latinos, sobre todo de la poesía de Horacio, cuya Arte Poética (v.) es muy estudiada y obser­vada. Quejas y dolores; Cupido que traspasa con sus flechas al poeta y lo hace mo­rir muchas veces por diversas Amarilis y Belisas; esperanzas, deseos, gracias, etc., son los temas tratados habitualmente por Garção.

Algunas veces, como en los versos dedi­cados al Padre Delfino, cayó en lo trivial, aunque a la nota de los dioses domésticos, que se burlan de la calva del padre, no le falta cierta graciosa ingenuidad. También en los sonetos destaca algún bello cuadrito, alguna delicada pintura en medio de ver­sos ocasionales y vulgares. De tema inva­riable y desaliñadas son sus sátiras y ditirambos. Mejor compuestas están las odas, en las que, con su ágil elegancia, resalta mejor su inspiración horaciana.

Muchas de sus poesías cantan la virtud y el amor a la patria y expresan la esperanza y la fe en la justicia. El desprecio absoluto por la «sórdida avaricia», por la «triste envidia» y por la «pérfida mentira» es a menudo manifestado en los versos de Garção, que parece, en ciertos momentos, un aspirante al estoicismo, a pesar de su carácter epicú­reo y ligero, Menos poeta que hábil autor de versos. Corréa Garção ejerció con su obra una notable actividad crítica y se aplicó a reeducar el gusto de su tiempo en la tradi­ción clásica.

L. Panarese

Obras Poéticas, Christine de Pisan

Bajo este título se agruparon en la edición de Maurice Roy (3 volúmenes, 1886-1896), las poesías que han llegado hasta nosotros de Christine de Pisan (1363-1431), hija de Thomas Pisani, astrólogo y consejero del rey Carlos V (v. Libro de los hechos y buenas costumbres del rey Carlos V).

La primera de las poetisas de Francia, Christine de Pi­san escribió, como todos los poetas de su tiempo, «lais», «rondeaux», «ballades» y «ditties» (el más famoso de estos últimos es el Dittie de Jeanne d’Arc; véase el ar­tículo correspondiente a Juana de Arco). Se trata en general de piezas de circuns­tancias, poemas aristocráticos a la moda del tiempo, a menudo escritos por encargo, pues escribiendo sus poesías ganaba Chris­tine su vida y la de su familia.

Sin embar­go, se puede encontrar en algunas de sus poesías (en la «ballade» que compuso con ocasión de la primera crisis de locura de Carlos VI, por ejemplo) una sincera emo­ción que se desprende de la elegancia pura­mente formal del poema; pero es sobre todo en la serie de «ballades», que se agru­pan normalmente bajo el título de «balla­des du veuvage», donde Christine de Pi­san se manifiesta tal cual ella es: dulce, tierna, melancólica, plena de contención en la manifestación de sus sentimientos y en la expresión de su dolor. A título de ejem­plo recuérdase la famosa «ballade»: «Seulete sui et seulette vueil estre, / Seulete m’a mon douz ami laissiee».

Obras Poéticas, Juan Nicasio Gallego

La pro­ducción poética del sacerdote español Juan Nicasio Gallego (1777-1853) está recogida en un breve volumen de este título, publi­cado después de su muerte (Madrid, 1854).

Aunque Gallego asistiera a la revolución romántica y derivaran del romanticismo sus mejores acentos (fue, entre otras cosas, traductor de Los novios, v., de Manzoni y de Ossian), su poesía fue rigurosamente neoclásica, muy próxima a la de Quintana, que fue su modelo literario. Un ímpetu y un acento completamente quintanianos tiene la oda heroica «A la defensa de Buenos Aires» (1807), donde junto al dominio del ritmo se observa la afición realista por los deta­lles que es la nota personal de Gallego.

Una elocuencia comprimida y subyugadora tiene también la elegía «El Dos de Mayo» (1808), que exalta la famosa sublevación popular contra los franceses y encuentra también sus mejores momentos en los ras­gos descriptivos del carácter realista. Casi completamente libre de esquemas retóricos y de aparato mitológico es la elegía «A la muerte de la Duquesa de Frías», de incon­fundible tono romántico. De inspiración académica pero de gran pureza formal son los sonetos «A Quintana etc.» «A la memoria de Garcilaso», «A Judas» (que recuerda los sonetos análogos del italiano Monti) y «Los hoyuelos de Lesbia», que es el mejor.

