Pablo Entre Los Judíos, Franz Werfel

[Paulus unter den Juden]. Leyenda dramática en seis cuadros de Franz Werfel (1890-1945), poéticamente la más valiosa obra teatral del escritor austríaco; aparecida en 1925-1926, se relaciona idealmente con las novelas pos­teriores Los cuarenta días del Musa Dagh (v.) y Escuchad la voz (v.). La antítesis en­tre judaismo y cristianismo, la persecución de la minoría vencida, la misión impuesta por Dios al Elegido y la tragedia de su des­tino, son los motivos que se agitan en sus breves escenas.

La leyenda, según las pala­bras del autor, se funda sobre dos tradicio­nes:

1.° Los Hechos de los Apóstoles (v.), re­lativos a Saulo-Pablo en Jerusalén después de la conversión, presentado por Bernabé a los primeros cristianos, acogido con dudas por Pedro y Santiago.

2.° La historia judía del año 40 después de Cristo: palabras de rebelión del partido de los celadores en Je­rusalén, que dan pábulo a la guerra de ex­terminio de los judíos y proporcionan al prefecto romano Marullo, soberbio y jovial­mente astuto, el oportuno pretexto para ejecutar el decreto de Calígula, profanando el templo en el día sagrado del ayuno y haciendo colocar por los legionarios la imagen de César en el lugar santísimo.

De este modo se cumple para Judea la profe­cía de la venida del Anticristo. En el cen­tro de la acción se halla el conflicto entre maestro y discípulo: por una parte Rabban Gamaliel, el patriarca de Jerusalén, «sol vespertino de su pueblo», personificación de iluminada y benigna tolerancia; por otra parte, el rabino Saulo de Tarso, primero fanático jefe del partido de los celadores y laoidador de Esteban, después discípulo de Cristo.

Gamaliel estaría pronto a reco­nocer en Jesús al Maestro justo, pero Pablo ve en él al Mesías que se halla por encima de la Doctrina y por el cual está dispuesto a morir; ante la turbada exclamación de Gamaliel: «¿Sabes quién es el Mesías? Es la destrucción, porque cuando sale la flecha se rompe el arco», Pablo responde, in­trépido: «El arco de Israel está roto, y para siempre».

Y, alejándose del patriarca moribundo, el apóstol de los gentiles reco­noce el trágico destino de su misión: «andar, andar, andar, porque Cristo es un cazador infatigable». Todos los personajes están per­fectamente caracterizados: Marullo, el ro­mano altanero, lleno de tedio y de malig­nidad, al que molesta ser considerado un «parvenú» por el pueblo elegido, de tan antigua civilización; los cuatro rabinos del Sanedrín, que personifican los cuatro tem­peramentos; el burdo y bondadoso capitán germánico Julus Frisius; los legionarios, que prefieren helarse en los cuarteles bri­tánicos antes que soportar el inconcebible odio del vencido pueblo elegido; la poética y trágica figura paternal del Sumo Sacer­dote, a quien sus dos hijos abandonan, el uno por el amor de una mujer griega y de la cultura romana; el otro, como fanático ex secuaz de Saulo y jefe de la revuelta de los celadores. El diálogo es rico en bellezas líricas, y la obra, representada digna­mente, es de un efecto dramático infalible.

C. Baseggio y E. Rosenfeld