Ibico de Reggio, en la Magna Grecia (siglo VI a. de C.), que vivió largo tiempo en la corte fastuosa de Polícrates de Samos, está clasificado en la literatura griega como uno de los poetas corales.
En parte continuó la tradición de Estesícoro, tratando en las formas de la lírica coral temas míticos, y en parte dio expresión a motivos eroticosentimentales en canciones que se aproximan a la manera netamente personal de Safo y de Anacreonte. Son singularmente bellos, por el calor de su pasión y por el ímpetu expresivo, dos fragmentos en que desahoga su tormento amoroso ante la serenidad de la primavera (fr. 6) y la conciencia de su debilidad humana (fr. 7).
Algún otro fragmento nos sorprende por la fuerza sugestiva con que son evocados ciertos aspectos de la naturaleza (fr. 11, la aurora que despierta a los ruiseñores; 12, la noche estrellada). Un papiro egipcio nos ha conservado, además, trozos de un elogio de Polícrates. Pero el conjunto de la obra de Ibico se ha perdido.
A. Brambilla

