Pablo Gyulai, Zsigmond Kemény

[Gyulai Pál]. Novela histórica del escritor húngaro barón Zsigmond Kemény (1814-1875), publicada en 1847.

El argumento está sacado de los años más sombríos de la historia de Transilvania, los del reinado de Segismundo Báthory (fines del siglo XVI y principios del XVII). El héroe de la novela, Pablo Gyulai (v.), es el súbdito más sincero y fiel del prín­cipe, hace todo lo posible para conservar al tirano en el trono, lo cual será la causa de su ruina.

Aunque guiado por óptimas in­tenciones, mata a un inocente, un histrión italiano, y la hermosísima viuda de éste le hace caer en desgracia ante el príncipe por quien tanto luchó, y es condenado por él a muerte. En la trágica concepción de Kemény el mundo es mediocre y en él todo alto grado de virtud se transforma en culpa y es causa de ruina.

La fidelidad de Gyulai ha superado la medida humana, y ésta es la razón de su caída. La novela es desigual y vacilante en su construcción, pero la descripción psicológica del protagonista es continua y ceñida. Kemény coloca al lector junto a su héroe y, con Gyulai, le hace vivir sus luchas espirituales, su amor por la hermosa Leonor, la íntima inquietud y la caída.

M. Benedek

Pablo Entre Los Judíos, Franz Werfel

[Paulus unter den Juden]. Leyenda dramática en seis cuadros de Franz Werfel (1890-1945), poéticamente la más valiosa obra teatral del escritor austríaco; aparecida en 1925-1926, se relaciona idealmente con las novelas pos­teriores Los cuarenta días del Musa Dagh (v.) y Escuchad la voz (v.). La antítesis en­tre judaismo y cristianismo, la persecución de la minoría vencida, la misión impuesta por Dios al Elegido y la tragedia de su des­tino, son los motivos que se agitan en sus breves escenas.

La leyenda, según las pala­bras del autor, se funda sobre dos tradicio­nes:

1.° Los Hechos de los Apóstoles (v.), re­lativos a Saulo-Pablo en Jerusalén después de la conversión, presentado por Bernabé a los primeros cristianos, acogido con dudas por Pedro y Santiago.

2.° La historia judía del año 40 después de Cristo: palabras de rebelión del partido de los celadores en Je­rusalén, que dan pábulo a la guerra de ex­terminio de los judíos y proporcionan al prefecto romano Marullo, soberbio y jovial­mente astuto, el oportuno pretexto para ejecutar el decreto de Calígula, profanando el templo en el día sagrado del ayuno y haciendo colocar por los legionarios la imagen de César en el lugar santísimo.

De este modo se cumple para Judea la profe­cía de la venida del Anticristo. En el cen­tro de la acción se halla el conflicto entre maestro y discípulo: por una parte Rabban Gamaliel, el patriarca de Jerusalén, «sol vespertino de su pueblo», personificación de iluminada y benigna tolerancia; por otra parte, el rabino Saulo de Tarso, primero fanático jefe del partido de los celadores y laoidador de Esteban, después discípulo de Cristo.

Gamaliel estaría pronto a reco­nocer en Jesús al Maestro justo, pero Pablo ve en él al Mesías que se halla por encima de la Doctrina y por el cual está dispuesto a morir; ante la turbada exclamación de Gamaliel: «¿Sabes quién es el Mesías? Es la destrucción, porque cuando sale la flecha se rompe el arco», Pablo responde, in­trépido: «El arco de Israel está roto, y para siempre».

Y, alejándose del patriarca moribundo, el apóstol de los gentiles reco­noce el trágico destino de su misión: «andar, andar, andar, porque Cristo es un cazador infatigable». Todos los personajes están per­fectamente caracterizados: Marullo, el ro­mano altanero, lleno de tedio y de malig­nidad, al que molesta ser considerado un «parvenú» por el pueblo elegido, de tan antigua civilización; los cuatro rabinos del Sanedrín, que personifican los cuatro tem­peramentos; el burdo y bondadoso capitán germánico Julus Frisius; los legionarios, que prefieren helarse en los cuarteles bri­tánicos antes que soportar el inconcebible odio del vencido pueblo elegido; la poética y trágica figura paternal del Sumo Sacer­dote, a quien sus dos hijos abandonan, el uno por el amor de una mujer griega y de la cultura romana; el otro, como fanático ex secuaz de Saulo y jefe de la revuelta de los celadores. El diálogo es rico en bellezas líricas, y la obra, representada digna­mente, es de un efecto dramático infalible.

C. Baseggio y E. Rosenfeld

Pablo El Titiritero, Theodor Storm

[Pole Poppens- páler]. Novela de Theodor Storm (1817- 1888) escrita en 1873-1874 para la revista «Deutsche Jugend», rica de alegre humo­rismo y de fresca y espontánea comprensión del alma humana, tanto de la de los chicos como de la de los mayores, y poseedora de las dotes de finura estilística y psicológica que hacen de Storm uno de los más exqui­sitos y más populares novelistas de la lite­ratura alemana.

«Pole Poppenspáler» (que en dialecto frisón equivale a «Paul Pup- penspieler», Pablo el titiritero) es el sobre­nombre de un eximio y estimado maestro tornero de Husum, la «ciudad gris de junto al mar» en la que nació el poeta.

