Oda Conmemorativa, James Russell Lowell

[Ode recited at the Harward Commemoration]. Oda patrió­tica del poeta y crítico norteamericano James Russell Lowell (1819-1891), leída por el autor en 21 de julio de 1865 en la ceremonia celebrada en la universidad de Harvard en memoria de los estudiantes caídos en la Guerra Civil (1861-1865).

Está formada por doce estrofas de diversa longitud, con ver­sos de diferente medida y rima; la sexta estrofa, bellísima evocación de Lincoln, fue más tarde añadida por el poeta. El autor exalta a los que combatieron por el elevado ideal de la unión. Muchos son los que no regresaron, pero si es necesario que su fama perezca en el eterno cambiar de las cosas, su sacrificio aportó a la humanidad impe­recederas conquistas ideales.

El fervoroso patriotismo de Lowell vibra en la invoca­ción a la patria con que concluye la oda y en otros pasajes de alta inspiración lírica. Un poco trabajada y desigual en la forma, la composición pone de relieve las felices cualidades de dicción y de ritmo que ha­llamos también en otras poesías del autor, y quedará siempre como una noble expre­sión del Lowell poeta y patriota.

L. Jacchia

Oda al Señor de Montgolfier, Vicenzo Monti

[Ode al signor di Montgolfier]. Oda de Vicenzo Monti (1754-1828), compuesta en el año 1784, con ocasión del audaz experimento de los hermanos Montgolfier, que en 1783 ele­varon el primer globo de aire caliente.

La oda de Monti, leída en la «Arcadia» en 1784, tiene la forma y el ritmo de la can­ción arcádica, aunque está empapada de es­píritu moderno. Parte de una similitud (la expedición de los argonautas y la ascensión del globo) para lanzarse volando por los cielos de las conquistas humanas; está do­minada por un franco asombro frente a los progresos del talento humano y el entu­siasmo por las conquistas del hombre, que arranca a la naturaleza sus secretos.Los prodigios del hombre hacen temblar el cielo, mientras la tierra calla inmóvil, estupefacta. El emocionado himno a la ciencia enumera los milagros de los descubrimientos, desde el pararrayos a la gravitación universal, del telescopio a la descomposición de la luz solar; día vendrá en que al hombre ya no le quedará más que vencer la muerte.

La oda, que mezcla ciencia con mito y filosofía con poesía, concluye de este modo la tra­dición poética del siglo XVIII, exaltadora de la ciencia y el progreso.

M. Maggi

Es en verdad un poeta del oído y de la fantasía, pero nunca del corazón. (Leopardi)

Oda a la Patria, Bonaventura Caries Aribau

[Oda a la Patria]. Así se ha venido generalmente designando la poesía catalana de Bonaventura Carles Aribau (1798-1862) que en rigor se titula: La Patria, Trovas [La Patria, Trobes].

Se publicó en el número del 24 de agosto de 1833 de la revista literaria barcelonesa «El Vapor». En 1933 se descubrió una copia autó­grafa, junto con una carta, fechada en Ma­drid el 10 de noviembre de 1832, en la que Aribau ruega a un amigo suyo en Barce­lona, el autor dramático Francisco Renart, revise los «informes alejandrinos» que un compromiso le ha forzado a componer, y los lleve a la imprenta de Bergnes de las Casas.

El hallazgo permitió restablecer un texto más genuino y quitó todo valor a ciertas conjeturas y dudas a que algunos críticos se inclinaban acerca de la génesis y contenido de las trovas y aun acerca de la sinceridad de Aribau. Constaba que éste las había escrito para felicitar los días de su patrón y paisano el banquero Gaspar de Remisa, establecido en Madrid.

La referida carta precisa que los empleados de Remisa habían acordado felicitarlo en varios idiomas: a Aribau le correspondió el catalán. El tono, el tema y el movimiento de las trovas quedan explicados por este detalle. Para contender eficazmente con otras len­guas más felices, Aribau hace la apología de la suya y la eleva a la pureza y dignidad con que fuera antaño cultivada.

En la len­gua nativa, viene a decir el poeta, se le hace presente la Cataluña alejada, no sólo en el espacio, sino también en el tiempo: paisajes familiares que quizá no volverá a ver, afectos enraizados en la infancia que dejó atrás, glorias históricas, tradiciones pe­rennes; usándola, un catalán bien nacido se encontrará siempre a sí mismo, en la más auténtica forma de su pensar y su sentir, experimentará, no ya sólo un consuelo a sus nostalgias, sino un orgullo para sus realizaciones y asegurará inmortalidad a lo que exprese.

Tales conceptos flotaban en el am­biente barcelonés, penetrado por el roman­ticismo; las trovas de Aribau los conden­saron con suma energía poética y en un idioma concebido de nuevo según una idea absoluta de su perfección. Así, desde que se divulgaron, la juventud renacentista cata­lana tuvo con ellas un manifiesto, un punto de partida y un modelo.

C. Riba

Oda a la Muerte de Wellington, Alfred Tennyson

[Ode on the Death of Wellington]. Poesía de Alfred Tennyson (1809-1892), publicada en 1852. Comienza describiendo el cortejo fúnebre que acompaña los restos mortales del Duque hacia la catedral de San Pablo, donde reciben sepultura los grandes héroes de Inglaterra.

El poeta imagina que Nelson se levanta de su sueño inmortal, para pre­guntar quién es el que viene acompañado a la tumba con tanta pompa y solemnidad. Contestando a la pregunta del gran almirante, el poeta narra la carrera del Duque, sus glorias, exaltando el patriotismo y el sentido del deber que inspiraron todas sus gestas heroicas.

Cuando, en 1852, murió el Duque de Hierro, el vencedor de Napoleón, Tennyson hacía dos años que había sido elegido Poeta Laureado. Por vez primera celebraba un acontecimiento solemne para la nación con esta oda, que es la mejor de sus poesías patrióticas.

El poeta no se limita en ella a rendir homenaje al gran guerrero y estadista desaparecido; de estos acontecimientos toma pie para celebrar la grandeza de la patria,, para exaltar la poten­cia imperial que Inglaterra iba conquis­tando en aquellos años y que Tennyson consideraba como el don natural de un pueblo elegido.

La oda es de movimiento noble y solemne; el ritmo del verso evoca una música grave, y parece ora acompañar con majestuosa cadencia al cortejo fúnebre que transporta al héroe a su última morada, ora poner de relieve con acentos gue­rreros la narración de sus gestas heroicas.

S. Rosatt

Oda a la Juventud, Adam Mickiewicz

[Oda do mlodosci]. Famoso canto polaco de Adam Mickiewicz (1798-1855), concebido aún en estilo clacisista, pero considerado como el trom­petazo de llamada romántica que sacudió a la joven generación polaca encendida por el sacro ideal de la liberación de la Patria y de la redención de todo el género huma­no.

Fue compuesto en diciembre de 1820 en Kowno (Kanuas). Proclamando en elevada forma poética los ideales humanitarios de los filómatas de Wilna, expone lo que será el programa completo de vida del propio poe­ta: «La meta general debe ser el goce gene­ral», «Fuertes en la unión, prudentes en el entusiasmo», «Combátase la violencia con la violencia». La tradujo por primera vez al italiano Giuseppe Mazzini. Trad. italiana de Leonardo Kociemski y Guido Pinelli (en «Adam Mickiewicz», Enrique Damiani, Ro­ma, 1925).

E. Damiani