Nacido el 22 de enero de 1882 en Castilenti (Ascoli), m. el 21 de noviembre de 1942 en Pescara. Es una de las figuras más representativas entre los dramaturgos del primer tercio del siglo XX que, junto con la revolución pirandelliana, contribuyeron a la renovación del teatro italiano.
Forma aparte, con Rosso di San Secondo, Chiarelli, Cavacchioli y otros, de aquella corriente calificada con el nombre de «teatro grotesco». Estudió Letras en Florencia y colaboró en varios periódicos.
Desde 1931, y durante casi diez años, fue crítico dramático del Giornale d’Italia. Tenía una gran pasión por la ornitología. Sus primeras obras, La casa dei fanciulli (1909), Chiaro di luna (1910), Il convegno (1915), no anunciaban el espíritu original y poco común que mostró en El hombre que se encontró a sí mismo (1918, v.),
La fiaba dei tre maghi (1919), Bernardo l’eremita (1919), La montagna artificiale (1920), L’isola delle scimmie (1922), Il dramma, la commedia, la farsa (1926), La bottega dei sogni (1927), La rosa dei venti (1928), Il barone di Corbò‘ (1928), Il Maestro (1933). Escribió también dos volúmenes de cuentos: Il pipistrello e la bambola y Chioma d’oro.
G. Galassi Beria

