Nacido en Florencia el 1.° de marzo de 1389, hijo de Nicolò Pierozzi, notario municipal, y m. siendo obispo de su ciudad natal setenta años después, sin que la gloria del obispado haya conseguido borrar en él la humilde y espléndida figura de protagonista de los cuatrocentescos florilegios dominicos.
Aunque obispo, figura en la extática fila de sus grandes predecesores en la Orden — Raimondo da Capua, Giovanni Dominici, Lorenzo Ripafratta — no menos que en la de sus contemporáneos, como fra Guglielmo y el beato Angélico, entre los que vive.
Sacerdote desde 1413, los vicariatos y prioratos de Foligno, Cortona y Fiésole lo encaminaron de nuevo a los conventos donde se había formado de joven, antes de impulsarlo hacia el Sur y junto al pontífice que habría de elevarlo a la sede florentina.
Durante el priorato de Nápoles escribió la primera de sus obras más conocidas, el Specchio di coscienza, reunida más tarde con otros dos opúsculos en el Confesional (v.). En 1430 pasó a Roma y pocos años después (1435) fue nombrado vicario general del centro y sur de Italia.
Uno de sus primeros actos consistió en la fundación del convento de San Marcos de Florencia, construido por la magnificencia de Cosme de Médicis, quien encargó de su fábrica a Michelozzo: el convento al que su nombre quedará siempre vinculado con los del beato Angélico y de Savonarola.
Convertido en prior del mismo (1439), llevó a cabo sus obras más importantes: la Summa moralis y las Chronicae (antes de 1437 había escrito también De ornatu mulierum).
El nombramiento de arzobispo (1445) no le apartó de sus costumbres ascéticas y de sus estudios sagrados, ratificándolo, por el contrario, en su desinterés por los movimientos filosóficos y humanistas contemporáneos, de carácter profano, e impulsándolo de un modo mayor a obras de caridad y de apostolado (v. Obra del bien vivir).
C. Falconi
