[Odes]. Particular importancia en la tradición de la poesía encomiástica y civil en Francia, tienen las Odas de François de Malherbe (1555-1628), algunas dirigidas a ilustres personajes y publicadas en colecciones de la época: de la gran Oda dedicada a María de Médicis (1600) a la antología póstuma, de 1630.
Característico del poeta, más conocido como legislador de la lengua y del Parnaso que como creador, es un tono amplio y solemne; la elección de los temas, la limpia manera de tratarlos y la recia afirmación de una gloria que no puede sino favorecer a los fuertes, indican la seriedad de la lírica de un admirador de los antiguos. En la oda «A la reina María de Médicis por su feliz llegada a Francia» [«À la reine Marie de Médicis sur sa bienvenue France»] el poeta afirma su fe en una era de prosperidad y de justicia; también en las numerosas odas fragmentarias sobre Enrique IV deja sentir la admiración por un rey que lleva la paz, escapa a los atentados de sus enemigos, y no tiene más que comparecer para que se humillen los enemigos y los réprobos, como ocurrió en el viaje a Sedán.
Acentos llenos de conocimiento histórico van dirigidos «Al duque de Bellegarde, gran escudero de Francia» [«À M. le duc de Bellegarde, gran écuyer de France»], en 1608, donde Malherbe proclama muy alta la fama del hombre que lucha por la patria y da magnánimo ejemplo de honradez; y «A la reina María de Médicis con ocasión del feliz éxito de su regencia» [«À la reine Marie de Médicis sur les heureux succès de sa régence»], de 1610, en la que después del solemne elogio del rey asesinado, se siente la importancia de tener en mano segura los destinos de Francia. Otras odas acompañan a un dificilísimo período de la historia nacional, dirigidas tanto a la reina durante la primera guerra de los príncipes, en 1614, como a Richelieu (fragmentaria, hacia 1623) y al rey Luis XIII que combatió en la rebelión de la Rochela, en 1627.
Las Odas de Malherbe son el signo de una austera concepción de la poesía: en la reprobación de la guerra civil se canta la paz con la resuelta altivez de un artista que no sólo toma de nuevo y restaura la oda pindárica de la escuela ronsardiana, sino que le da un resuelto carácter a la manera latina y francesa, un noble acento inspirado en el bien de la nación.
C. Cordié
El mérito propio y la gloria inmortal de Malherbe son los de haber tenido por primera vez en Francia el sentimiento y la teoría del estilo en poesía. (Sainte-Beuve)
Liberándose de las doctrinas aristocráticas y pedantes de la Pléyade, este gentilhombre normando, que poseía el sentido práctico de un burgués, logró conciliar el arte con el racionalismo. Hizo a la literatura francesa el mayor servicio que podía prestársele: le reveló el valor de la verdad y de la perfección. (Lanson)