Las poesías religiosas y amorosas se mantienen en un tono completamente retórico, sin estar sostenidas por un sentimiento real. Una inspiración completamente literaria, pero sincera, revelan las «Anacreónticas», de discreta musicalidad, que recuerdan los motivos análogos de Meléndez Valdés. Se distingue por su color y habilidad narrati­va el poema breve «El conde de Saldaña», que imita los romances clásicos sobre la leyenda de Bernardo del Carpió (v.). Poeta de una cultura completamente formularia y literaria, que sólo en ciertos momentos logra escapar de los moldes tradicionales, Gallego ocupa, sin embargo, un lugar en la poesía española por su pleno dominio del ritmo y la elegancia y pureza del len­guaje.

C. Capasso

Obras Poéticas, Francisco Manuel Sánchez de Tagle

Colección de compo­siciones en verso de Francisco Manuel Sánchez de Tagle (1782-1847), que vio la luz póstumamente. El título completo reza así: Obras poéticas del señor don Francisco Manuel Sánchez de Tagle, recogidas y or­denadas por su hijo don Agustín, quien las publica a nombre de todos sus hermanos (Méjico, 1852, 2 vols.).

Contiene este volu­men, muy mermado al parecer, pues se dice que en 1833 destruyó el propio autor mu­chas de sus poesías, odas anacreónticas, odas pindáricas, elegías, odas religiosas, odas filosóficas y odas heroicas. A estas úl­timas, características de la segunda época del poeta — grandilocuente por el ejemplo de Quintana y Cienfuegos, sobre todo—, pertenecen dos de las composiciones más celebradas de Sánchez de Tagle: «A la heroica salida del benemérito general José María Morelos por entre el ejército sitiador de Cuautla Amilpas» y «A la entrada del ejército trigarante en México».

A. Millares Carlo

Obras Métricas, Manuel de Meló

La obra literaria en verso español del portugués Manuel de Meló (1608-1666) fue publicada en Lyon en 1665, bajo el título: Obras métricas.

Las tres musas de Melodino y primera parte de sus versos. La hierba de Polimnia. A Meló debe situársele dentro de la escuela gongorina, no sólo por el estilo de sus poemas serios, sino también por el tono burlesco que a veces inyecta en algunos de sus ro­mances. De entre sus poemas debemos con­signar en primer lugar el escrito en octavas reales, Lágrimas de Dido: empieza el poema con la presentación del palacio de Dido, con sobreabundancia de descripciones, que tie­nen un eco de Virgilio y de Ovidio.

Toda la retórica es puesta a contribución para narrar la fastuosidad y riqueza del palacio de la enamorada reina, donde están repre­sentados los episodios de la guerra de Tro­ya, desde el famoso juicio de Paris. El tema central del poema son los lamentos de Dido, abandonada por Eneas, que Virgilio relata en el cuarto libro de la Eneida (v.). Como observa José M.a de Cossío, todo en el poema es artificioso, desde las descripcio­nes arquitectónicas y de la naturaleza, has­ta las lamentaciones de la desconsolada reina de Cartago, pero está constantemen­te sostenido por «un decoro retórico», a pesar del error fundamental de interpre­tar a Virgilio en forma gongorina.

Dejando aparte otros poemas de menor importancia, muy semejantes a los restantes de la es­cuela — aunque alguno de ellos como El juico de Paris, prevenido a la loa cantada de una real comedia, en forma de romance dialogado, tenga cierto interés —, debemos recordar sus romances, entre los que des­taca el burlesco de Leandro y Ero, fábula entretenida, al que el autor da, además, una intención moral. Meló, a quien Menéndez Pelayo llama «el hombre de más in­genio que produjo la península, a excep­ción de Quevedo», manifiesta su gran en­tusiasmo por Góngora, a quien llama «el poeta más estimado de Apolo».

Pero con­trariamente al proceso de otros poetas, Meló parte de un culteranismo (sus sonetos con juegos de palabras, con ambivalencia de conceptos) y llega a un clasicismo que Ga­llego Morell califica de «elemental». Con­signemos brevemente su concepto de poe­sía; para él la poesía radica en el amor y en la ociosidad.