Adolphe-Charles Adam

Nacido en París el 24 de julio de 1803, m. en la misma ciudad el 3 de mayo de 1856; fue fecundo y renom­brado autor de óperas cómicas.

Hijo de Jean- Louis Adam, apreciado pianista y didacta, entró en el Conservatorio de París en 1817. estudiando allí con Reicha y Boieldieu. En 1827 empezó a componer «vaudevilles» para varios teatros y en 1829 estrenó, en la Ópera Comique, la opereta en un acto Pierre et Catherine. La obra suya que ob­tuvo un mayor éxito fue Le postilion de Longjumeau, representada en 1836 en el mismo teatro.

Entre las restantes obras suyas son dignas de recuerdo: Le chalet (1834), La reine d’un jour (1839), Cagliostro (1844), Le toréador (1849) y Si yo fuera rey (v.); y entre los ballets: Faust (1832) y Giselle (1841). También alcanzó un gran renombre como pianista, organista y crítico musical.

Publicó sus memorias en dos volúmenes: Souvenirs d’un musicien (1857) y Derniers souvenirs d’un musicien (1859).

A. Pironti

Manuel Acuña

Poeta mexicano n. en Saltillo (Coahuila) el 26 de agosto de 1849 y que se suicidó, en la ciudad de México, el 6 de diciembre de 1873.

Llegó a los 16 años de edad a la capital de la República para estudiar medicina, se enamoró locamente y se quitó la vida al no verse correspondido. Su temperamento lírico está volcado en sus escasas Poesías (v.).

Impulsivo, con destellos de genio, su vida y su obra se truncan sin llegar a cuajar: becqueriano en Hojas se­cas y materialista en Ante un cadáver, llega a la ingenuidad romántica en su Nocturno, que es el poema que le ha valido más noto­riedad.

Es realmente un romántico de pri­mera época, con su significación de protesta revolucionaria sin compensaciones, sin el consuelo de la fe y sin la resignación que la madurez suele proporcionar o propiciar. Los prosaísmos y  la superficialidad que lo aquejan son pecados de juventud: la sen­cilla eficacia de su popular Nocturno nos mueve a pensar en lo que podría haber sido este «poeta genial en cierne».

Su drama El pasado, estrenado en 1872, violentamente ro­mántico, nos ofrece una característica más . de la personalidad balbuciente del escritor que se negó a llegar a ser lo que pretendía.

J. Sapiña

Claudio Achillini

Nacido en Bolonia en 1574 y m. en la misma ciudad en 1640. Com­petente y célebre jurista, enseñó Instituciones de Derecho civil en Ferrara y en Parma, y en 1598 obtuvo cátedra en la Universidad de Bolonia, donde, en vida, los estudiantes rindieron tributo de admiración al profesor, ofreciéndole una lápida.

En 1622 fue reci­bido entre los Lincei. Poco antes de morir rechazó, por motivos de salud, la invitación que le hicieron los reformadores del Estu­dio de Padua para ocupar la primera cáte­dra de leyes.

Desempeñó también cargos políticos: en la corte de Carlos Manuel I, con el nuncio pontificio Alejandro Ludovisi (más tarde papa Gregorio XV), enviado allí para gestionar la paz entre el príncipe y España, y por encargo de los boloñeses cerca del papa Urbano VIII. Su producción poética se incluye entre las más típicas de la corriente, marinista, por la sorprendente extravagancia de las paradojas y de las hipérboles, de lo cual es prueba el célebre soneto Sudad, oh fuegos… (v.) en elogio de Luis XIII por la toma de La Rochela.

Otra canción, en la que celebraba el naci­miento del Delfín, le valió el regalo de un rico collar de oro por parte del cardenal Richelieu. Es digna de mención su carta sobre la peste de 1630, que fue aprovechada por Manzoni en Los novios (v.).

G. Crespo Legorino

Francisco Acuña de Figueroa

Este poeta uruguayo nacido en Montevideo en 1790 y m. en la misma ciudad en 1862.  Con él se inician realmente los perfiles de la literatu­ra nacional de su país, en los tiempos en que la nacionalidad uruguaya se va concre­tando y definiendo frente a las característi­cas distintas de la personalidad argentina.

De modesta posición, ingenioso y culto, con­templó la evolución de su patria desde la colonia hasta la independencia, y su forma­ción y temperamento lo llevaron a mostrarse adversario del dictador argentino Rosas.

Lo más interesante de su producción lite­raria son, sin duda, sus Epigramas (v.) y La malambrunada (v.). Fue director de la Bi­blioteca Nacional, escribió la letra de los himnos nacionales de Uruguay y Paraguay, narró en verso los episodios del sitio de Mon­tevideo (Diario histórico), hizo gala de su ingenio en los Decretos pilatunos, escribió algunas piezas teatrales, tradujo diversos poemas latinos y preparó sus originales en doce volúmenes de Obras completas, en los que puede encontrarse su variada produc­ción.

La personalidad de A. de F., que llegó a ser una especie de jerarca oficial de las letras de su país, refleja los vaivenes y bal­buceos de la transformación y crecimiento de la nación uruguaya, a cuya independen­cia literaria contribuyó en gran manera.

J. Sapiña

José de Acosta

Nacido en Medina del Cam­po en 1539, m. en 1560. Muy joven ingresó en la Compañía de Jesús. Distinguióse como orador; pasó en 1571 al Nuevo Mundo, donde fue misionero en Arequipa y La Paz y general de su Orden en el virreinato del Perú.

Intervino en el concilio de Lima, y colaboró en la publicación de catecismos y devocionarios en castellano y en lenguas aborígenes. En 1587 volvió a España, donde fue nombrado visitador de la Compañía; intervino activamente en las disensiones internas de esta institución. Pasó sus últi­mos años en Valladolid escribiendo medio­cres sermones en latín.

Su obra principal es la importantísima Historia natural y moral de las Indias (Sevilla, 1590, v.), que fue traducida a varios idiomas europeos. Otras obras: De natura novi orbis (v.), Promul­gación del Evangelio (v.), etc.