Llegado con los dorios de Esparta, de su nativa Sardis, en el siglo VII a. de C., Alemán es para nosotros el más antiguo representante de la lírica griega coral, puesto que la obra de sus predecesores Tales y Arión se ha perdido totalmente.
En cambio, de Alemán, además de breves fragmentos, notables por su agudo sentido de la naturaleza (fr. 58; la quietud nocturna; fr. 92, 93) y por la intimidad del sentimiento, que se eleva hasta la efusión lírica (fr. 94: el anciano poeta se dirige a las jóvenes, que han danzado en su coro, deseando poder ser como el alción macho, al cual las hembras, cuando no tiene ya fuerzas, sostienen en su vuelo), nos han llegado algunas estrofas de un partenio descubierto en 1885 en un papiro egipcio. El partenio era un himno religioso destinado a ser cantado por coros de vírgenes (vírgenes), y Alemán alcanzó en el género una fama particular.
En la primera parte conservada, aunque con importantes lagunas, el poeta representaba por medio de ejemplos míticos la potencia de las venganzas divinas; en la segunda, más legible, canta las alabanzas de las muchachas del coro, con abundante gracia de imágenes.
A. Brambilla
