Obispo de Hierápolis en Frigia, en el siglo II, sólo conocido durante mucho tiempo por una Vida de carácter evidentemente legendario, redactada con toda probabilidad en el siglo V. Se refieren en ella muchos milagros obrados por él en Frigia y en diversas ciudades de Siria y de Mesopotamia.
El obispo se habría dirigido también a Roma para librar de un demonio a la hija del emperador Marco Aurelio. Antes de morir habría dictado un epitafio que debía ser grabado en su propia tumba.
El descubrimiento realizado por Ramsay, en 1881, en las ruinas de Hierápolis, de la estela de un tal Alejandro, del 216, que reproducía el Epitafio (v.), y en 1883 de dos fragmentos del Epitafio original, ha permitido comprobar la realidad histórica del personaje y de su viaje a Roma.
Podría identificarse al autor con Avircio Marcello, a quien se dedicó un tratado antimontanista del que Eusebio cita algunos fragmentos. Esta posible identificación y los caracteres de la inscripción permiten fecharla alrededor del último decenio del siglo II, suministrando así una base segura para datar otras inscripciones de Frigia.
Éstas pueden clasificarse en dos categorías: una, en la que la confesión de cristianismo es declarada y que puede considerarse montañista; otra, católica, en la que la profesión cristiana aparece velada y que recuerda por ello el lenguaje plenamente simbólico del Epitafio citado.