Cuenta éste a un joven amigo y alumno cómo co­noció, amó y se casó con la mujer que ahora es su amada esposa. Ésta, Lisei, era hija de titiriteros ambulantes, gente hábil y honesta, que llegó con su carro a dar representaciones en la ciudad de Pablo.

El muchacho, entusiasta de las comedias de marionetas, trabó amistad con la pequeña Liseta, que le llevó a ver a escondidas todos los muñecos, y en una noche de luna, que­dó encerrada con él en el teatro, entre las marionetas.

Pablo, sin darse cuenta, estropeó el mecanismo de un muñeco; por temor al castigo, los dos muchachos se escondieron por la tarde en una caja dentro del teatro. Una vez que los padres, llenos de inquietud, los hallaron y les perdonaron, su amistad se hizo más fuerte; hasta que los titiriteros se marcharon.

Muchos años después, Pablo, huérfano, en tanto acababa su aprendizaje de artesano, encontró por casualidad a Li­seta, a cuyo padre habían detenido, injusta­mente acusado de hurto. Se despertó el anti­guo afecto infantil, Pablo interviene para hacer libertar al padre, se casa con Liseta y la lleva con él a la ciudad nativa, junto con el padre.

Pero el viejo, preso por la nostalgia de su arte, quiere presentar toda­vía su repertorio al público. Los muchachos se burlan de él y ponen a su yerno el apodo de «Pablo el titiritero». El buen viejo, pro­fundamente dolorido, vende todas sus ma­rionetas y poco después muere.

En su fosa arrojan los muchachos el polichinela que Pablo prefería de niño, porque, como dirá el pastor comentando con nobles palabras el sencillo acto, el polichinela formaba parte de la propia vida del viejo y es justo que lo siga a la tumba. Todos los detalles de esta graciosa novela están tratados con arte de cincelador, hasta en el colorido dialectal del habla bávara de Lisei.

C. Baseggio

Owen Tudor, Ludwig Joachim von Arnim

Narración alemana de Ludwig Joachim von Arnim (1781-1831), prosista y poeta de la escuela romántica, colaborador de Clemens Brentano en la recolección de cantos y leyendas populares, editada en 1806 bajo el título Cuerno mara­villoso del niño (v.), y artista dotado de fina sensibilidad musical e inagotable ri­queza de imaginación.

Esta narración es­crita y publicada en 1821 es un viejo re­cuerdo de los viajes a Inglaterra que Arnim realizó durante los años 1803-1804, pero transfigurado en su fantasía con un arte que recuerda los Cuentos fantásticos (v.) de E. T. A. Hoffmann.

En la diligencia de Londres una muchacha del País de Gales cuenta a los compañeros de viaje la historia legendaria del fundador de la dinastía bri­tánica de los Tudor, Owen, que siendo en la corte paje de la princesa francesa Cata­lina, esposa de Enrique el Salvaje de Ingla­terra, consiguió tras muchas peripecias y aventuras casarse con ella a la muerte de su marido.

Al final del relato se descubre que la narradora, disfrazada de aldeana, procesada y perseguida por la policía, per­tenece al séquito de una alta dama de Ingla­terra. Los viajeros para demostrarle su gratitud la ayudan a huir burlando la vigi­lancia de un guardia.

La técnica de la no­vela sigue el artificio caro a los románticos de la narración que es marco de otra narra­ción para conseguir crear una ambientación y un tono más sugestivos y propios del tema. Pero el mundo de lo maravilloso y de lo sobrenatural, elemento básico de la poé­tica romántica y del arte de Arnim, se enlaza aquí con el interés realista e histórico y la entonación musical con una cierta ten­dencia a la plasticidad, características que sitúan a Arnim fuera de la escuela.

El estu­dio psicológico del amor acaso se pierda en Arnim en el arabesco de un mundo de fá­bula, pero los fantasmas de este mundo no tienen la vida y la consistencia de aquellos de los poetas románticos como Tieck y Novalis, sino que a la luz de la realidad pali­decen. Y puesto que la viva fantasía del escritor no consigue frenarlos, hay en la obra como un constante choque de dos fuerzas, la unión de elementos diversos que origina un cierto compromiso y perjudica la unidad de inspiración que al fin se re­suelve en una exquisita sensibilidad cromá­tica de forma estilística fresca y armoniosa.

A. Cori

Owein y Lunet o La Dama de la Fuente, Anónimo

[Owein et Lunet ou La dame á la fontaine]. Es una de las narraciones galesas contenidas en el manuscrito de los Mabinogian (v.) y corresponde al Ivain (v.) de Chrétien de Troyes.

La historia se narra de la misma manera y es en todo idén­tica a la del román francés; sólo son distin­tos, en parte, los nombres de los personajes. Para vengar a su campañero Kynon, Owein (v.), caballero del rey Artús (v.) se enfren­ta con la aventura de la fuente maravillosa, mata al defensor, se enamora de la viuda de éste y se casa con ella, ayudado por la doncella Lunet, y luego por su dama rea­liza una serie de empresas valerosas, sobre todo para reconquistar su amor, que ha perdido.

Al igual que en Ivain se nota la exaltación del perfecto amor de Owein y la representación de la viuda capri­chosa. El texto galés (principios del si­glo XIII) refleja los usos y costumbres caba­llerescos franceses, hasta tal extremo, y la técnica de la composición es tal, que nos hacen suponer un modelo francés, proba­blemente el román de Chrétien de Troyes.

C. Cremonesi