Obras Métricas, Manuel de Meló

La obra literaria en verso español del portugués Manuel de Meló (1608-1666) fue publicada en Lyon en 1665, bajo el título: Obras métricas.

Las tres musas de Melodino y primera parte de sus versos. La hierba de Polimnia. A Meló debe situársele dentro de la escuela gongorina, no sólo por el estilo de sus poemas serios, sino también por el tono burlesco que a veces inyecta en algunos de sus ro­mances. De entre sus poemas debemos con­signar en primer lugar el escrito en octavas reales, Lágrimas de Dido: empieza el poema con la presentación del palacio de Dido, con sobreabundancia de descripciones, que tie­nen un eco de Virgilio y de Ovidio.

Toda la retórica es puesta a contribución para narrar la fastuosidad y riqueza del palacio de la enamorada reina, donde están repre­sentados los episodios de la guerra de Tro­ya, desde el famoso juicio de Paris. El tema central del poema son los lamentos de Dido, abandonada por Eneas, que Virgilio relata en el cuarto libro de la Eneida (v.). Como observa José M.a de Cossío, todo en el poema es artificioso, desde las descripcio­nes arquitectónicas y de la naturaleza, has­ta las lamentaciones de la desconsolada reina de Cartago, pero está constantemen­te sostenido por «un decoro retórico», a pesar del error fundamental de interpre­tar a Virgilio en forma gongorina.

Dejando aparte otros poemas de menor importancia, muy semejantes a los restantes de la es­cuela — aunque alguno de ellos como El juico de Paris, prevenido a la loa cantada de una real comedia, en forma de romance dialogado, tenga cierto interés —, debemos recordar sus romances, entre los que des­taca el burlesco de Leandro y Ero, fábula entretenida, al que el autor da, además, una intención moral. Meló, a quien Menéndez Pelayo llama «el hombre de más in­genio que produjo la península, a excep­ción de Quevedo», manifiesta su gran en­tusiasmo por Góngora, a quien llama «el poeta más estimado de Apolo».

Pero con­trariamente al proceso de otros poetas, Meló parte de un culteranismo (sus sonetos con juegos de palabras, con ambivalencia de conceptos) y llega a un clasicismo que Ga­llego Morell califica de «elemental». Con­signemos brevemente su concepto de poe­sía; para él la poesía radica en el amor y en la ociosidad.