Muy pocas son las noticias que tenemos de la vida de Antímaco. Una tradición comúnmente aceptada lo hace natural de Colofón y del siglo IV a. de C.
Son, por el contrario, inseguras las suposiciones aventuradas en la Suda sobre el nombre de su padre, Hiparco, y sobre sus relaciones personales con Paniassos y Stesimbroto. En cuanto a la época en que vivió, Suidas afirma que floreció antes que Platón.
Es muy probable que la determinación del tiempo haya sido hecha de un modo aproximado, tomando como base las noticias que nos ha transmitido Cicerón (Brutus, 51), según las cuales Platón mandó a Colofón a su discípulo Heráclides Póntico a recoger las poesías de Antímaco después de la muerte de éste.
La anécdota, ciertamente legendaria, atestigua el alto concepto en que Platón tenía a nuestro poeta. Otra noticia, transmitida por Plutarco, y también insegura, nos hace saber que Antímaco tomó parte en un certamen poético en presencia de Lisandro, el cual prefirió la composición de otro desconocido llamado Nicerato.
En una época en que las antiguas formas de la épica y de la lírica parecían no responder ya a las necesidades de la nueva cultura y estaban casi completamente abandonadas, Antímaco escribió un largo poema épico en 24 libros, La Tebaida (v.), y un poema en dísticos elegiacos que tituló con el nombre de su mujer, Lidia (v.).
Por su erudición histórica y geográfica, por el interés etiológico, por su afición a las glosas y a las palabras insólitas, por el carácter narrativo de su elegía, Antímaco fue muy admirado en los tiempos alejandrinos. Admiración no compartida por Calimaco, quien consideraba la Lidia pesada y tosca. Gramático y poeta al mismo tiempo, Antímaco fue en verdad el precursor de los gustos y de la técnica de la poesía helenística.
L. Marzo Raminella

